Hola Amigas 👋
Otra vez por acá, pero es que el mercado está en una y no nos está dando un respiro.
La feria del libro de Madrid estuvo lindísima. Ya vamos a anunciar un evento por allá antes de que se vayan todas de vacaciones.
El curso Cómo empezar e invertir (sin volverte loca) sigue en Early Bird hasta hoy, no se duerman.
Podcast! Pueden escuchar el episodio tres acá. ¿Interpeladas, todas? Un poquito.
Muchas me preguntan por el libro, les dejo el link por acá. Ya se consigue en todo el mundo.
Sin más, vamos a lo que nos compete hoy. El mercado, ¿es ese jefe malo al que nada le parece suficiente? Parece que sí.
El viernes pasado pasó algo fascinante. Una empresa anunció que sus ingresos vinculados a los chips de inteligencia artificial crecieron 143%. Ciento cuarenta y tres por ciento. No, no es un error de tipeo.
No creció 10%. No creció 20%. No duplicó las ventas de estos chips. Creció 143%.
Y el mercado la castigó igual.
En cualquier otro planeta, una empresa que crece 143% recibe aplausos. En Wall Street recibe una auditoría emocional. A primera vista parece absurdo. Pero en realidad es una de las lecciones más importantes que una inversora puede aprender.
Primero, porque la bolsa no premia resultados. Premia expectativas.
Si una empresa gana 100 y el mercado esperaba 80, festeja. Si gana 100 y el mercado esperaba 120, castiga. No importa únicamente lo que pasó. Importa la distancia entre la realidad y las expectativas (o en este caso, podríamos decir, las fantasías).
Wall Street tiene algo de ese jefe imposible de complacer. Entregás el proyecto antes de tiempo y pregunta por qué no fue antes. Superás el objetivo y pregunta por qué no fue más alto. Conseguís un crecimiento del 143% y la respuesta es: sí, pero esperábamos más.
El tema es que cuando una narrativa se vuelve demasiado popular, la fantasía empieza a crecer más rápido que la realidad. Eso es lo que estamos viendo con la inteligencia artificial. No porque la IA sea humo. No porque las empresas estén mintiendo. Todo lo contrario, producen ganancias y los resultados son reales. El problema es que las expectativas se volvieron tan grandes que incluso resultados extraordinarios empiezan a parecer meh.
La empresa en cuestión fue Broadcom. Números excelentes. Pero el mercado ya había descontado un futuro casi perfecto. El tema es que cuando crecer 143% deja de ser suficiente, el problema probablemente ya no esté en la empresa. El problema es que el mercado empezó a exigir milagros. Y ahí, Amigas, tenemos un problema.
Ese mismo día se publicó el informe de empleo de Estados Unidos. La economía creó más empleos de los que esperaba el mercado. Para cualquier persona normal, eso suena como una buena noticia.
Hasta Trump lo celebró en sus redes. Algo así como: *esto debería ponerlos contentos.*
Errrrr, no fue así. La economía creó más empleo del esperado. En el mundo real eso suele considerarse una buena noticia. En Wall Street fue interpretado como una amenaza. Traducción: El informe dijo que la economía sigue fuerte. Wall Street escuchó: la Fed no va a bajar las tasas de interés pronto.
Y acá vale detenernos un cachito y entender por qué. (Buscate un cafecito).
Cuando la gente tiene trabajo y gasta, los precios suben. Eso es inflación. Y para frenar la inflación, la Reserva Federal —el banco central de Estados Unidos— sube las tasas de interés. Tasas altas significan que pedir dinero prestado cuesta más. Hipotecas más caras. Crédito más caro. Empresas que se financian más caro. Todo se vuelve más lento, menos crecimiento. Y esto hace que el mercado, baje.
Por eso, Wall Street quiere que a la economía le vaya bien. Pero no TAN bien para que la Fed no toque los tipos de interés. Suena absurdo, lo sé. Lo es. Pero así funciona. Hay algo profundamente cómico en un mercado que pasa de preocuparse por una recesión a preocuparse porque la economía funciona demasiado bien.
Por eso cayó el Nasdaq. Por eso sufrieron las tecnológicas. Por eso retrocedió Bitcoin. Por eso incluso el oro perdió terreno. No fue una crisis. No cambió la economía ni la tesis de la inteligencia artificial ni el mundo. Lo que cambió fue el humor del mercado.
Y el humor del mercado venía siendo extraordinariamente optimista, descontando una combinación casi perfecta: quería inflación baja, tasas bajas, crecimiento económico fuerte, beneficios empresariales disparándose y una revolución tecnológica en marcha. Básicamente quería dieta, gimnasio y helado todos los días. Cualquiera sabe que eso es imposible.
Este lunes pasado, el mercado rebotó. El Nasdaq recuperó cerca de 1,5%. Alivio geopolítico, dijeron. Irán frenó operaciones militares. El petróleo bajó. El sentimiento mejoró. Pero ojo con la trampa.
Un rebote después de una caída no es una señal de que todo volvió a la normalidad.
Las preguntas de fondo siguen abiertas.
¿Las expectativas sobre la IA siguen siendo demasiado grandes?
¿La Fed va a bajar las tasas o no? Wall Street lleva meses esperando la baja de tasas como quien espera un mensaje de una ex que claramente ya siguió con su vida y está en otra.
Más que preocuparse por la caída del viernes o el rebote del lunes, a Amiga le preocuparía más un escenario en el que el mercado hubiera seguido subiendo en línea recta con desenfreno. Eso sí es insostenible. Las correcciones duelen un poquito pero cumplen una función importante: le recuerdan a los inversores que el riesgo sigue existiendo. Le sacan dos, tres puntitos de euforia al sistema. Y vuelven a conectar los precios con la realidad.
Porque cuando una acción sube demasiado durante demasiado tiempo, el riesgo no desaparece. Simplemente dejamos de verlo. Y eso, es lo más peligroso.
Hace menos de un año el mercado estaba convencido de que venía una recesión. Hoy está preocupado porque la economía genera demasiado empleo. Si alguna vez necesitaban una prueba de que los mercados no son racionales, ahí la tienen. O, dicho de otra manera: Wall Street es probablemente el único lugar del mundo donde una empresa puede crecer 143%, la economía puede crear empleo y aun así alguien encuentra una razón para quejarse.
Nos leemos la próxima 👋
Corrección
Una caída temporal del mercado después de una suba fuerte. No es necesariamente una crisis. Es el equivalente financiero a recordar que la gravedad existe.
Nasdaq
Uno de los principales índices bursátiles de Estados Unidos. Está muy concentrado en empresas tecnológicas, por eso suele usarse como termómetro del sector.
Fed (Reserva Federal)
El banco central de Estados Unidos. Decide las tasas de interés y, nos guste o no, tiene influencia sobre prácticamente todos los mercados del mundo.
Tasa de interés
El precio del dinero. Cuando las tasas suben, endeudarse cuesta más. Cuando bajan, pedir préstamos se vuelve más barato.
Descontar (o "el mercado ya lo descontó")
Cuando los inversores creen que algo va a ocurrir en el futuro y compran o venden activos antes de que suceda. Cuando finalmente ocurre, la noticia deja de sorprender.
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