Sino que hemos sido invisibilizadas por el machismo estructural que afecta a nuestra sociedad.
Las descripciones clínicas de los últimos 30 años han continuado el legado machista y supremacista nazi de Kanner y Asperger.
(Czech, 2018; Sher, & Gibson, 2023)
En primer lugar, borrando la labor de Grunya E. Sukhareva (1891-1981; médica judía nacida en la actual Ucrania), quien fue la primera persona en describir el autismo en 1925. En segundo, creando una narrativa sobre el autismo que sistemáticamente deja fuera a las mujeres, junto a tantos otros grupos sociales. Finalmente, reforzando el estereotipo del imaginario colectivo, a través de representaciones visuales en series de televisión, que han acabado dibujando el rostro del autismo.
PREVALENCIA (EE. UU., Shaw et al., 2025): 1 de cada 31 personas es autista (medido a los 8 años de edad).
A las personas negras y pobres (Leonard et al., 2011; Delobel-Ayoub et al., 2015) es más probable que se les diagnostique discapacidad intelectual que a las blancas o a las de mayor estatus económico.
Se diagnostica a 3 veces más hombres que mujeres autistas (ratio 3:1), cuando en realidad existimos en la misma proporción (Burrows et al., 2022; Fyfe et al., 2026).
Es decir, los factores sociales son SÚPER DETERMINANTES para decidir quién recibe el diagnóstico y quién no. (O qué dx recibe).
Este silenciamiento e invisibilización estructural solo se entienden en un contexto de una cultura machista y supremacista blanca que se retroalimenta a sí misma con sus propios prejuicios.
De toda la diversidad de la población autista, un brutal sesgo de selección de la muestra extrajo los datos de varones cis blancos de 8 años y de clase media-alta y los universalizó, pretendiendo que esa generalización valga para toda la sociedad autista pasada, presente y futura.
De ahí, comienza un ciclo que se retroalimenta, en el que las guías clínicas y los profesionales se informan en base a esa muestra tan pequeña y limitada, que refuerza el estereotipo dejando fuera a toda persona que no lo cumpla, pues solo pueden diagnosticar lo que está descrito.
Las representaciones visuales acaban siendo un calco adulto de ese niño estereotípico al que le gustan los trenes y no sabe socializar, pero tiene un gran corazón. El ciclo se completa cuando los investigadores se ven forzados a seguir investigando esa muestra limitada (p.ej., porque es la única que obtiene subvenciones porque tiene mayor impacto social percibido).
El ciclo comienza con la propia descripción del autismo. La descripción de las guías clínicas de diagnóstico está sesgada; esto significa que tiene un error sistemático.
A las mujeres autistas se nos diagnostica más tarde, pero existimos en la misma proporción que los hombres autistas. Según un reciente estudio de Fyfe y colaboradores (2026), con una muestra de más de 2,7 millones de personas nacidas en Suecia entre 1985 y 2020, los niños tienen entre 3 y 4 veces más probabilidad de recibir un diagnóstico de autismo que las niñas a los 10 años de edad. Sin embargo, los diagnósticos en mujeres aumentan durante la adolescencia y, finalmente, a los 20 años de edad, se iguala y se obtiene el mismo número de hombres que de mujeres autistas (proporción 1:1).
Las guías son la base y el marco clínico en el que se mueven los profesionales. Por tanto, lo más probable es que actúen de correa de transmisión o, incluso, amplifiquen el sesgo de género. Según las estimaciones de McCrossing (2022), el 80% de las mujeres autistas llega a los 18 años sin diagnóstico. Otras estimaciones más conservadoras fijan en cerca de un 20 % el porcentaje de mujeres menores de 20 sin diagnóstico, aunque casi la mitad de las mujeres millennials estarían sin diagnóstico (Steward & Happé, 2025).
Por tanto, a la brecha de género entre hombres y mujeres autistas, también se le añade una BRECHA GENERACIONAL, en la que las personas autistas que tienen un diagnóstico pertenecen a las generaciones alfa, z o como mucho, millennial. Este dato también se ve reforzado por la falsa preconcepción de que el autismo es una condición infantil.
Por último, los estereotipos llegan a las familias, cuyos hijos varones reciben el diagnóstico y los apoyos, pero sus hermanas autistas se quedan fuera, sobreviviendo como puedan. Con suerte, ya de adulta, puede invertir su tiempo y dinero en un diagnóstico carísimo, pero el sistema ya le falló.
Es habitual, además, que reciba el rechazo de su familia. Ella NO puede ser autista, “no bromees con eso, el autismo es algo muy grave, mira a tu hermano, pobrecito”, “no digas tonterías que has visto en tiktok” o “no te diagnosticaron antes porque camuflabas” (le culpabilizan encima).
Los resultados de la encuesta del 5º número de la REVISTA AUTISTA sobre la familia, realizada a 118 personas autistas adultas, sustentan este rechazo familiar. Además, con grandes diferencias de género: casi la mitad de los hombres autistas fueron aceptados por sus familias (45%), 1 de cada 4 mujeres autistas fue aceptada (24%), mientras que ninguna persona no binarie fue aceptada por su familia (0%).
revista autista sobre la familia
El estereotipo de autista varón, blanco y productivo se ha asimilado ya en la sociedad al punto de tener su propia representación cultural en series como The Big Bang Theory, The Good Doctor, Community, Atypical, etc. De tal forma, esta imagen, que a su vez responde a las primeras descripciones en las que se fundamentó el diagnóstico, sigue alimentando el estereotipo masculinizado del autismo.
Es más, cuando las mujeres autistas estamos empezando a pronunciarnos y a ser más visibles, es solo ahora cuando se habla de sobrediagnóstico.
Hasta hace unos años no había sobrediagnóstico, pero ahora que las mujeres hemos accedido a algo que se nos tenía vetado (el diagnóstico de autismo o cualquier otra neurodivergencia), es cuando la sociedad asume que se nos está yendo de las manos eso del diagnóstico. Cuando la realidad es que existe un INFRADIAGNÓSTICO femenino, trans, racializado, etario y pobre.
Cita: Autiblog. (2026, March 8). El ciclo machista del autismo. Autiblog The Newsletter. https://autiblog.substack.com/p/el-ciclo-machista-del-autismo
REFERENCIAS:
Autiblog. Lazos de sangre. Autiblog The Magazine 2023; 5: 18-23
Burrows, C. A., Grzadzinski, R. L., et al., (2022). A Data-Driven Approach in an Unbiased Sample Reveals Equivalent Sex Ratio of Autism Spectrum Disorder-Associated Impairment in Early Childhood. Biological psychiatry, 92(8), 654–662. https://doi.org/10.1016/j.biopsych.2022.05.027
Czech (2018). H. Hans Asperger, National Socialism, and “race hygiene” in Nazi-era Vienna. Molecular Autism 9, 29. https://doi.org/10.1186/s13229-018-0208-6
Delobel-Ayoub M, Ehlinger V, Klapouszczak D, et al. (2015) Socioeconomic Disparities and Prevalence of Autism Spectrum Disorders and Intellectual Disability. PLoS ONE 10(11): e0141964. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0141964
Fyfe C, Winell H, Dougherty J, et al. (2026). Time trends in the male to female ratio for autism incidence: population based, prospectively collected, birth cohort study BMJ 2026; 392 :e084164 doi:10.1136/bmj-2025-084164
Leonard, H., Glasson, E., Nassar, N., et al., (2011). Autism and intellectual disability are differentially related to sociodemographic background at birth. PloS one, 6(3), e17875. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0017875
McCrossin R (2022). Finding the True Number of Females with Autistic Spectrum Disorder by Estimating the Biases in Initial Recognition and Clinical Diagnosis. Children. Feb 17;9(2):272. doi: 10.3390/children9020272
Shaw KA, Williams S, Patrick ME, et al. (2025) Prevalence and Early Identification of ASD Among Children Aged 4 and 8 Years — Autism and Developmental Disabilities Monitoring Network, 16 Sites, USA. MMWR Surveill Summ 74(No. SS-2):1–22.: http://dx.doi.org/10.15585/mmwr.ss7402a1
Sher, D. A., & Gibson, J. L. (2023). Pioneering, prodigious and perspicacious: Grunya Efimovna Sukhareva's life and contribution to conceptualising autism and schizophrenia. European child & adolescent psychiatry, 32(3), 475–490. https://doi.org/10.1007/s00787-021-01875-7
Simmonds, C., & Sukhareva, G. E. (2020). The first account of the syndrome Asperger described? Part 2: the girls. European child & adolescent psychiatry, 29(4), 549–564. https://doi.org/10.1007/s00787-019-01371-z
Ssucharewa, G.E., & Wolff, S. (1996). The first account of the syndrome Asperger described? Translation of "Die schizoiden Psychopathien im Kindesalter"; 60:235-261. European child & adolescent psychiatry, 5(3), 119–132. https://doi.org/10.1007/BF00571671
Stewart, G.R. & Happé, F. (2025) ‘Aging across the autism spectrum’, Annual Review of Developmental Psychology, 7(1), pp. 461–484. doi:10.1146/annurev-devpsych-111323-090813.

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