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Experimentando · Nov 6, 2025

Educar en la era ChatGPT

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Beatriz Lizana · Experimentando

Volvía de llevar a mi hija al colegio con cierto malestar, con esa ansiedad que resuena en las reuniones de padres, en los parques, en los claustros de profesores:

  • ¿Cómo diseñar tareas que ChatGPT no resuelva con un simple “corta y pega”?

  • ¿Qué significa enseñar cuando el acceso a la información es infinito?

  • Si delegamos el aprendizaje académico a una máquina, ¿estamos criando niños menos inteligentes?1

Señora, es que el debate ya no es si la IA llegará a las aulas, es que ya está dentro y lo que debemos gestionar es su intrusión.

Mientras muchos centros discuten cómo limitar (o prohibir) estas herramientas, un instituto en Estados Unidos ha hecho lo contrario. Ha decidido abrazar la IA como palanca para liberar algo que no es automatizable: la humanidad de sus alumnos.

En esta red de colegios privados se ha invertido el modelo tradicional. Dos horas diarias de aprendizaje académico hiperpersonalizado con IA y cinco horas de socialización, debate y proyectos en el patio… y sus resultados académicos están entre los mejores del país. ¿Es este el futuro de la educación? Analicemos su modelo.

La jornada arranca en silencio. Durante dos horas, cada estudiante trabaja en una estación individual con su portátil. No hay clase magistral. Hay software adaptativo que calibra el nivel en tiempo real: si dominas la multiplicación, te lanza divisiones complejas; si flojeas en comprensión lectora, te receta ejercicios específicos. Sin juicios, sin comparaciones, sólo flujo.

Y entonces, suenan las alarmas y los portátiles se cierran. El silencio se transforma en un caos organizado y productivo. El resto de la jornada (cinco horas) se dedica a talleres prácticos que parecen sacados de un currículum para la vida adulta: oratoria, gestión financiera, liderazgo, proyectos de emprendimiento en grupo… Los profesores, aquí llamados “Guías”, dejan de ser transmisores de contenido para actuar como catalizadores: moderan, median, orientan.

Más allá de las notas: autonomía, motivación y pensamiento crítico

Alpha School afirma que sus clases se sitúan de forma consistente en el 1-2% superior del país en pruebas estandarizadas. Más impactante aún es el caso de su sede en Brownsville (Texas), donde estudiantes que llegaban con un rendimiento muy bajo lograron, en sólo dos años, alcanzar el percentil 90 a nivel nacional.

Más allá de las cifras, el mecanismo de fondo encaja con lo que ya sabemos sobre motivación y aprendizaje:

  • Autonomía y competencia: Al permitir que cada niño avance a su ritmo, se elimina la principal fuente de ansiedad escolar, la comparación social. El reto es personal y el logro, también. Motor clásico de la motivación intrínseca.

  • Feedback inmediato: A diferencia del sistema tradicional donde un examen se corrige días después, la IA ofrece una retroalimentación instantánea. El cerebro aprende mejor cuando el refuerzo llega ahora, no la semana que viene.

  • Relevancia percibida: Los talleres de Alpha entrenan habilidades con uso visible: argumentar, gestionar dinero, construir un robot, liderar un equipo. Menos teoría suspendida en el aire y más acción.

Como en toda disrupción, el modelo de Alpha no está exento de críticas y preguntas incómodas. Antes de proclamarlo como la solución definitiva es importante aplicar una lente crítica.

  • Equidad: Alpha es una red de colegios privados con un coste elevado. ¿Es replicable un modelo que requiere una inversión tecnológica alta y una ratio baja de alumnos por guía/profesor en la escuela pública? ¿O estamos ante una solución de élite que podría ampliar aún más la brecha educativa?

  • Vínculo humano: ¿qué se pierde cuando un niño que no entiende una ecuación no puede levantar la mano y recibir la explicación empática y creativa de un profesor que conoce su forma de pensar? La IA puede personalizar el contenido, pero carece de la inteligencia emocional para detectar la frustración, la inseguridad o la chispa de la curiosidad en la mirada de un alumno.

  • Universalidad: ¿es un modelo para todos? Este sistema parece ideal para estudiantes disciplinados y autónomos. Pero, ¿funciona igual de bien para niños con necesidades educativas especiales, con déficit de atención o que, simplemente, necesitan una estructura y un acompañamiento humano más intensivo precisamente en las materias troncales?

  • Efectos a largo plazo: Estos jóvenes serán centauros colaboradores humano-IA nativos. ¿Qué pasa cuando estos niños lleguen al mercado laboral?¿Cómo interactuarán con compañeros que vienen de un sistema tradicional? ¿Los verán como lentos o ineficientes? Además, el modelo Alpha parece diseñado para eliminar la fricción, pero ¿no es el aburrimiento un motor de la creatividad? ¿Y no es ese profesor que te exige algo que no entiendes el que te va moldeando la resiliencia? ¿Crearíamos alumnos hiper-eficientes pero más frágiles?

  • Formación de los docentes. Pensando en la escalabilidad pública de este modelo, ¿cuál sería el nuevo perfil profesional del “guía”? ¿Es un pedagogo, un psicólogo, un project manager, un coach motivacional, un vigilante de patio? ¿Cómo se transformarían a todos los docentes actuales? Menudo desafío para los Recursos Humanos estatales. (¿Existen los rrhh funcionarios que hagan este tipo de trabajo, o son como los gremlins?) ¿Cómo se formarían a los futuros educadores/guía, estarían las facultades de educación preparadas para esto?

¿Copiar el modelo, o mejor robar sus principios?

Quizás la mayor provocación de Alpha School no es su dependencia de la IA, sino la pregunta que obliga a hacerse a todo el sistema educativo: ¿cuál es el uso más valioso del tiempo de un profesor?

Sería ingenuo pensar que podemos replicar su modelo exacto en todos los colegios mañana mismo. Sin embargo, sí podemos extraer sus principios fundamentales. La gran lección no es sustituir profesores por máquinas, sino liberar a los educadores de las tareas más repetitivas y mecánicas (la instrucción estandarizada, la corrección masiva) para que puedan dedicarse a lo que ninguna IA podrá hacer jamás: inspirar, mentorizar, fomentar la curiosidad, enseñar a pensar críticamente y, sobre todo, a colaborar.

El caso de Alpha School nos muestra un posible futuro. Uno en el que la inteligencia artificial no nos hace más tontos por defecto, sino que nos obliga, por fin, a redefinir y valorar lo que verdaderamente nos hace inteligentes como humanos. Y nos da tiempo para pensar con otros y entrenar lo colectivo.

Un experimento artículo hecho paso a paso, literalmente

Entiéndeme, escribí un primer borrador, porque nada se vomita y se le da a publicar tras la primera arcada.

El proceso de reescribir (y de buscar datos y contrastarlos) es quizá el más importante, y es ese al que le he dedico más tiempo en este artículo. Fue una mañana, tras dejar a mi hija en el colegio, cuando me acordé de un vídeo de Crianza Digital en el que se hablaba de ChatGPT como el nuevo “copiar y pegar”.

Me pareció buena idea juntarlo con el caso que ya conocía de Alpha School y escribir sobre ello, pero no tenía tiempo (o no era mi prioridad) hacerlo. Así, se me ocurrió activar el micro de mi móvil y dictarle este artículo a la IA. Ver a alguien con auriculares y hablando en solitario ya ha dejado de ser una excentricidad, así que alargué la vuelta a casa unas cuantas calles para armar el borrador.

En definitiva, todo esto que has leído no lo he escrito sola, aunque tampoco lo ha escrito exclusivamente la máquina. Ha habido mucha corrección por mi parte así que considero que lo hemos escrito juntas.

Entonces, ¿de quién es el mérito?

¿Cómo valoramos hoy, y cómo valoraremos mañana, lo que se co-crea aunque uno de los interlocutores no tenga cuerpo?2

Ahora es cuando dejo de hablar del contenido del texto para hacerlo sobre la forma.

Hay sesgos aquí, claro.

  • Desigualdad de acceso. Esta IA que me ayuda no es gratis. La versión sin coste existe, pero con límites (de tiempo, voz y funciones). Ese músculo extra también depende de la cartera.

  • Optimismo funcional. Uso la tecnología para no quedarme atrás porque aunque sé que esto consume energía, datos y probablemente me robe mi alma digital, quiero (necesito) seguir siendo empleable. Seguir aprendiendo para no quedarme fuera.

  • Falsa neutralidad. Estos datos alimentan el sistema. Pero, siendo honesta, si no se los doy a OpenAI se los doy a Google, Microsoft… ¿acaso la simple diferencia es de logo?

Gracias por leer.

P.D. Si en este texto hablo trato el tema educativo, en mi ebook Sobrevivir al absurdo laboral hablo sobre el trabajo. Es una exploración sobre el futuro del empleo en la era de la IA y puedes descargarlo gratis. Aquí:

Descargar ebook

1

El efecto Flynn, ese que decía que cada generación era más inteligente que la anterior, se está invirtiendo. Con bastante probabilidad, esto no significa que seamos menos inteligentes, sino que las habilidades que medimos están cambiando. Los tests clásicos evalúan razonamiento abstracto, no creatividad, pensamiento social ni inteligencia colaborativa. Quizá lo que ocurre no es una pérdida de inteligencia, sino una mutación. La mente que hoy se forma entre pantallas y algoritmos no se parece a la de hace cincuenta años, y tal vez ya no encaja en los moldes de medición de entonces.

2

Mira esta nota acerca de la poeta que consiguió un contrato de 3 millones de dólares, gracias a que musicalizó su poesía con Suno y se construyó un avatar musical.

Read the original on beatrizlizana.substack.com

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