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Autiblog The Newsletter · Jun 30, 2026

Error nº2: Miedo a exponerme en redes sociales. ¿Por qué no muestro mi cara?

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autiblog · Autiblog The Newsletter

Bienvenide a esta serie donde me despido de la revista autista que he estado editando durante 5 años y analizo por qué decidí cerrar este proyecto. La semana pasada empezamos con el primer error, que fue comenzar la revista con más entusiasmo que planificación. En esta veremos la segunda decisión más crucial: mi cara o porqué soy anónima en redes sociales.

AC: mención relación con mi cuerpo, disociación.

De pequeña soñaba con ser un fantasma, poder moverme entre la multitud sin ser percibida. Si ahora pudiera elegir un superpoder creo que elegiría otro, quizás algo relacionado con el don de gentes o tener energía ilimitada sin cansarme.

Es evidente que quieres lo que no tienes.

En cualquier caso, la invisibilidad ha sido una constante en mi vida y es fácil comprobar las ventajas que ofrece. Si bien autiblog es otra máscara más, es una que me permite decir cosas que, de no existir, no me atrevería a decir en voz alta. Como que me arrepiento de haber tomado ciertas decisiones.

Además, ser invisible me permite no tener que salir del armario como autista en algunos círculos académicos. Si ser mujer o leída como tal, te cierra puertas en la academia, asumo que enunciarme públicamente como autista no me depararía un mejor futuro.

Por otra parte, comparada con mis compis de redes sociales, a mí nunca me van a pedir el diagnóstico ni dudarán de él porque la gente no sabe si tengo “cara de autista” (lo que sea que signifique eso, probablemente ser un varón blanco de 5 años que no habla y está abstraído con sus cosas mientras se balancea. También me balanceo y soy bastante callada, pero no, según el imaginario colectivo no tengo “cara de autista”). En definitiva, me acobarda bastante la parte del “poner el cuerpo” dentro del activismo.

Por último, está el ámbito personal, hay gente a la que felizmente he conseguido desterrar de mi vida (aún con grandes esfuerzos), y que no me apetece que sepan mis venires y devenires.

Pretender ser un fantasma durante décadas trae consecuencias, sobre todo relacionadas con mi imagen personal y sentido de la identidad. No me reconozco en el espejo, me resulta ajeno que me llamen por mi nombre (ahora he descubierto que existe: alexinomia), cambio de opinión 18 veces al día y mi ansiedad social se dispararía si tuviese que hablarle a una cámara. No me gusta hablar de mí misma y estas líneas están siendo una batalla contra la disociación y la hipervigilancia. Hace 1 año tomé la decisión de abrirme un poco más al mundo y contar mi proceso de desenmascarar o intentar camuflar menos. Digamos que algo hemos conseguido, baby steps.

Sigue mi proceso desenmascarando

Gastos de envío a todo el mundo incluidos

A mí también me gustan saber los procesos pormenorizados que le han llevado a la gente a ciertas ideas o conclusiones. Al final, eso es lo que nos mueve y nos une como personas. Nos identificamos en la dificultad de tomar una decisión importante que lo cambia todo o nos emocionamos con el momento vivido.

Y ni con esas, no me gusta hablar de mí misma. Al final, ocultar mi cara e identidad en redes sociales es una decisión consciente basada en mi historia y preferencias personales. Es, por tanto, algo de lo que no me arrepiento, pero que podría considerarse un error comercial y que disminuiría las ventas de la revista (relacionado con el error nº4).

Además del dinero, ser anónima también tiene una serie de desventajas y es que me acabo sintiendo un poco deshumanizada. A veces tengo la sensación de que la gente se piensa que soy una especie de robot, un google del autismo. Al final, tener una cara o un branding distintivo asociada a un producto se convierte en un sello indeleble y reconocible por donde quiera que pase.

La imagen muestra las portadas de la revista Vogue antes de la llegada a la dirección de Anna Wintour: lánguidas fotos de estudio. Después, a partir de 1988, mostraban a modelos en exteriores, frescas y bien iluminadas. Es un ejemplo del sello o impronta que marca un personaje.

Soy consciente de que la marca “autiblog” es, a pesar de lo arriba mencionado, bastante potente. Pero aquí estamos analizando el fin de la revista y supongo que mis decisiones han tenido algo que ver en todo ello. Al final, como seres humanos tenemos esa fantasía de control y queremos creer que tenemos poder de decisión sobre nuestras vidas. Quizás, mi cara/identidad no tenga nada que ver con el fin de una etapa y hayan sido más determinantes otros aspectos. Yo qué sé.

Lo que está claro es que ser anónima me ha ofrecido protección aunque no sea buena estrategia de marketing. También es contradictorio hacerse una cuenta pública en redes sociales, pero no querer exponerse. La vida está llena de contradicciones y equilibrios imposibles como los que veremos los próximos martes. ¡Suscríbete para no perder detalle de la serie!

Muchas gracias a todas las personas que estáis apoyando la campaña de financiación ♡ y si quieres completar la colección, no te entretengas que se me acaban las copias en papel.
- 23 junio. Error nº1. Los inicios: el entusiasmo no sustituye a un plan.
- 30 junio. Error nº2. Miedo a exponerme en redes sociales. ¿Por qué no muestro mi cara?
- 7 julio. Error nº3. Perfeccionismo y discapacidad, equilibrio imposible.
- 14 julio. Error nº4. Cómo vender cuando no sabes vender.
- 21 julio. ¿Por qué la voz autista no tiene prestigio (y una revista tampoco)?
- 28 julio. ¿Cuánto dinero he ganado con la revista?
- 4 agosto. ¿Realmente ha sido un fracaso? Objetivos cumplidos.
- 11 agosto. Todo lo que he aprendido de la revista autista tras 5 años.
- 8 septiembre. Después de un final, viene un comienzo. Autiblog: qué cambia y qué sigue.

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Read the original on autiblog.substack.com

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