Gran parte de mis 20s fue una montaña de decir que sí. Sí a todo y pa todo. Me acuerdo mirar con envidia a las mujeres de mi vida que decían que no con la mano en la cintura. Siendo firmes. ¿Yo? Yo nunca fui de esas. Yo siempre dije que sí a todo. Aunque no quisiera, aunque no pudiera. Me estiraba como enredadera para alcanzar, adelgazando los días, estirándolos, exprimiéndolos. Pasé gran parte de mis años en terapia hablando de esto. Cómo podría aprender a decir no y darme un respiro antes de que el sí saliera disparado de mí.
He aprendido poco a poco a cosechar mis nos, a dejar que no se me escape la bellísima oportunidad que es poder decir que no quiero, gracias y no morir en el intento. Quienes son como yo saben inmediatamente de qué hablo. Compartimos la misma piedra en el zapato. Qué difícil, ¿no? Cuánto cuesta empezar a escoger diferente, a dejar ir ciertas cosas que sabemos en la tripa que ya no es por ahí. Qué dolorosa la nostalgia de querer volver atrás, cuando no sabías, cuando no tenías idea de qué pasaba. Cuando no estaba tan incómodo todo.
Aprender de límites, de nuevas formas de relacionarme. Aprender a tomarme el tiempo, a respirar entre decisiones, me ha cambiado la forma en la que me muevo por el mundo. La primera vez que escuché de límites fue con Stefanie Esselfferd, que vino a Se Regalan Dudas a hablar de esto. Me encantó aprender una forma de poner límites suaves. Yo venía de muchísimas relaciones muy rudas, donde poner un límite me asustaba muchísimo porque no quería perder a estas personas. Son mi gente, les amo. Pero entre eso, en aceptar que había cambiado, en darme el tiempo de conocerme de nuevo, de comprender que llegados los 30 era una nueva persona, que mi tolerancia se movía de manera diferente, que ya no quería pelear, tratar, empujar, quería reposar sobre mi vida. Moverme con la ligereza que he visto a otras mujeres moverse. Y todo eso vino con aprender a decir que no, con sostener el mapa de quien soy dibujado con límites, con comprender que muchas veces, para decir que sí a algo, me tenía que decir que no.
Mi taller de journaling Cuando decir que sí ya no se siente bien es para ti:
Si sueles decir que sí y luego te arrepientes
Si sabes que algo cambió en ti y no sabes dónde acomodarte
Si te estás haciendo preguntas importantes sobre ti
Por eso creé este taller: Cuando decir que sí ya no se siente bien.
Un taller íntimo de journaling para dejar de decir que sí cuando no se siente bien y empezar a elegirte con más claridad, sin culpa y a tu propio ritmo.
Lo que quiero hacer con este taller es escribirle a la parte de nosotras que cambió y que mira también con esperanza una nueva manera de ver las cosas.
Te espero el 25 de abril. Es online en vivo, pero se queda guardado por 1 mes. No necesitas haber escrito antes, solo papel y hoja.
Es un espacio suave, pero muy honesto.
unirme al taller del 25 de abril
Te espero ahí.
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ash

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