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Bernardo Uncommon · Jul 22, 2026

Ser, hacer, decir.

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Bernardo Uncommon · Bernardo Uncommon

En los últimos 3 años, y con nitro en la paternidad, me estoy dando cuenta de todo de lo que estaba huyendo. Le puse siempre otros nombres: ambición, disciplina, compromiso. Construir un negocio de consultoría, dar clases, asesorar empresas, escribir, viajar, resolver. Mi agenda era mi biografía y mientras más llena estaba, más seguro me sentía de que valía algo.

No es que alguien me lo haya dicho así, pero aprendí que: el valor se demuestra. Se produce, se muestra, se factura. Ser, a secas, no estaba en la jugada, ser no aparece en un reporte de resultados ni en la cuenta de banco.

El problema de esa creencia no es que te haga trabajar mucho (que además sí lo hace), es que te va alejando de ti sin que te des cuenta. Cada logro confirma que si hago, luego valgo. Y cuando el hacer se convierte en la única fuente de valor, dejar de hacer se siente como dejar de existir, confundimos el agotamiento con compromiso y el aislamiento con dedicación. Yo lo he confundido por muchos años.

Después llegó la conciencia. O eso creí.

Porque hay una trampa que me tomó tiempo verla: empecé a hablar de conciencia, post por acá, share por allá. Leía, subrayaba, citaba. Hablaba de presencia, de propósito, de habitar la vida desde otro lugar, y obvio suena chido. Suena tan bien que no me di cuenta de que había convertido la conciencia en otra cosa que hacer. Otro entregable, un discurso superficial sobre el ser, con la misma lógica de producción que me había alejado del ser desde siempre.

Decía una cosa y operaba otra. No por hipocresía: por inercia. Me justificaba desde el argumento de que “no se puede ser 100% congruente”. Hay una distancia enorme entre entender algo y vivirlo, encuerparlo (embody), y en ese gap vivimos muchos de los que dirigimos algo.

Lo veo todos los días en mi trabajo, hay una exigencia grande y creciente de que los líderes seamos conscientes. Suena bien y es necesaria, pero también ha producido una generación de liderazgo consciente de dientes para afuera: comités de bienestar en empresas que celebran al que contesta a medianoche, discursos de vulnerabilidad de directores que no toleran una mala noticia, valores enmarcados en la pared de salas donde nadie se atreve a decir lo que piensa. La conciencia se volvió contenido, y cuando el contenido no hace match con el comportamiento, solo es otra forma de no cambiar y posicionarse.

No lo digo desde el juicio, lo digo porque me reconozco. Yo también fui (soy a veces todavía) esa persona que tiene mejor el discurso que la práctica.

Lo que estoy aprendiendo, y digo aprendiendo en presente porque no creo que acabe nunca, es que ser y hacer no son enemigos ni etapas, conviven. El error nunca ha sido hacer mucho: es hacer para compensar un valor que crees que no tienes de origen. Cuando entiendes que vales por ser, el hacer cambia de naturaleza. Deja de ser una prueba y se convierte en una expresión de tu ser, en tu stand político. Haces desde la abundancia, no desde la deuda.

Pero ese entendimiento no una iluminación sostenida, es una práctica, todos los días. Es un trabajo constante, incómodo, sin reconocimiento, que consiste en preguntarte antes de cada decisión desde dónde la estás tomando: ¿desde el miedo a no ser suficiente o desde la claridad de que ya lo eres? La mayoría de los días no tengo la respuesta. Algunos días opero desde el lugar viejo y me doy cuenta hasta la noche. La diferencia es que ahora me doy cuenta, a veces desde la culpa y otras desde la aceptación.

Otra cosa que descubrí en este proceso, chance lo más liberador: cuando el ser y el hacer empiezan a alinearse, el decir es opcional. No necesitas anunciar tu conciencia, no necesitas el post sobre tu vulnerabilidad ni el discurso sobre tu propósito (y aún así aquí ando 🤣). La congruencia sola se siente y se nota en cómo tratas a las personas cuando nadie te está viendo, en qué haces con tu poder cuando nadie te lo pide, en dónde pones tu tiempo cuando nadie lo mide. La estrategia real se lee en la asignación de recursos, no en las declaraciones, la vida también.

El decir puede desaparecer si si soy, si eres, si somos, y hacemos de manera consistente.

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Read the original on bernardouncommon.substack.com

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