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La Octava Poesía · Mar 4, 2026

La rabia en herencia

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Blanca Quiñónez · La Octava Poesía

Mírenla, mírenla. Ahí va con los colmillos de fuera y las garras listas para arrancar la carne de su presa.

Mírenla, mírenla. De su cuerpo de gata convulsiona su enojo. Se le tuercen los músculos. Se rompen sus extremidades.

Mírenla, mírenla. Un rostro que no es suyo. Una boca que escupe a quien le mira. Unos ojos que, muy en el fondo, le siguen rezando a un Dios porque, ¿a dónde va una cuando ya no sabe adonde ir?

Mírenla, mírenla. Ella ya no es ella. Es una cosa horrorosa que ya no sabe llamarse humana porque el enojo la ha conducido aquí. Un ser que vive a la defensiva porque reconoce la violencia como el olor de la sangre. Metálico. Inherente. Propio.

Cargo un enojo que, hoy reconozco, no nació de mí. En medio de una Latinoamérica adolorida, la violencia se reparte en la mesa como pan. Entre paredes que dictan, en silencio, que el aparato que habita entre tus piernas te condiciona, una aprende que la violencia ya vive en el cuerpo. Incluso antes de nacer.

Mi mamá vivió la violencia antes que yo; ella relegada a la cocina. Al oficio no remunerado. Invisibilizado incluso. Mi abuela experimentó una sociedad que juzga a las viudas que siguen y no se detienen. Que deciden seguir construyendo una vida. Mi bisabuela vivió esa violencia que marca la piel. Física. De moretes y gritos. La violencia que te orilla a huir, solamente con tus hijos en brazos, en medio de la noche. Así mi tatarabuela y, quizás, las mujeres antes de ella.

Mi rabia nació con ellas.

Cuando mi mamá me parió, entre sangre, orina y heces, venía junto a mí una sombra. Desde pequeña le observé de lejos. La rechacé. Intenté huir de su alcance, pero una no puede escapar de sí misma. Hasta que, en la adolescencia, la sombra me alcanzó. Pasó de perseguirme a integrarse en mi cuerpo; mis ojos ya no eran los míos. Detrás de ellos había rencor. Mi lengua estaba harta de morderse a sí misma. Así que comenzó a gritar todo lo que había guardado.

Me convertí en una persona enojada. Respondía un halago con un insulto. Prefería erizar mi piel para que el otro se lastimara antes que él me lastimara a mí. Encontraba enemigos en cada esquina. Veía provocaciones en cada detalle. Todo me enojaba.

La realidad es que aún lo hace.

Todo me enoja.

Todo me encabrona.

Todo me encachimba.

Y durante mucho tiempo pensé que eso me hacía peligrosa. Difícil. Excesiva. Pensé que algo estaba mal en mí, porque nadie me enseñó a reconocer la rabia como lenguaje.

Al contrario, me dijeron que debía suavizarme. Que así nadie me iba a querer. Que con esa cara, con ese tono, con esa forma de morder antes de preguntar, me iba a quedar sola.

Mi rabia me ha protegido tanto como ha lastimado. Me mantuvo rígida cuando el contacto prometía peligro. Me enseñó a tensar el cuerpo antes de que alguien creyera tener derecho a él. Pero también me endureció la ternura. Me hizo traicionar al cuidado. Me hizo confundir cercanía con amenaza.

A veces no sé dónde termina la herencia y dónde empiezo yo. Me aterra bajar la guardia. Me aterra que la violencia me encuentre. Como a ellas; mamá, abuela, bisabuela.

Ellas. Y yo.

Quizás ya me encontró y no lo escribo porque aceptarlo es mostrar al gato herido que convulsiona de enojo.

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Este mes, en el club de escritura, gritamos en nuestras letras. Porque gritar es decir: “estoy aquí, véanme y escuchen bien, estoy malditamente enojada”

A través de la escritura como desborde y como forma. Este mes trabajaremos el monólogocomo espacio para decir lo que nunca fue dicho: la rabia que se tragó el cuerpo, la palabra que fue censurada, la voz que fue llamada exagerada.

🔥 Las actividades del mes 🔥

🖋️ Taller 1 — La loca | Domingo 15 de marzo · 10:00 AM – 12:30 PM (CST)

Un taller para entrar en la figura de la loca: la exagerada, la intensa, la que “siente demasiado”. Trabajaremos el monólogo como forma literaria para escribir desde la desobediencia emocional, la voz interrumpida y el pensamiento que no se ordena para agradar. Aquí no buscamos coherencia: buscamos verdad.

🖋️ Taller 2 — La rabiosa | Domingo 29 de marzo · 10:00 AM – 12:30 PM (CST)

Un taller para escribir la rabia sin suavizarla. Exploraremos el monólogo como descarga, confrontación y límite. La rabia como lenguaje, como gesto político, como cuerpo que dice basta. No para calmarla. Para escuchar lo que viene a decir.

📓 Cuaderno rabioso | Del 8 al 31 de marzo

Durante todo el mes recibirás 8 consignas para escribir a tu ritmo, sin correcciones ni exigencias formales. El Cuaderno rabioso no es un reto ni un ejercicio de constancia: es un espacio íntimo para escribir cuando la rabia aparezca, cuando el cuerpo pida decir algo, cuando el silencio pese demasiado.

  • Para mujeres que se sienten demasiado.

  • Para las que cargan una rabia antigua y no saben dónde ponerla.

  • Para las que han sido llamadas locas, intensas, conflictivas o difíciles.

  • Para las que quieren escribir desde el temblor, desde el fuego, desde lo que quema.

Este espacio no es para aprender a calmarte. Es para escucharte cuando estás enojada y escribir desde ahí. Incluso aunque nunca te hayas permitido hacerlo.

Si decides gritar junto a nosotras prometemos no soltarte la mano.

Súmate al club🔥

Con amor, Blanca.

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Read the original on blancaaquinonez.substack.com

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