Fue un mes demasiado bello, julio.
Ando en una etapa formativa de mi vida. No quiero decir rara porque el lenguaje importa y construye, entonces voy a decir una etapa formativa de mi vida. Formándome ando, podemos decir.
Pasé casi todo el mes en mi casa. Quería vivir el verano en esta ciudad que nació para el calor. Me encanta estar todo el día bajo el sol y he podido pasar varios días en la playa. ¿Qué más puedo pedir?
Eso sí, empecé julio en Ciudad de México grabando una nueva temporada del podcast y celebrando con una fiebre mundialista muy deliciosa que disfruté como adolescente. Tuve el privilegio de poder ver el partido final en el Azteca y me pareció muy poético hasta perder. Las caras tristes, pero el orgullo escurriendo por todos lados. Tenía muchos años sin ir al futbol, sin disfrutar eso que tanto amé en la prepa y ue tanta alegría me trajo. Fue un bello reencuentro con los estadios.
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Fui a ver a la reina y diosa de Nathy Peluso con Grupo Niche y estuvo hermoso. Le escribiré, obviamente, todo un Substack a ella, pero me encanta verla en el escenario. Me recuerda que hay que tomarse en serio el baile y el arte. Que vale la pena entregarte completa a eso que a cada una nos mueve diferente.
Fui muchas veces más a la playa y conocí por primera vez Chiapas. Ese merece otro Substack completo: espéralo porque en agosto habrá muchas publicaciones en este espacio, haciendo realidad todos los cambios que estoy haciendo para priorizarlo.
Di el taller de journaling del sábado, que fue sobre el cuerpo. Continúa siendo devastador verme reflejada en las historias sobre el cuerpo, en esa costumbre que tenemos de odiar aquello en lo que venimos al mundo. Me duele por las niñas que fuimos, por todos los momentos en los que creemos que nuestro cuerpo es solo el que vemos con los ojos. Pero confirmo la importancia de mi misión de enseñarle a medio mundo a hacer journaling y a que podamos vivir un poquito más ligeras por la vida.
El verano ha venido con una calma particular. Ha venido con una pregunta que me tiene entre asfixiada y emocionada a la vez, todo revuelto, y es: ¿Y tú qué quieres? ¿Qué quieres?, me pregunta la vida. Pregunta chiquita, pero picosa. Me ha dolido la llegada de esta pregunta porque me ha costado mucho trabajo contestarla en ciertas etapas de mi vida.
No es que me falte valentía. No tengo miedo. Es que no sé qué quiero. O creo que quiero una cosa, pero me ando dando cuenta de que no. Y luego las cosas que digo que sí quiero, no puedo cuidarlas para que sean. No sé. Ha sido un periodo confuso también porque me estoy convirtiendo en adulta en otras áreas. He podido disfrutar esta pregunta por primera vez sosteniendo la incertidumbre, porque hay varias certezas en mi vida que me tomaron mucho tiempo plantar y hoy, a los 37 años, se siente bien tenerlas. Pero me pregunto: ¿qué quiero? Si puedo encuerarme de todo y escuchar mi corazón, ¿qué quiero? ¿A dónde quiero ir? ¿Con quién? No sé, pero estoy casi segura de que será bello.
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Si este mes tienes ganas de unirte a hacer journaling, el taller se llama Nunca es suficiente. Vamos a escribir sobre la autoexigencia, el perfeccionismo, esa sensación constante de que nada de lo que hacemos alcanza y la forma en la que nos hablamos mientras intentamos sostenerlo todo. Dos horas para escribir con más honestidad y, ojalá, salir tratándonos con un poquito más de ternura. Puedes ver toda la info aquí.
Que tengas un chulo fin de semana.
Ash

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