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El Club de las 7 am ☕ by Blue Bamboo · Jul 15, 2026

Ayer me tiré dos horas mirando el techo.

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Paula González · El Club de las 7 am ☕ by Blue Bamboo

Ayer me tumbé en el sofá después de comer.

Y en vez de coger el móvil, en vez de poner una serie, en vez de aprovechar para contestar mensajes, me quedé mirando el techo.

Así, sin mas.

Dos horas, o una, no sé cuanto tiempo pasó.

Ni siquiera lo tenía planeado.

Simplemente me tumbé y de repente se me pasaba el tiempo mirando una grieta pequeñita que hay en una esquina.

Y por primera vez en años, no me sentí culpable.

Y esto, aunque parezca una tontería, para mí ha sido casi una revolución.

Porque llevamos entrenadas toda la vida para llenar cada segundo.

Cuando cocinas, escuchas un podcast.

Cuando andas, contestas correos.

Cuando esperas en el médico, haces scroll.

Cuando conduces, hablas por teléfono.

Cuando estás en la cama, ves un capítulo.

No hay huecos.

Y cuando aparece uno, en vez de disfrutarlo, lo llenamos con lo primero que encontramos.

Como si el silencio nos diera miedo.

Y esto tiene un precio que casi nadie está midiendo.

Porque las mejores ideas de mi vida no me han llegado en una reunión, ni escuchando un podcast, ni haciendo scroll.

Me han llegado paseando sola. Fregando los platos con la ventana abierta. Duchándome. Mirando el mar.

Y ayer, mirando el techo.

Fernando Pessoa lo decía así:

“El descanso, cuando existe, cuando existe realmente, es una forma alta de vida.”

Y yo creo que el techo no era la clave.

La clave era no llenar el hueco.

Dejarlo respirar.

Dejar que la cabeza hiciera lo que la cabeza tiene que hacer cuando la sueltas: bajar el volumen, reordenar, entender cosas que llevaba días sin entender.

A los diez minutos ya no estaba mirando el techo. Estaba mirándome a mí.

A la Paula de este momento de la vida.

Y saqué en claro un par de cosas que me han cambiado la semana.

Elige un rato mañana. Aunque sean 20 minutos.

Sin móvil. Sin música. Sin podcast. Sin nada que rellene.

Ni siquiera te propongas meditar. No hace falta.

Solo tumbarte, o sentarte, o mirar por la ventana. Y dejar que el hueco esté ahí.

Al principio te va a resultar incómodo.

Van a aparecer las mil cosas que “tienes que hacer”.

Vas a querer coger el móvil.

Aguanta.

A los diez minutos, algo se abre. Y de ahí sale eso que llevabas semanas sin poder oír.

Ya me cuentas qué tal te ha dio.

Paula

PD: Si mañana pruebas, cuéntame qué apareció en tu hueco.

Read the original on bluebamboostudio.substack.com

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