Bienvenide a esta serie donde me despido de la revista autista que he estado editando durante 5 años y analizo por qué decidí cerrar este proyecto. Un aspecto fundamental han sido las ventas (o ausencia de ellas), así que aquí detallo mis errores vendiendo para que no caigas en los mismos y cómo todo está relacionado con la neurodivergencia.
Empecé el proyecto de la revista autista de una forma bastante inocente y entusiasta (como expuse en el error nº1) y pensaba que con hacer un producto de divulgación sobre autismo de altísima calidad bastaría para que a la gente le interesara tanto como a mí.
Aaaaamiga, parece que no hemos aprendido nada: el infodumping no es suficiente, también tienes que tener dotes comunicativas para hacer atractiva e interesante tu chapa particular. Y, por eso, saber vender* una idea (junto con ejecutarla) es casi tan importante como la propia idea.
*vender en este caso puede ser: informar, exponer, suscitar interés, mantener la atención, aportar contexto, transmitir valor o, incluso, generar una reacción emocional o motivar a una acción. Todas ellas son habilidades para comunicar 🙃
En la newsletter anterior decía que me considero una artesana; hago cosas, no las anuncio ni las planifico minuciosamente. Si algo me entusiasma, voy a por ello. Me gusta construir proyectos, escribir, investigar, editar y divulgar.
Lo que me cuesta es aportarles el envoltorio atractivo final y repetir una y otra vez que existen. Me aburre profundamente y mentalmente ya estoy en otras cosas. Eso, o estoy agotada y al borde del colapso por haber ejecutado mi idea (no tengo ideas fáciles).
Sin embargo, sin venta, no hay sostenibilidad. El marketing es el puente que une ese espacio privado de creación con el público. Por eso, la lógica en un capitalismo de consumo es sencilla, ya que si nadie sabe que haces algo, es como si no lo hicieras. Por triste que parezca, es la posibilidad de consumo lo que le da visibilidad y reconocimiento a un proyecto, lo cual acaba traduciéndose en prestigio. En este punto surge la famosa paradoja filosófica del árbol caído: si un árbol cae en un bosque y no hay nadie para oírlo, ¿hace ruido?
Si la revista autista no tiene suficiente alcance o solo es consumida por la propia comunidad autista, ¿realmente ha alcanzado su objetivo?
Tampoco voy a tirarme piedras sobre mi propio tejado. En este punto, podríamos decir que la revista sí ha cumplido dos funciones:
ha ayudado a muchas personas a identificarse, expresarse y encontrar una comunidad neurodivergente, especialmente tras su diagnóstico tardío.
ha ayudado a re-humanizar el autismo y a que profesionales y cuidadores nos entiendan mejor.
Ahora bien, me apena que no haya llegado a un público más generalista, especialmente a profesionales que necesiten actualizarse. Aunque en ese empeño, todavía no me he rendido. Siento que, con mi formación académica como doctora e investigadora y mis años de experiencia, puedo aportar un servicio de formación y actualización en autismo para profesionales sanitarios.
Durante mucho tiempo he pensado que se podía crear algo valioso y esperar que, de alguna manera, encontrara su público. Es una idea bonita, pero probablemente demasiado ingenua. La realidad es que los proyectos necesitan recursos, y los recursos suelen venir de personas dispuestas a pagar por aquello que consideran importante.
La revista autista no encaja fácilmente en las categorías habituales. No es una empresa editorial, pero tampoco una asociación. No es un proyecto académico, aunque tenga una vocación divulgativa y recopile datos. No es un producto de consumo convencional, aunque necesite ingresos para mantenerse.
Ni siquiera el espejismo de las ayudas públicas puede suplir la ausencia de ingresos. Además, aunque existan convocatorias públicas de subvenciones, acceder a ellas no siempre resulta sencillo. La burocracia, los plazos o incluso saber dónde buscar constituyen una barrera insalvable para mí.
La revista autista nació de mi propia necesidad de entender el autismo y comprenderme tras mi burnout y consecuente diagnóstico tardío. Nació de mi necesidad de crear red y sentirme menos sola, menos aislada. Me encontré con muchísimas otras personas deseosas de tener ese espacio en el que reconocernos y hablar desde nuestra propia experiencia. Pero para que esa conversación llegue más lejos, alcance a otras personas fuera de nuestro nidito y pueda mantenerse en el tiempo, necesito aprender también a comunicarla.
Un árbol puede caer en un bosque vacío y seguir siendo un árbol. Pero si queremos que alguien sepa que existe, que lo cuiden o que planten otros a partir de él, alguien tiene que difundir la noticia de que ha caído.
No es demasiado tarde, hagamos ruido juntes:
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