Es probable que más de una vez, conduciendo en bicicleta hayas terminado en un camino sin salida. Se acabó la “ciclovía” en una calle de alto flujo motorizado y a contramano. Este es uno de los problemas que existen cuando se construye infraestructura para bicicletas sin resolver las conexiones con la red vial en su totalidad. Buscar habilitar el uso de la bicicleta únicamente con ciclovías tiende a resultar en fragmentos inconexos de vía donde quienes pedalean quedan confinados en segmentos aislados de la red vial.
Construir ciclovías es necesario, pero por si solas no logran abordar la complejidad de la movilidad en bicicleta, su integración e interdependencia con los sistemas urbanos ni la multiplicidad de actores que participan en ellos.
Ciclo-inclusión es un concepto que aborda el uso de la bicicleta como un sistema integrado e interdependiente de los sistemas urbanos, donde entra la planificación de los múltiples territorios y de los sistemas de transporte, por lo tanto, una visión ciclo inclusiva facilitará que la bicicleta se convierta en opción competitiva con foco en los viajes dentro de los 2 a 7 km o con tiempos de viaje de 10 a 30 minutos.
Enfocar la planificación urbana y del transporte integrando el concepto de ciclo-inclusión permite ver y mezclar diferentes maneras para hacer el uso de la bicicleta más atractivo. Por otro lado, el enfoque ciclo-inclusivo permite ver el uso de la bicicleta como sistema y cómo se integra, relaciona, afecta y depende de los otros sistemas, identificando y potenciando los beneficios que su uso genera, por ejemplo, en los sistemas de salud, el medio ambiente, el sistema de educación, los sistemas de cuidados o de logística. Conocer su relación con otros sistemas nos ayuda también a pensar en los viajes de personas de todas las edades y condiciones: hombres, mujeres, personas mayores, niños y niñas; viajes en pareja, en grupo o en familia; compartiendo la bici o conduciendo cada uno la suya; con las compras de víveres para el hogar, materiales de trabajo o con las mascotas; viajes sólo en bicicleta o viajes encadenados donde la bicicleta nos ayuda en uno de los tramos. Dejamos de pensar solamente que la bicicleta sirve solamente a personas en excelente estado físico.
La bicicleta y sus múltiples infraestructuras conforman un sistema que es parte de uno mayor donde muchas personas pueden acceder directa o indirectamente a sus beneficios; en lugar de tratarla como un elemento especial y aislado de uso exclusivo de una subcultura, se transforma en una opción más que aportará agilidad al sistema de transporte como un todo, generando beneficios tanto a usuarios y no usuarios.
Algunos de estos co-beneficios son:
Aporta a los sistemas de salud desde la prevención, al fomentar la actividad física moderada, reduciendo el sedentarismo y mitigando los impactos en salud de enfermedades crónicas no transmisibles como sobrepeso, obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares.
Aporta al sistemas de educación con el potencial de eliminar barreras de accesibilidad a las escuelas facilitando que los estudiantes participar de las actividades curriculares y extra curriculares.
Aporta a la mitigación y adaptación climática. El uso de la bicicleta es una herramienta que permite avanzar en el logro de los objetivos medioambientales y reducción de emisiones Gases de Efecto invernadero (GEI).
Ayuda a tener resiliencia en la movilidad. Tiene el potencial de descongestionar el transporte público y las vías en viajes de hasta 7 km de distancia. El transporte privado tiene el potencial de lograr mayor fluidez cuando el uso de la bicicleta logra reducir el número de viajes en automóvil. Tener diferentes opciones de transporte permite organizar mejor los viajes según las necesidades del contexto.
Permite gastar menos en moverse. La economía doméstica se ve beneficiada de un menor gasto en transporte al usar la bicicleta. Los viajes tienden a tener un costo cero y es probable que viajemos con mayor frecuencia en distancias cortas dentro del barrio para abastecernos en el comercio local —si la planificación urbana y uso de suelos lo habilita—, siendo más específicos en los productos que escogemos, reduciendo compras innecesarias, como pasa al ir a supermercados.
Buscando explicar este tema de forma clara y sistémica, junto a Carlosfelipe Pardo y Despacio en 2014, identificamos y propusimos 4 ámbitos que pensamos se debe trabajar de manera coordinada e integrada para que las políticas para integrar la bicicleta a los sistemas de movilidad tengan el efecto esperado.
Normativo: Incluye los cuerpos legales, planes y reglamentos para el uso de la bicicleta como medio de transporte. Incluye normativas de urbanismo, construcción, planes reguladores y ordenanzas, legislación de tránsito, normativas laborales.
Social: Incorpora los procesos de participación ciudadana relativo al uso de la bicicleta y la obtención de sus co-beneficios generados. Son importantes los aspectos de comportamiento e interacción humana en el espacio público, procesos de participación ciudadana, cultura, comunicación, promoción, capacitación y educación.
Físico: Contempla las características físicas, diseño y provisión de una red vial ciclo-incluyente, que entregue seguridad y comodidad haciendo conveniente el uso de la bicicleta y con un lenguaje que formalice la presencia de la bicicleta en las vías, eliminando la incertidumbre y la improvisación —elementos que son mezclados son receta al desencuentro. Incorpora además señalización y facilidades como bici estacionamientos públicos.
Operacional: Incorpora todas las decisiones y lógicas que hacen de la bicicleta un componente integrado al sistema de transporte urbano junto el monitoreo del sistema permitiendo la obtención de antecedentes cualitativos y cuantitativos para la identificación de los impactos positivos y posibilidades de mejora. Incluye la interacción e integración con el transporte público, programación de semáforos, sistema de bicicletas públicas, implementación de sistemas automáticos de conteo.
Esta propuesta ha tenido varias iteraciones y ha hecho parte de diversas publicaciones en América Latina:
Manual de Vialidad Ciclo-Inclusiva, Chile, 2015
Guía de ciclo-infraestructura para ciudades colombianas, 2016
Manual de Criterios de Diseño de Infraestructura Ciclo-inclusiva y Guía de Circulación del Ciclista, Municipalidad de Lima, 2017
Ciclo-inclusión en América Latina y el Caribe: Guía para impulsar el uso de la bicicleta, BID, 2015
La nueva guía de diseño para la movilidad activa de Chile 2025
Con esta propuesta nos ha funcionado explicar que fomentar el uso de la bicicleta sólo desde la infraestructura y en particular de las ciclovías, los impactos tienden a ser bajos e incluso pueden llegar a generar nuevos problemas, como incoherencias entre lo construido y lo legal, lo operacional y las expectativas de las personas. Proponemos que se requiere y es posible trabajar por la ciclo-inclusión desde diferentes lugares con la participación de múltiples actores, con el objetivo común de re-incorporar a la bicicleta en la vida cotidiana de la ciudad, de manera que resulte atractiva, que habilite la capacidad de pedalear a más personas y ayude a la agilidad y capacidad de adaptación de la movilidad de las personas.
Si bien esta propuesta tiene más de 10 años, puede ser mejorada. Deja en los comentarios tus ideas, reflexiones o propuestas. Estas podrían ayudar a ajustar su base conceptual, su estructura y componentes o su representación visual.

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