Bienvenide a esta serie donde me despido de la revista autista que he estado editando durante 5 años y analizo por qué decidí cerrar este proyecto. En las anteriores ediciones me he quejado de mi falta de planificación y mi miedo a exponerme, pese a tener una cuenta en redes sociales. No contenta con ello, aquí va otro de mis debates: ¿es posible ser perfeccionista siendo disca? Es más, ¿acaso ser disca me ha hecho buscar el perfeccionismo?
1º disca, luego perfeccionista
No es casualidad que sea una persona perfeccionista al extremo; soy perfeccionista precisamente por ser disca. Hay muchas carencias por compensar y pequeños desastres que disimular para parecer una persona normal.
Julio es el mes del Orgullo Disca y empezamos fuerte hablando de capacitismo interiorizado.
No enmascaro, solo soy capacitista conmigo misma
Hay veces que las circunstancias te obligan a enmascarar para que la gente no te discrimine por “rarita”, pero cuando también camuflo estando sola en casa, ahí ¿de quién estoy escondiéndome realmente? ¿Qué rasgos oculto cuando nadie me ve?
Empecemos por el primero: la productividad. Valorarme únicamente por lo que puedo llegar a hacer (o ser) me ha traído demasiados problemas. Me atormenta que después del burnout mi flujo de energía productiva sea entre nulo e inexistente, pero sobre todo, que sea inconsistente. Cada día es una aventura.
Bueno, he dicho después del burnout, como ese momento canónico en la vida de una persona neurodivergente que se rompe y nada vuelve a ser lo que era. Pero, realmente, echando la vista atrás, creo que no he llegado a conocer la estabilidad ni la consistencia. Por ejemplo, de pequeña solía tardar 3 horas en hacer los deberes que mis compis hacían en 30 min, pero tardaba 3 min en hacer exámenes de 30’. Make it make sense.
En cualquier caso, he desperdiciado demasiados fines de semana en compensar ser una tardona y necesitar más tiempo que el resto para hacer las cosas. Es decir, he invertido parte de mi tiempo libre y de descanso en alcanzar el nivel de productividad que me exigía mi entorno (o yo misma). Y esto lo podemos incluir como tasa o impuesto disca.
El perfeccionismo te impide aprender al no permitirte cometer errores
Esto es una opinión impopular, pero he descubierto que no me gusta aprender; me gusta haber aprendido. Me gusta saber, pero no el proceso que supone llegar hasta ahí. Y aquí no estamos hablando de aprender lo fácil y lo que se te da bien o lo instantáneo, sino lo difícil. En mi caso, todo lo que tenga que ver con la vida mundana y práctica, lo cotidiano, enviar un email, la burocracia, los pasos y trámites, aprender de tus errores, facturas, la ITV o los protocolos de cortesía social…
No hay forma humana de que yo consiga aprender a hacer ese tipo de cosas y, aun así, la vida adulta moderna está llena de esos pequeños rituales de humillación que te amargan la existencia. Retomando el perfeccionismo: ¿Cuál es la forma más eficaz de aprender a pasar la ITV? No teniendo coche, y problema “solucionado”. Dicho de otro modo: evitar futuras fuentes de conflicto.
Lo peor del perfeccionismo es que tiene otra vertiente todavía más nociva: la fantasía de control y no poder delegar. Entonces, claro, todas esas pequeñas vicisitudes requieren ahora mi plena atención, sumado a invertir una ingente cantidad de tiempo y energía en hacer cualquiera de los trámites especificados, pues resultan en un agotamiento brutal.
Soy artesana, no ingeniera
Cada cosa que hago, desde levantarme por la mañana, es una decisión consciente y meditada. No tengo piloto automático ni sé sistematizar (aunque parezca un sacrilegio viniendo de una autista).
Ser perfeccionista me ha hecho caer en una trampa: creer que “si tan solo me esforzase un poco más” es una frase válida.
En realidad, esta creencia e insistencia en esforzarme todavía más provienen del capacitismo más rancio y apestoso de todos, uno que me impide descansar para compensar el tiempo que tardo en hacer las cosas por disca.
Volviendo a la revista autista, esta ha sido un proyecto totalmente artesano, casero, manual… Uno en el que he invertido muchísimo, muchísimo tiempo. Considero que el resultado final ha merecido la pena, pero también, 5 años más tarde, necesito descansar.
Todavía nos quedan algunas copias de la revista en papel, pero no sé por cuánto más tiempo, quizá, septiembre como mucho. A partir de entonces, no imprimiremos más, así que si quieres completar la colección de la revista autista, es ahora o nunca.
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