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Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, decidme en el alma: ¿quién, quién levantó los olivos? No los levantó la nada, ni el dinero, ni el señor, sino la tierra callada, el trabajo y el sudor.
Así empieza el famoso poema de Miguel Hernández que luego cantó Jarcha1, y esos versos resumen perfectamente la mezcla entre estupefacción y admiración que tuve la primera vez que vi esto:
Si has pasado por la A-4 camino del sur habrás visto el mar de olivos al atravesar Despeñaperros. Un paisaje antropomorfizado hasta donde alcanza la vista. Millones de olivos. Todos plantados por humanos. Una auténtica locura.
Cual fue mi sorpresa cuando más adelante vi que no había montaña ni colina que se les resistiera a estos árboles y llegué a ver paisajes todavía más espeluznantes que los que se alcanzan a ver desde la autovía.
Hoy vamos a profundizar en esta locura, y buscaremos la parcela de olivos más inclinada… del mundo.
Pongamos un poco en contexto al olivo: produce aceitunas. Se prensan y tenemos aceite, el más rico de los aceites usados en la cocina; eso lo descubres cuando viajas y ves que en otros lugares no les importa freír tus patatas fritas en aceite de motor, y sacar pecho de ello.
Echemos un ojo a la producción mundial de aceites de consumo:
Ahí está el aceitito de palma, destrozando Borneo y medio mundo con sus plantaciones masivas para poder aceitar las palmeras de chocolate envasadas. No sabía que se producía tanto aceite de soja, pero tiene sentido ya que es otro cultivo con un crecimiento espectacular. Y en tercer lugar aparece el de colza que con solo nombrarlo nos echamos a temblar después de lo ocurrido en España2.
Para encontrar a nuestro protagonista de hoy tenemos que bajar hasta el octavo lugar. No se compara en cuanto a producción con los aceites más utilizados en la industria, pero nos da igual. De la misma manera que hay poco oro y es muy valorado, pasa lo mismo con nuestro querido oro líquido.
Vamos ahora a ver dónde se produce ese líquido elemento:
Ahora sí que nos empezamos a entender. España produce casi la mitad de todo el aceite de oliva del mundo. Y dentro de España Andalucía es referente. Y ahí es donde destaca la tierra de Sabina y de Raphael: Jaén. No hay ningún país en el mundo que produzca más que la provincia de Jaén. La dimensión de esto es increíble.
Pero ¿de dónde viene esta afición por los olivos?
El origen de este árbol se sitúa en el Mediterráneo Oriental y los primeros que lo trajeron a la península fueron los fenicios. Pero los que realmente lo expandieron masivamente fueron los romanos. La región Baetica (Andalucía) exportó más de 30 millones de vasijas de aceite de oliva, los restos de estas vasijas se encontraron en Monte Testaccio, Roma. Más tarde, los moros mejoraron las técnicas y variedades haciendo del olivo un pilar económico y cultural. De hecho en muchas zonas de Andalucía aún están en pie muchos olivos plantados por los árabes; cuentan que estos olivos no están en líneas perfectamente rectas ya que los plantaban de noche para evitar el calor, y a oscuras pues la línea recta se intuye.
Y eso nos lleva a día de hoy donde este cultivo es una pieza fundamental en el sector primario de España en general y de Andalucía en particular. Para visualizar la importancia de esto echemos un ojo a este mapa donde vemos qué superficie representan los olivos sobre cada municipio:
Vuelve a aparecer Jaén dominando la superficie de olivos aunque se ve una gran importancia en todo el centro de la comunidad. Nos encontramos con el municipio de Fuerte del Rey liderando con un 79 % del municipio ocupado por olivos. Arjonilla, Porcuna, Higuera de Calatrava y Torredonjimeno le siguen de cerca, todos en Jaén y todos por encima del 75%. Hay que tener en cuenta que en carreteras, balsas, casas, ríos, etc, no se pueden plantar así que este dato es brutal. Básicamente todo el terreno agrícola disponible es verde.
Estos porcentajes tan increíbles se obtienen en las zonas más favorables, pero la magia ocurre cuando el terreno se pone cuesta arriba. Ahí se complica el manejo de aperos, la recogida de aceituna, la poda… pero eso no desmotiva al personal ya que han plantado olivos en pendientes muy elevadas. Una pendiente del 50% significa que por cada dos metros que nos movemos en horizontal subimos uno en cota. El alto del Angliru, conocido en ciclismo por ser uno de los puertos con las rampas más duras del mundo llega a tener un 23,5% de inclinación en la parte más dura. Sabiendo eso echemos un vistazo a esto:
Fuera de los parques naturales todo es olivo. Y da igual la pendiente que haya. El olivo manda. Se ven zonas como Los Villares, Jodar, o Beas del Segura donde es difícil encontrar olivares por debajo del 40% de pendiente media.
Esto no tiene ningún tipo de sentido. Trabajar estas parcelas sin terrazas es agotador, moverse por ellas es peligroso. En algunos casos se requiere de arneses para poder trabajar estas tierras.
Puedo decir, sin miedo a equivocarme, que he pateado los olivares de todos los municipios de Jaén, y no hay ni una sola vez que este paisaje deje de sorprenderme. Si en Vietnam hacen turismo en la zona de Sapa para ver los arrozales en terrazas, aquí se podría hacer turismo para ver esto porque no es menos espectacular. De hecho hay algunos que han visto esta oportunidad y no solo les enseñan a los turistas los olivos si no que les invitan a varearlos para que vean el proceso completo. Jugada maestra.
Pues después de estar en estas paredes tantas veces me he hecho algunas preguntas:
¿Cuál será el mas empinado? ¿Estará aquí en Jaén?
Pues a resolver dudas se ha dicho. Lo primero es definir un par de criterios. El primero es que tiene que ser un olivar productivo, es decir que no esté abandonado. Aunque la grandísima parte de los olivos aquí están perfectos puede haber algunos que se hayan olvidado y estén perdidos; al fin y al cabo a las nuevas generaciones puede que no le camele la idea de hacer alpinismo para recoger aceitunas. Ese es el primer criterio, olivar bueno; el otro es quedarnos con una superficie mínima de recinto, no vale un esquinazo allí donde el viento da la vuelta. Vamos a poner una superficie mínima de media hectárea, algo que no sea despreciable. O sea 5000 metros cuadrados y que no esté abandonado, veamos:
Ahí está el susodicho. Encima de esas jugosas curvas de nivel cubiertas en su totalidad de olivos, para sorpresa de nadie.
Tenía dudas de que estuviera en Jaén ya que hay zonas de Córdoba, Málaga y Granada que son para acostarse y sudar. Pero Jaén no ha defraudado y acude a su cita con la pendiente mortífera. Valdepeñas de Jaén era uno de los municipios favoritos para llevarse el oro. Si tuviera que apostar habría dicho las inmediaciones de la Sierra de Cazorla, Pegalajar o esta zona de Valdepeñas, Castillo de Locubín y Los Villares.
Veamos de cerca a nuestro amigo:
Suelo limpio, más o menos cerca de un camino, visto así parece inofensivo. Tiene una superficie de 0,59 ha, a 868 metros de altitud y el frío dato de una pendiente media del 86,40%. Repito, una pendiente media del 86,40%.
Vamos a visualizarlo para captar la magnitud de ese dato.
Ahí lo tenemos, girando sobre su propio eje como si la cosa no fuera con él. La magnitud de ese dato de inclinación es que es básicamente una pared de escalada. Sin comentar las pendientes del 40% del camino. Maravilloso.
Como esto se llama A Pie de Dato he querido ir a pie de olivar, para verlo con mis ojos y sentirlo en mis piernas:
Después de muchas curvas divisamos la ladera donde se encuentra. Se ve que es empinada, pero no parece que destaque mucho sobre otras laderas de la zona. Vamos a por él.
Nos equipamos con los crampones y atacamos la montaña para conseguir hacer cumbre. Miramos hacia un lado y vemos una pared con unos olivos perfectamente podados y cuidados, incluso con sistema de riego, ingeniería olivaril.
Nos aseguramos de que el arnés esté bien atado y miramos hacia abajo para ver la caída:
Tragamos salida y nos aferramos a la vida para no perderla.
Bromas a parte, para hacerse una idea si con las fotos no se capta la pendiente: unas escaleras normales de una casa suelen tener una pendiente de un 50%; y huelga decir que con más del 75% de pendiente hay cientos de olivares, lo que hace valorar sin duda el trabajo de esta gente en estas tierras tan escarpadas, y apreciar el aceite de oliva virgen extra ultra hiper mega más que nunca.
No puedo cerrar el artículo sin hacer referencia a los proyectos de plantas solares3 que amenazan estos ecosistemas, no exentos de polémica. Comentar también que los olivares no dejan de ser una actuación antropogénica y pueden causar problemas tangenciales como la pérdida de biodiversidad o la erosión del suelo aunque hay proyectos4 que se centran en revertir estos contratiempos.
Pero creo que el esfuerzo de plantar, cuidar y mantener estos árboles milenarios en estos escarpadísmos terrenos tenía que ser contado y eso he intentado.
Agradezco comentarios de mejora u opiniones sobre el tema.
Completemos el poema del inicio:
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Unidos el agua pura y a los planetas unidos, los tres dieron la hermosura de los troncos retorcidos. Levántate, olivo cano, dijeron al pie del viento. Y el olivo alzó una mano poderosa de cimiento. Andaluces de Jaén. aceituneros altivos, decidme en el alma: ¿quién amamantó los olivos? Vuestra sangre, vuestra vida, no la del explotador que se enriqueció en la herida generosa del sudor. No la del terrateniente que os sepultó en la pobreza, que os pisoteó la frente, que os redujo la cabeza. Árboles que vuestro afán consagró al centro del día eran principio de un pan que sólo el otro comía. ¡Cuántos siglos de aceituna, los pies y las manos presos, sol a sol y luna a luna, pesan sobre vuestros huesos! Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, pregunta mi alma: ¿de quién, de quién son estos olivos? Jaén, levántate brava sobre tus piedras lunares, no vayas a ser esclava con todos tus olivares. Dentro de la claridad del aceite y sus aromas, indican tu libertad la libertad de tus lomas.
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