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Amiga Hablemos de Plata · Jun 1, 2026

Amiga, hablemos de Estados Unidos y China

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Amiga, Hablemos de Plata · Amiga Hablemos de Plata

Hola Amigas 👋

Antes de meternos en Trump, Xi, Taiwán y el delicado arte de pedirle favores a personas que pasaste años insultando, algunas novedades de la comunidad.

Primero: Barcelona. Todavía estoy procesando que el evento se agotó en menos de 15 minutos. QUINCE. MINUTOS. Como muchas se quedaron sin entrada, abrimos otra fecha para el 18 de junio. Si la primera se agotó más rápido que un piso de alquiler en Barcelona, yo no lo dejaría para último momento.

Segundo: este jueves 4 de junio presentamos la segunda edición en la Feria del Libro de Madrid. Caseta 300, Librería Le. de 19 a 21 horas. ¡Vengan! Tengo muchísimas ganas de conocerlas. Y para incentivar aún más la presencialidad en tiempos de algoritmos y pantallas, las que vengan se llevan de regalo la guía de negociación salarial.

Y ya que hablamos de libros: la segunda edición de Amiga, Hablemos de Plata ya está disponible en todas partes. Todas. Después de muchos meses de trabajo, ajustes y peleas varias con el universo imprentero, ya pueden conseguirla.

Tercero: estas semanas estuve de gira podcastera. Pueden escuchar la conversación hermosa que tuve con mi amiga Bárbara Lombardo acá. Y para las que se perdieron la presentación de la segunda edición en la Feria del Libro que compartí con la genia y amiga Victoria Viola, ya la subimos como episodio de Comadre.

Y hablando de podcasts, ya están disponibles los dos primeros episodios del podcast de Amiga. El próximo sale este jueves. Ya conocen el protocolo. Seguir el podcast. Compartirlo. Comentarlo. Realizar toda la danza algorítmica correspondiente.

Cuarto: este sábado tenemos el curso de intro a las inversiones, que está sold out. Pero se acaba de abrir una fecha más para el 20, early bird por una semana.

Ahora sí.

Hablemos de por qué el hombre más poderoso del mundo terminó viajando a Beijing a pedir un favor cual ex. Porque hay relaciones tóxicas. Y después están Estados Unidos y China.

Durante años vivimos con una narrativa bastante cómoda: China crece, Estados Unidos resiste, y el mundo espera ver quién gana. La reunión entre Donald Trump y Xi Jinping en Beijing hace dos semanas hizo algo que las narrativas cómodas no suelen tolerar: cambió todo. Hace veinte años el tablero era más simple: Estados Unidos fijaba las condiciones y el resto del mundo decidía cuánto estaba dispuesto a protestar antes de adaptarse. Nada de eso desapareció del todo, pero tampoco sigue intacto. China es EL gran jugador de las últimas dos décadas

Por eso Trump llegó a China en una posición que, hace quince años, hubiera sido impensable para cualquier presidente estadounidense: la de quien necesita algo.

El tema es que Trump se mandó entera con Irán. No sabe, ni puede terminar el conflicto que el mismo empezó. Irán literalmente acaba de cerrar toda negociación. La situación escaló, los mercados se pusieron nerviosos, la Casa Blanca sintió la presión. Y China es uno de los pocos actores con influencia real para desactivar el conflicto. Tiene relaciones comerciales, diplomáticas y estratégicas que Washington ni posee ni puede comprar. Y China tenía por qué recibirlo con paciencia.

Mientras buena parte de Occidente discutía si iba a convertirse en una amenaza, China hizo algo bastante menos dramático y bastante más eficaz: construyó influencia. Se convirtió en el principal socio comercial de gran parte del planeta, financió infraestructura desde África hasta América Latina y acumuló suficientes palancas como para que ignorarla dejara de ser una opción.

Después de años construyendo toda una carrera política sobre lo peligrosa que era China, Trump aterrizó en Beijing. A pedir ayuda. Todos conocemos a alguien que pasó años hablando mal de una persona hasta que un día necesitó pedirle un favor. Generalmente esa conversación no empieza con un exceso de orgullo. Xi lo recibió con la serenidad de alguien que sabe perfectamente quién llamó primero. Escuchó el planteo sobre Irán. Se comió unos wontons, y después habló de Taiwán.

La secuencia no fue casualidad. Fue negociación clásica: te escucho en lo tuyo si vos me escuchás en lo mío. Para China, Taiwán es una herida histórica que el Partido nunca cerró. Eso no es nuevo. Lo nuevo es la urgencia: en plena revolución de IA, Taiwȧn fabrica el 90% de los semiconductores más avanzados del mundo. Es como el petróleo de los 90s. Xi quiere la reunificación histórica, sí. Pero también quiere los chips. Sobre todo, quiere los chips. En 2025, las dos cosas se volvieron la misma cosa.

Estuve tres semanas en China y volví con una sensación extraña. Vi dos realidades que no deberían coexistir y sin embargo coexisten. Vi gente haciendo cola para entrar a marcas locales de lujo como Songmont. Marcas chinas que hace una década eran irrelevantes frente a Louis Vuitton o Gucci y que hoy tienen seguridad en la puerta. Louis Vuitton, quién sos, hola Songmont.

El orgullo nacional de consumo de marcas chinas es real, y no es por decreto de Xi.

Y al mismo tiempo vi deflación. No sólo en los números, en la calle. Locales vacíos, menos movimiento, una quietud difícil de explicar si uno solamente mira las cifras oficiales. Las dos cosas son ciertas. China parece más segura y orgullosa de sí misma que nunca y al mismo tiempo enfrenta problemas económicos que no son menores: el sector inmobiliario sigue siendo un lastre, el consumo interno es grande pero no termina de despegar de todo. Un país puede atravesar dificultades económicas y ser EL player económico a nivel global hoy, al mismo tiempo. La historia está llena de ejemplos. Pero los gobiernos necesitan ofrecer una narrativa sobre el futuro, porque pueden pedir paciencia, lo que no pueden hacer es pedirla para siempre. Taiwán cumple esa función: es una promesa histórica, un objetivo político y un activo estratégico, todo al mismo tiempo. Por eso Xi escuchó a Trump con tanta paciencia, como quien escucha a un ex arrepentido. Estos dos, se necesitan mutuamente.

Lo interesante no es quién ganó la cumbre. La obsesión por encontrar un ganador es una forma bastante infantil de leer la política internacional. Claramente no estamos hablando de una final de la Champions. Probablemente ninguno haya obtenido exactamente lo que buscaba. Así funcionan las negociaciones entre partes que tienen poder real: nadie capitula, todo el mundo cede algo, y el resultado final se parece bastante menos a una victoria que a una convivencia forzada.

La imagen más importante de la reunión no fue ninguna de las que aparecieron en los diarios. Fue algo mucho más simple: la dirección del vuelo. Trump viajó a Beijing. No al revés. Las personas realmente poderosas tienen una costumbre bastante marcada: hacen que los demás vayan a verlas.

Nos leemos la próxima 👋

Taiwán
Isla que funciona como un país independiente desde hace décadas, pero que China considera parte de su territorio. También fabrica gran parte de los chips más avanzados del mundo, así que cuando alguien menciona Taiwán, probablemente está hablando de historia, nacionalismo o tecnología. A veces de las tres cosas al mismo tiempo.

TSMC
La empresa más importante de la que probablemente nunca escuchaste hablar. Fabrica los semiconductores avanzados que usan desde los iPhone hasta los modelos de inteligencia artificial.

Semiconductores (chips)
El petróleo del siglo XXI. Sin ellos no funcionan los teléfonos, los autos, la inteligencia artificial ni buena parte de la economía moderna.

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Read the original on amigahablemosdeplata.substack.com

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