Ayer conté por Instagram una de las cosas más importantes que me han pasado en la vida.
De esas que todo el mundo te dice que sí, que de verdad te cambian la vida.
De las que no hay vuelta atrás y te acompañan para siempre.
Voy a ser madre. 🙈
Bueno, vamos a ser padres. Ubay y yo. Porque este es el proyecto más compartido que he hecho jamás.
Y quería contártelo también por aquí.
Porque escribir, desde hace 4 años, es la herramienta más sanadora que he encontrado nunca.
Últimamente escribo menos, la verdad.
Y puede que esto también sea parte de los cambios vitales. Tengo menos inspiración, menos tiempo, y prefiero hacer menos artículos pero sentirlos de verdad. Que no me pesen como una obligación.
El caso.
Pensaba cómo iba a contarte esta noticia por escrito. Y qué quería compartir.
Desde que llevo unas semanas contándoselo a la gente de mi alrededor, hay preguntas que se repiten. Muchas.
¿Y os quedaréis allí en el pueblo? ¿Solos? ¿Sin familia?
¿Harás lactancia?
¿Cómo vais a gestionar la empresa siendo autónomos?
¿Te vas a hacer no sé qué analítica dentro de no sé cuántos meses?
Y en todas y cada una de las preguntas mi respuesta ha sido la misma.
No lo sé.
Y me ha hecho pensar en algo.
La gente se pasa la vida planteándose cómo será un futuro incierto.
Y yo me he dado cuenta de que vivo tanto el presente, que ese futuro no me inquieta.
Ahora mismo me preocupo por estar bien, por que el bebé esté bien y por llegar al parto de la mejor manera posible. Dónde viviré cuando tenga 3 años, cómo gestionaré la empresa, en qué colegio irá… son incógnitas que si intento resolver hoy solo me generan ansiedad. Nada de tranquilidad.
A lo largo de los años me he dado cuenta de una cosa.
Nunca nada sucede como lo planeas.
La vida tiene otros planes para ti.
Nunca sabes qué va a pasar.
Y muchas cosas simplemente no dependen de ti.
Por eso ahora más que nunca vivo el presente.
Como decía Marco Aurelio en una frase que me gusta especialmente (y que la he repetido muchas veces):
“Que no te preocupe el futuro. Cuando llegues a él, lo enfrentarás con las mismas herramientas con las que enfrentas hoy el presente.”
Así que, si hoy tuviera que decirte algo, sería esto.
Planifica lo que realmente puedes planificar. Y vive el presente todo lo que puedas.
Puedes planificar un viaje. Pero no puedes asegurar que se hará. Disfruta de prepararlo. Y acepta si al final no puede ser.
Puedes proponerte hacer una carrera de montaña. Pero puedes hacerte un esguince la semana anterior. Disfruta de prepararla. Y no te frustres si al final no la corres.
Hoy puedo decir que quiero dar el pecho. Pero el día que llegue, mi cuerpo puede tener otros planes.
Puedo querer vivir en el pueblo. Pero cuando tenga 2 años, puede que quiera que esté cerca de sus abuelos.
Vivir el presente es acariciar el futuro suavemente. Sin dejar que te arrolle.
Así está siendo mi embarazo (y en general mi vida).
Escuchándome cada día.
Sin expectativas de qué ocurrirá mañana.
Aceptando que hay una nueva realidad constante.
Que no puedo llegar a todo.
Que no puedo hacer tanto deporte como antes.
Que mi cuerpo está cambiando.
Aceptación y presencia.
Y esto creo que es el mayor aprendizaje que el yoga me ha dado.
No la flexibilidad. No unas caderas sanas. No hacer la postura del cuervo.
Este.
Espero que me acompañes en esta nueva etapa de mi vida. Y en este nuevo estilo de vida que va a venir.
Gracias por leerme, en cada uno de mis escritos.
Paula

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