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Experimentando · Nov 20, 2025

Cómo leer reseñas

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Beatriz Lizana · Experimentando

⚠️ Por si ya sabes de la existencia de mi libro Eso no estaba en mi libro de Japón, vete directamente a la sección de las reseñas, abajo del todo, que es donde está la chicha de hoy. ⚠️

Hace 7 años gané un premio por un relato de viajes y, con el dinero que obtuve, me pillé un billete a Japón. Metí la directa hasta Tokio, de donde apenas me moví en el mes que estuve por allí.

Me fui sola.

Aunque allí me relacioné con gente, todo eran dudas que no me sabían resolver. ¿Por qué beben hasta desfallecer? ¿Por qué algunas palabras se parecen al español? ¿Por qué son tan amables? ¿Por qué no hay basura en la calle, si tampoco hay papeleras? ¿Por qué son tan flacos? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Al volver, seguía con demasiadas preguntas y muchas ganas de leer para aclararlas.

—¿Y si escribes un libro con las indagaciones? —me dijo Sergio Parra al escuchar mis peripecias y mientras sorbía de su café.

Gracias a sus consejos me envalentoné. Tras una pandemia y el nacimiento de una hija, el libro acabó viendo la luz.

Este libro

Nació exactamente un mes antes que ella, así que en su momento no le hice la suficiente promoción. Sirva este texto para agradecer públicamente a Sergio por su confianza. Sin tu empuje no me lo hubiera planteado :)

Decía que hace ya cuatro años publiqué un libro sobre Japón.

Te recomiendo que lo leas, si eres experto en el país, para mirarlo desde otra perspectiva.

También por ahorrarte el tiempo de buscar todo aquello que cuento en sus 240 páginas.

También me comentan por el pinganillo que si vas a ir a Japón, te lo leas a la vuelta del viaje.

Cuesta mucho tiempo conocer un país y su idiosincrasia, a veces, una vida entera. Yo apenas estuve en Japón un mes así que me disculpo por adelantado ante aquellos que lo estudian y lo visitan con tanta frecuencia que se lo conocen mejor que su propia casa.

Hasta allí me fui con el objetivo de aprender a vivir en una ciudad como Tokio sin llamar demasiado la atención. Fue difícil. De aquellos treinta días, los dos primeros creía que no estaba en Japón sino en el escenario de una enorme película muy difícil de comprender. Los dos últimos entendí que estuve viviendo, literalmente, en el futuro. ¿Y si escribía un libro?

El periodista extranjero, cuando lleva apenas un mes en ese país siente la necesidad de escribir, motivado por la fascinación, algún artículo; cuando lleva tres meses, un libro y cuando lleva un año no se atreve a escribir casi nada. (Luis Landero)

Me salté las reglas para seguir experimentando, que es lo mío. Escribir fue una manera de volver al presente pero, ante todo, este libro tiene una razón de ser:

Satisfacer la curiosidad de quien encuentra placer en observar las situaciones cotidianas y además le gusta reflexionar sobre el porqué de las cosas.

  1. El punto de partida es mi propio punto de vista, como mujer blanca y española que viaja sola. Por eso, las anécdotas que se suceden a lo largo de los capítulos son subjetivas –soy yo la que observo, veo e interpreto–.

  2. Durante el viaje me relacioné con varias personas que me ayudaron a saciar mi curiosidad. No hubo entrevistas formales porque nada de esto estaba planificado mientras ocurría. Documenté todo lo que pude y eso me ha servido para armar parte de esta historia.

  3. Tras finalizar el viaje ha habido un proceso de investigación en el que he tratado de contrastar todas las respuestas que encontré en aquella gente, además de otras que surgieron ya a la vuelta en España.

👉 Esto no es un libro de viajes en su significado más ortodoxo ni yo soy experta en la cultura nipona.

El propósito ha sido recopilar todas esas dudas y prejuicios con los que me he ido encontrado para darles una respuesta lógica y rigurosa.

El libro en sí mismo es un viaje a los pensamientos que van surgiendo al caminar por las calles de este país. Si vas a viajar a Japón, estas historias te servirán para entender determinadas situaciones y tener un acercamiento a esta cultura lo menos traumático posible –porque puede llegar a serlo–. Y si aún la idea del viaje se te resiste, ojalá te plantees en algún momento el ir a verificar por ti mismo lo que aquí se cuenta. Porque, al fin y al cabo, nada de esto pretende ser una verdad absoluta.

VER LIBRO

Hoy no analizaré lo que yo he escrito en este email, sino lo que otros que ya se han leído el libro han escrito sobre este (en Amazon, Goodreads y algunos más).

Lo primero es entender que no todas las reseñas son iguales. Hace falta un filtro para distinguir la señal (la información útil) del ruido (la frustración o el desahogo).

Voy por puntos:

  • ¿Por qué (me) afecta más leer una crítica negativa que una positiva? Por el sesgo de negatividad. Tanto en estas críticas como en la vida real, opera la ley del “lo malo es más fuerte que lo bueno” (Roy F. Baumeister). Nuestro cerebro tiene velcro para lo negativo y teflón para lo positivo porque estamos programados para la supervivencia. Es mucho más importante detectar un peligro potencial (la crítica, el rechazo social) que disfrutar de una recompensa (el halago).

  • La gran paradoja del creador y la autoridad del novato: bastantes de los comentarios hacen referencia a mi poca experiencia en el país o a lo poco que profundizo en los temas que expongo. La ironía es que este precisamente es el axioma del libro. En las primeras páginas dejo claro que el texto es la indagación de una persona profana que sólo estuvo un mes. Es el resultado de alguien que no es experto, un vehículo para la curiosidad. Ese tipo de críticas no se dirigen tanto a la calidad de la documentación o del texto, sino a un factor que el libro admite y utiliza como punto de partida. Es una crítica que, aunque negativa, confirma que la obra es exactamente lo que prometió ser en su premisa fundamental: una visión subjetiva y rigurosa de una no-experta.
    Pero el debate no es sobre Japón, es una discusión sobre quién tiene derecho a crear contenido. Esa crítica externa intenta encasillar mi obra en la identidad de la experta. Mi obra, sin embargo, nace de la identidad del experimentadora.
    Si este libro molesta porque yo no soy una experta en Japón, es porque la crítica no acepta que la curiosidad rigurosa puede ser una credencial tan valiosa como el estatus académico. Al final, las críticas que rechazan mi “no-experiencia” no hacen más que reafirmar el hilo conductor de mi trabajo: validar el proceso de cuestionamiento por encima de la credencial preestablecida.

  • Hace poco escuchaba decir a Álvaro Sánchez (un referente en el marketing y los negocios online), que en las críticas y opiniones de los demás no hay que buscar la aprobación de la masa sino el criterio. Lo expongo con este ejemplo:

Ambos puntúan con tres estrellas, pero lo importante aquí es que la crítica de Quique es una crítica argumentada. Explica su proceso mental y dónde encaja el libro. La segunda es ruido emocional. El libro no cumplió la expectativa personal de esta chica, sin especificar qué le faltó o qué le sobró. ¿Tendría un mal día Dolores?

Es la reseña de Quique el criterio que necesito. Es la prueba de que el libro llegó a su público (”el profano”) y que se entendió su premisa.

Los autores (y creadores de contenido, o cualquier persona que tenga exposición pública) debemos entender que nuestro deber no es evitar las críticas. Nuestro trabajo es hacer un producto tan claro que hasta las reseñas negativas acaben validando nuestra misión principal.

Gracias por leer.

P.D. El libro

Si sólo pueden hablar los expertos, estamos perdidos

Read the original on beatrizlizana.substack.com

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