El “despertar” espiritual y la neurociencia
Hoy va a ser un post un poco más especial, junto de la colaboración y las aportaciones de ZEMPHORA, su misión y sus escritos se enfocan en elevar la conciencia hacia nuestros potenciales internos. Y también poniendo de mi parte la temática, un tema controversial y que está empezando a ganar más visibilidad desde la rama de la neurociencia y la espiritualidad, el despertar espiritual, comentado en uno de mis posts, la neurociencia detrás de la espiritualidad, considerando también que esta es la segunda parte.
Pero queremos hacer algunas aclaraciones antes, ya que hablando con Mónica Encinas, en el episodio que grabamos ayer, del podcast de Frecuencia Íntima (lo dejo al final, por aquí si queréis echarle un vistazo), cambió mi perspectiva sobre el concepto de despertar, y la realidad es que todo se reduce a un retorno a nuestro centro, a uno mismo, quería compartirlo con vosotros, igual que también escribí sobre el concepto de sanación en uno de mis posts, poniendo el foco en que la palabra sanar, nos puede dar la perspectiva de que siempre hay que estar arreglando y mejorando algo, lo cual es también un retorno a nuestro interior y empezar a escuchar lo que nos pide el cuerpo y alma, indagar y conocernos sin ruido externo que nos modifique.
Por eso, es importante que comprendamos cómo la neurociencia actual está encontrando respuestas hacia el camino de lo que consideramos ese despertar espiritual.
Las investigaciones más recientes muestran los fundamentos neurológicos de la trascendencia, ofreciendo un mapa científico hacia el sentido del propósito, la resiliencia y una profunda transformación personal.
Durante milenios, el despertar espiritual perteneció al ámbito de los místicos, los sabios y los monjes, hoy, hoy todo ello se está alineando con lo que conocemos como ciencia, y más concretamente con la neurociencia.
La neurociencia está tranzando un mapa hacia los circuitos de la trascendencia y demuestra que nuestro cerebro está diseñado para la conexión espiritual. Y es importante considerar en nuestras vidas que esta capacidad puede transformar nuestra salud mental, fortalecer nuestra resiliencia y aportar un propósito más profundo a nuestra vida.
La depresión como puerta de entrada
Necesito que nos hagamos unas preguntas antes de empezar,
¿Por qué seguimos catalogando la depresión como un estado negativo, en lugar de reconocerla como una respuesta regulatoria y protectora de nuestro organismo?
¿Cómo cambia nuestra perspectiva al entenderla como una llamada de atención biológica, es decir, una interrupción para salvar la consciencia?
¿Por qué la norma actual insiste en amortiguar el síntoma mediante soluciones farmacéuticas, cuando la principal solución radica en activar voluntariamente vías neuronales que ya se encuentran codificadas dentro de nosotros?
Ese mapa de la consciencia existe, ya que cuando aprendemos a acceder a ella, nos sentimos completos.
Este sentido de conexión del que hablamos debe comenzar desde el interior, ya que, de lo contrario, estaremos funcionando desde el instinto animal, desde la mente de supervivencia, o como prefieras llamarla.
Vivir desde ese estado es normal durante la primera mitad de la vida, pero tarde o temprano necesitamos trascender, crecer y cumplir el propósito para el que fuimos creados, lo que podemos considerar el verdadero viaje, la ciencia de descubrir nuestro ser espiritual.
Los recientes avances en neurociencia están reescribiendo nuestra comprensión del significado de la vida y que cuando vivimos guiados por un propósito y utilizamos todas nuestras facultades y talentos,
nuestro coeficiente intelectual (IQ),
nuestra inteligencia emocional (EQ),
nuestra inteligencia contemplativa (CQ), la forma más elevada de metainteligencia, podemos trascender las limitaciones propias de la condición humana
La doctora Lisa Miller, del MindBody Institute de la Universidad de Columbia, ha dedicado décadas a demostrar que la espiritualidad no es un lujo, sino una necesidad biológica. Toda su investigación reveló un mismo patrón, que todas las personas poseen algo innato en su interior a lo que pueden acceder, y ella lo llamó “el cerebro despierto”.
Según sus palabras, el cerebro despierto es una constelación de redes neuronales que, cuando se activan, nos vuelven más resilientes, creativos y psicológicamente fuertes, capaces de afrontar cualquier desafío que la vida nos presente.
También afirmó que estamos hechos para sentirnos amados, sostenidos, guiados y nunca solos. Nuestro cerebro está preparado para percibir esa realidad y, cuando lo hace, todo nuestro mundo interior comienza a reorganizarse.
Así, pasamos de un estado inicial de orden, propio de la infancia, a un inevitable período de desorden, de caídas y dificultades. Después llega una nueva etapa, el reordenamiento, una realidad que no puede verse, sino experimentarse mediante la fe, confiando en que existe algo superior y mejor para nosotros.
Los estudios de Miller demostraron que vivir una vida espiritual proporciona una protección muy significativa frente a la depresión, la ansiedad y muchos otros problemas psicológicos. Y su investigación mostró que la perseverancia, el optimismo y la resiliencia son capacidades neurológicas naturales que nos ayudan a atravesar la depresión, las adicciones, los traumas, el dolor y el sufrimiento, que también actúan como un poderoso factor protector frente a las adicciones.
Además, descubrieron que las mismas vías neuroquímicas relacionadas con la depresión están íntimamente conectadas con las experiencias espirituales, la felicidad, la alegría, el éxtasis, la expansión de la consciencia y nuestra percepción de la realidad. En cierto modo, ambas representan las dos caras de una misma moneda neurológica.
Silenciar el ruido
Por eso, aprender a silenciar el ruido constante de la mente es uno de los primeros pasos hacia el bienestar y el crecimiento personal.
Además de aquietar la mente, es importante comprender que nuestro cerebro posee un sistema llamado Red Neuronal por Defecto (Default Mode Network o DMN).
La neurociencia ha descubierto que esta red constituye el estado base desde el que funcionamos habitualmente y que la necesitamos para desenvolvernos en el mundo. Sin embargo, cuando estamos estresados, sentimos miedo o creemos que debemos defendernos, tendemos a regresar automáticamente a ese modo de funcionamiento.
La DMN está formada por un conjunto de regiones cerebrales interconectadas, entre ellas la corteza prefrontal medial y la corteza posterior, que es responsable del pensamiento autorreferencial, esa capacidad de pensar constantemente sobre nosotros mismos, de divagar mentalmente y de mantener el diálogo interno que caracteriza nuestra consciencia cotidiana.
Comprender que esta red existe es fundamental, porque las investigaciones publicadas en 2024 y 2025 muestran que tomar conciencia de la Red Neuronal por Defecto y practicar disciplinas espirituales como la meditación, la contemplación o el mindfulness disminuye su actividad y permite regularla. Todas las investigaciones apuntan a la misma conclusión, que son la unidad, la conexión y la trascendencia, que constituyen nuestro estado natural.
Cuando logramos elevarnos por encima de la mente de supervivencia y reducir ese diálogo mental constante, las fronteras entre lo que creemos que somos y el mundo que nos rodea empiezan a disolverse, por lo tanto, todo comienza a integrarse en una única realidad.
Imagina lo que supondría sentir que realmente perteneces a este mundo, que formas parte del universo y que el universo forma parte de ti, imagínate sentir una conexión auténtica con algo mayor, con el universo y contigo misma. Quiero que pienses en el éxtasis, la paz y los estados elevados de consciencia que podrían surgir de esa experiencia de conocer la realidad por primera vez.
La realidad es bondadosa, verdadera y siempre está impregnada de amor, pero, la mente produce miedo porque es necesario para sobrevivir. Necesitamos reaccionar ante los peligros reales, escapar cuando nuestra vida corre riesgo. Pero llega un momento en el que podemos dejar de funcionar automáticamente desde ese estado de supervivencia y empezar a crear algo transformador en nuestras vidas.
El doctor Andrew Newberg, director del centro de investigación por resonancia magnética de la Atlantic University de Florida, ha estudiado durante años el cerebro de cientos de personas mientras realizaban distintas prácticas espirituales, desde la meditación budista hasta la oración cristiana.
Recientemente habló sobre sus investigaciones en el pódcast de Mel Robbins y explicó que todas las grandes tradiciones religiosas y espirituales comparten patrones comunes que ayudan al ser humano a convertirse en una persona más auténtica.
Cuando disminuye la actividad del lóbulo parietal, la región cerebral que nos proporciona una fuerte sensación de identidad individual, las fronteras entre el yo y el entorno comienzan a desaparecer, y dejamos de sentirnos separados del mundo y surge una profunda sensación de conexión.
Como consecuencia, nos volvemos menos defensivos, menos rígidos y mucho más abiertos a experimentar la realidad tal y como es. Por lo contrario, una Red Neuronal por Defecto excesivamente activa está asociada con la ansiedad, la rumiación mental, la depresión, los trastornos de pánico y otros problemas psicológicos.
¡Aclaración! Las personas que llevan años practicando meditación muestran una actividad mucho menor de esta red incluso cuando no están meditando, esto sugiere que la práctica espiritual produce cambios duraderos en el funcionamiento del cerebro.
Así alcanzarás un estado elevado de consciencia
La buena noticia es que existen muchos caminos que conducen hacia esa experiencia de conexión con lo divino, por eso, no hay una única forma correcta de recorrer este camino. Lo cual es importante abandonar la actitud defensiva, derribar las barreras que nos separan y volver a conectarnos unos con otros.
Numerosas investigaciones en neurociencia y ciencias del comportamiento han demostrado que existen diferentes vías para acceder a estados ampliados de consciencia. Entre ellas se encuentran la meditación, la contemplación, las experiencias cercanas a la muerte, los estados inducidos por sustancias psicodélicas y los llamados estados de flujo o flow.
Las experiencias cercanas a la muerte, por ejemplo, suelen sacar a las personas de la distracción cotidiana y les hacen replantearse profundamente el sentido de su vida.
Las experiencias con psicodélicos también están despertando un gran interés científico. Aunque no están exentas de riesgos, muchas investigaciones sugieren que pueden reducir temporalmente la actividad de la Red Neuronal por Defecto, favoreciendo una mayor apertura emocional y permitiendo superar creencias limitantes profundamente arraigadas.
Creencias como pensar que estamos atrapados, que nunca podremos cambiar o que nuestro destino ya está escrito comienzan a perder fuerza durante estas experiencias.
También ocurre con las prácticas espirituales y con los estados de flujo. Los estudios muestran que, cuando una persona entra completamente en una actividad hasta el punto de olvidarse de sí misma, puede llegar a desbloquear hasta un 400 % más de su capacidad creativa.
Estos estados presentan sorprendentes similitudes neurobiológicas con las experiencias espirituales, disminuye el pensamiento centrado en uno mismo y aumenta la atención plena al momento presente.
El psicólogo Rollo May explicaba que, justo antes de que un saltador olímpico se lance desde el trampolín, existe un breve instante de absoluta quietud. Durante ese momento desaparecen las dudas y todo el entrenamiento previo se integra.
Cuerpo, mente y espíritu actúan como una única unidad, permitiendo realizar movimientos que parecen imposibles.
Eso es un estado de flujo (flow), donde el espacio que existe entre el estímulo y la respuesta, donde la Red Neuronal por Defecto permanece en silencio y hace posible un rendimiento más elevado.
Por eso, el despertar espiritual no es una fantasía ni una idea sin fundamento científico, es algo parte del desarrollo natural del ser humano.
Además de la Red Neuronal por Defecto, intervienen otras redes cerebrales, como la red de saliencia, que nos ayuda a identificar aquello que realmente tiene significado y merece nuestra atención, y la red de control ejecutivo, encargada de mantener la consciencia y de integrar las comprensiones espirituales en nuestra vida cotidiana.
Estas tres redes trabajan conjuntamente y constituyen un verdadero sistema de transformación personal que hoy la ciencia comienza a comprender.
Nunca antes en la historia habíamos tenido acceso a tanta información ni a tantas herramientas para crecer, aprender y vivir con un propósito más profundo, estamos asistiendo a un cambio de consciencia sin precedentes, que está ampliando las posibilidades del ser humano.
Nunca antes habíamos vivido una época con tantas oportunidades para acceder al conocimiento, la educación y el crecimiento personal, en este mismo momento, estamos experimentando un cambio de consciencia sin precedentes. Poco a poco, las barreras que antes limitaban nuestro desarrollo se están debilitando y cada vez más personas tienen acceso a herramientas para vivir con mayor propósito.
También estamos avanzando hacia una sociedad más conectada, podemos ver como poco a poco se van reduciendo muchas formas de discriminación y prejuicio, ya sea por raza, género u otras diferencias. Existe un movimiento natural hacia una mayor conexión entre las personas, una conexión que emerge cuando la mente de supervivencia deja de dominar nuestra experiencia.
El doctor Andrew Newberg explica que estos estados espirituales no ocurren únicamente en una parte concreta del cerebro, como a veces se afirma erróneamente. En realidad, constituyen una experiencia biológica compleja que involucra múltiples sistemas cerebrales y múltiples sentidos al mismo tiempo, participan las áreas relacionadas con el pensamiento, las emociones y la percepción sensorial,
todo el cerebro colabora en la experiencia espiritual.
Cuando vivimos únicamente desde la mente de supervivencia, solo accedemos a una parte de nuestro verdadero potencial, y, nos falta la calma, el silencio y la serenidad desde donde pueden surgir la creatividad, la alegría y una vida realmente significativa. Solo cuando aprendemos a acceder a todas nuestras capacidades podemos despertar talentos que quizás han permanecido dormidos durante años.
Como decía Patanjali hace miles de años, todos poseemos facultades latentes esperando ser desarrolladas.
Para acceder a estos estados de cuerpo, mente y espíritu es recomendable dedicar entre diez y veinte minutos, una o dos veces al día, a alguna práctica contemplativa.
También es importante buscar experiencias que despierten el asombro y la admiración. No permanezcas simplemente distraído esperando que la vida llegue hasta ti, la vida no viene a buscarte, tu estás aquí para implicarte, conectar y contribuir.
Necesitamos desarrollar una presencia auténtica, lo podemos ver en las investigaciones de Lisa Miller, que muestran que una de las principales características del cerebro despierto es la capacidad de estar plenamente presente. Eso significa dejar de vivir constantemente distraídos, de comer sin prestar atención, caminar sin ser conscientes, conversar mientras pensamos en otra cosa o actuar únicamente desde el piloto automático y los instintos de supervivencia.
Otra de las conclusiones más importantes de Miller es que el amor y la conexión humana constituyen probablemente la fuerza transformadora más poderosa que existe. Todas las dimensiones de una vida espiritual auténtica fortalecen nuestro despertar interior, y todas ellas comparten un mismo fundamento, el amor hacia uno mismo y el amor hacia los demás.
Esta enseñanza aparece repetidamente en prácticamente todas las tradiciones espirituales y textos sagrados. El despertar espiritual no es un proceso puramente individual, surge y se desarrolla a través de relaciones humanas auténticas y de conexiones genuinas con los demás, una de las transformaciones más esperanzadoras que estamos empezando a vivir hoy.
Si observamos la historia de la humanidad, veremos un mismo patrón repetirse una y otra vez. Después de guerras, conflictos, sufrimiento y crisis, siempre aparece un retorno hacia el amor, la cooperación y los valores humanos más profundos, la historia nos recuerda constantemente que es precisamente cuando abandonamos el miedo y regresamos al amor cuando emerge la mejor versión de la humanidad y también la parte más elevada de nosotros mismos.
Existe además una perspectiva evolutiva importante, todas las culturas que han existido a lo largo de la historia han desarrollado prácticas espirituales. No es una coincidencia, la espiritualidad ha acompañado al ser humano desde siempre porque responde a una necesidad profundamente arraigada en nuestra naturaleza.
A medida que volvemos a conectar con nuestro ser más profundo, también podríamos empezar a ver cómo la crisis mundial de salud mental comienza a disminuir. Durante décadas hemos depositado gran parte de nuestra esperanza únicamente en la medicación y en soluciones químicas para resolver problemas como la depresión y la ansiedad.
Sin embargo, quizá estas experiencias también puedan entenderse como señales que nos invitan a crecer, conectar con los demás y contribuir al mundo. Quién hubiera imaginado que, al final, es precisamente dando cuando realmente recibimos.
La paradoja
La paradoja de que una depresión pueda abrirnos a una transformación profunda es algo que no puede comprenderse sin una práctica espiritual sólida.
Nuestro cerebro no desarrolló por casualidad la capacidad de trascender, el evolucionó específicamente para hacer posibles estas experiencias porque aportaban beneficios para nuestra supervivencia y nuestro desarrollo.
El camino hacia adelante consiste en integrar la neurobiología con la espiritualidad, y desarrollar una inteligencia espiritual adaptada a la vida moderna, fundamentada tanto en la ciencia como en la realidad.
Mientras afrontamos desafíos como el cambio climático, la inteligencia artificial, la fragmentación social o la incertidumbre existencial, cultivar la inteligencia espiritual y la inteligencia contemplativa deja de ser únicamente un acto de crecimiento personal para convertirse en una necesidad colectiva para nuestro futuro.
La inteligencia regenerativa representa esa capacidad que siempre ha tenido la humanidad para regresar a sus valores esenciales. A pesar de los errores, las guerras y el sufrimiento que repetimos generación tras generación, siempre terminamos volviendo a la autenticidad, a la ética y a lo mejor de nosotros mismos.
Nuestro creador, del que hoy vuelven a hablar personas de ámbitos muy distintos, desde Elon Musk hasta figuras de Hollywood, nos recuerda quiénes somos realmente. Hemos sido creados a imagen de lo divino y nuestra naturaleza comparte esa misma esencia. Aunque desde el miedo somos capaces de crear destrucción, cuando regresamos a nuestro verdadero ser también somos capaces de crear una inmensa belleza.
El potencial de la belleza
La belleza salvará al mundo.
La belleza, la verdad y la bondad son, en esencia, todo lo que necesitamos conocer. Cuando nuestra percepción despierta, nos volvemos más creativos, más colaborativos, más éticos, más innovadores y más fuertes, todo ocurre cuando dejamos atrás un individualismo que ha ido demasiado lejos en nuestra cultura.
En realidad, todos formamos parte de una misma unidad.
La ciencia está empezando a demostrar que difícilmente encontraremos una felicidad duradera mientras no busquemos esa unidad y aprendamos a cultivarla. Al fin y al cabo, vivimos en un universo. La propia palabra universo puede entenderse como una única canción compartida por todos.
La ciencia está confirmando lo que la espiritualidad ha enseñado desde hace siglos, es también el mensaje que transmitía Cristo, no te conformes con el mundo tal como lo percibes.
Durante la primera mitad de la vida vivimos condicionados por redes neuronales y patrones mentales que creemos que representan la realidad, cuando en realidad solo constituyen nuestra percepción de ella. Es la percepción que nuestro cerebro puede sostener mientras aprendemos a sobrevivir en el mundo, por lo tanto, ese sufrimiento inicial era necesario.
Pero llega un momento en el que debemos trascenderlo, ese cerebro despierto ya está dentro de nosotros. No hace falta buscarlo fuera, no está en el norte, ni en el sur, ni en el este, ni en el oeste, está en nuestro interior.
Cuando aquietamos la mente de supervivencia, despertamos la dimensión contemplativa, intuitiva y creativa de nuestro ser, aparecen el amor, la bondad, la paciencia, la resiliencia, la perseverancia, el crecimiento y una creatividad mucho mayor de la que imaginamos posible.
Mira primero hacia tu interior y utiliza después el universo como un espejo para comprender lo que ocurre dentro de ti.
Un ejercicio sencillo consiste en contemplar un diminuto grano de arena y recordar que nuestro planeta no es mucho más que eso dentro de la inmensidad del cosmos, una pequeña esfera azul girando en el espacio.
No existe nada igual, de vez en cuando conviene detenerse a contemplar la inmensidad del universo para no olvidar que viajamos sobre esa pequeña esfera azul suspendida en el vacío. Todos esos planetas y todas esas galaxias... ¿crees que están ahí por casualidad? Lo mismo que sucede ahí fuera está ocurriendo también dentro de ti ¿para qué existirán todas esas galaxias? Hay una galaxia para cada persona que ha vivido hasta ahora, una galaxia entera.
¿Qué vamos a hacer con todo lo que existe ahí fuera? Utiliza el mundo como un espejo para descubrir cómo es realmente tu mente, cuánto más conocimiento adquirimos y más profundamente comprendemos la realidad, más cerca estamos de aquello que llamamos verdad, esa verdad es la que nos hace libres.
El miedo no es más que una falsa evidencia que parece real. La depresión, la ansiedad y las máscaras con las que construimos nuestra personalidad nos alejan de quienes somos. De hecho, la palabra persona proviene originalmente del concepto de “máscara”. Cuando empezamos a desprendernos de esas máscaras y eliminamos nuestras limitaciones, descubrimos una belleza inmensa en nuestro interior.
Es entonces cuando podemos reconocer a nuestro yo superior, a nosotros mismos y a los demás desde una perspectiva completamente distinta. Porque, al final, el despertar espiritual no es algo que venga de fuera, es una experiencia que siempre nace de dentro hacia fuera.
Como dijo Dostoievski, «la belleza salvará al mundo».
La belleza, la verdad y la bondad constituyen algunos de los pilares más profundos de la experiencia humana.
Al fin y al cabo, vivimos en un universo, un todo del que todos formamos parte.
Gracias por llegar hasta aquí, promoviendo la unidad, la inclusión, la comunidad y recordando que formamos parte de un todo, la bondad y compartir nuestros regalos más preciados, nuestras experiencias, puede salvar a otros,
un beso y un abrazo enorme,
Anyka
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