Entre ideas creativas, mejoras operativas y proyectos que se escuchan bien,
Muchos equipos terminamos invirtiendo horas en iniciativas que no cambian nada para el cliente ni para el negocio.
Por eso es tan fácil confundir movimiento con progreso.
Así que la pregunta no es “¿qué más podemos hacer?”, sino “¿qué de todo esto aporta valor real al cliente y además nos diferencia de la competencia?”.
Cuando cruces esas dos variables, tendrás más claridad sobre cómo tu impacto.
Te encontrarás con esfuerzos que son necesarios, otros que son pura pérdida de tiempo y unos pocos que realmente transforman la experiencia.
De eso quiero hablarte hoy, vamos allá.
Para hacer lo que realmente importa, el primer paso es encontrar eso que es importante.
Tener un sistema que permita identificar cuáles son las acciones que de verdad es necesario implementar.
Para eso hay que hacerse dos preguntas sobre lo que estamos haciendo:
1. ¿Cuánto valor aporta esto al cliente?
Para tener claridad sobre lo que estamos haciendo y cómo el cliente vive una experiencia con nosotros.
2. ¿Qué tanto me diferencia de la competencia?
Para saber qué tanta ventaja me dará sobre los demás players. No para toda basar nuestra estrategia pensando en otros, sino para ganar terreno.
Responder estas dos preguntas nos obliga a priorizar iniciativas según impacto real, no por puras corazonadas.
Para darte más claridad, hagamos de esto un framework basado en una matriz.
Esta matriz consta de 4 cuadrantes y mapea el valor que aportamos al cliente y cuánto nos diferencia del resto cada acción que tomamos.
Aquí están los “mínimos indispensables”.
Aquellas acciones que sí aportan valor, pero no te hacen único: todos en tu industria deberían hacerlo igual de bien.
Si fallas, destruyes la experiencia. Si lo haces bien, solo cumples.
Como dicen por ahí, hay poco que ganar y mucho que perder.
Por ejemplo:
Responder rápido. (es lo mínimo aceptable)
Plataformas estables que no se caen.
Procesos intuitivos: pago fácil, onboarding claro, soporte accesible.
Son cosas que el cliente valora pero tampoco lo hacen decir que eres único por eso.
Si estás haciendo algo que no aporta nada al cliente y tampoco te genera diferenciación, entonces estás perdiendo el tiempo.
Digamos que aquí haces solo lo cosmético, lo que se hace “porque toca”, lo que no cambia la experiencia del cliente ni te hace especial.
Es quizá donde más tiempo desperdician los equipos de CX.
Por ejemplo:
Cambios estéticos irrelevantes en emails automáticos.
Formularios largos para obtener más datos que nadie va a usar
Reuniones para discutir temas sin objetivos claros
En este cuadrante están los elementos que transforman la experiencia, aumentan fidelización, elevan conversión y te separan de la competencia.
Son las mejoras que se sienten como magia para el cliente.
Por ejemplo:
Educación personalizada basada en comportamiento real.
Proactividad inteligente (anticiparse a problemas).
Asistencia humana altamente empática combinada con tecnología.
Productos/servicios que eliminan dolores estructurales en tu sector.
Estas son las acciones que al implementarlas de inmadiato se ve que el cliente las necesitaba y que empiezan a cambiar las reglas de juego en toda tu industria.
Aquí están las “ideas bonitas” que suenan creativas pero no importan al cliente.
Muchas marcas invierten aquí creyendo que “esto los hace únicos”, pero no generan fidelización, ni buen NPS, ni satisfacción real.
Por ejemplo:
Merchandising sin tener una marca fuerte y potente.
Frases “inspiradoras” en procesos donde el cliente está estresado.
Regalos que no resuelven ningún problema real.
Este es el trabajo que sí te diferencia porque ninguna o pocas empresas lo hacen pero quizá es porque el cliente no lo percibe como valioso.
Entonces, el objetivo debe ser trabajar en proyectos e iniciativas que se ubiquen en el cuadrante 3.
Ahí será cuando empieces a ver que los demás te están copiando y tratando de quitarte el lugar que has alcanzado.
Ahí será cuando el cliente empieza a decirte 👇🏼
Mejorar la experiencia del cliente no se trata de hacer más, sino de elegir mejor lo que haces.
Cuando separas lo trivial de lo que realmente aporta valor y te diferencia, la estrategia se vuelve clara:
Te enfocas en lo que cambia la vida del cliente y lo que cambia la posición de tu empresa.
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