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La vida y sus cosas · Feb 14, 2024

"Del ataúd a la cometa"

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La vida y sus cosas · La vida y sus cosas

 “DEL ATAÚD A LA COMETA”

Tengo una contradicción. Otra más. La vida y sus contrastes.

A veces pienso que no tengo tiempo de releer libros. Me quedan demasiados por descubrir, así que suelo recordarme que el tiempo es limitado y debo dejar espacio a lo nuevo. Los libros ya leídos tuvieron su momento.

Otras veces me da por pensar que verdaderamente leemos cuando releemos, máxime con cabezas algo dispersas como la mía. A veces paso por alto detalles importantes, perlas que no había detectado en esa primera lectura.   

Hace unos días, en un arrebato “Kondo” encontré por casa “Del ataúd a la cometa”, de Carlos Andreu, y tuve el impulso de volver a leerlo. Quizás la nostalgia tuvo algo que ver. Este libro me ayudó mucho en su momento, así que tenía curiosidad por bucearlo con otra mirada, la que nos brinda la experiencia, el camino recorrido, los aprendizajes de todas las veces que, entretanto, nos hemos ido cayendo y levantando.

Conocí a Carlos en una conferencia en Pamplona. A la salida compré su libro, me lo dedicó con cariño y lo leí entusiasmada. Creo que aquel fue mi primer contacto con el crecimiento personal.

Pasados unos meses, contraté a Carlos para dar una charla en un evento de mi empresa. Sentía que había que difundir su teoría, el mundo necesitaba conocer la diferencia abismal entre la cometa y el ataúd. Recuerdo que me impactó su claridad y contundencia en la manera de enfocar la vida.

A lo largo del libro destaca la importancia que tiene trabajar nuestra actitud, echarle ganas a la vida, transitar con calma y paciencia lo negativo -teniendo claro que “eso también pasará”- y poner siempre el foco en todo lo bueno que tenemos a nuestro alrededor. Ya lo decía Francis Bacon “La belleza está en los ojos de quien mira”.

Carlos aclara en repetidas ocasiones que conseguir una vida feliz no es tarea fácil, pero en nuestra mano está ponerle ganas, ignorar la pereza y vivir amarrados a una cometa o, por el contrario, ser unos zombies malviviendo en un ataúd.

Toda esta teoría puede parecer “de perogrullo”, pero si miramos a nuestro alrededor, no es que abunden las cometas. Estamos rodeados de ataúdes y deberíamos alejarnos de ellos, que todo se contagia menos la hermosura. 

Desde 2009 ha llovido mucho. En estos catorce años he podido comprobar que, si bien he transitado por esa fase donde solemos tener una especie de obsesión por el desarrollo profesional, por demostrar “al mundo” nuestra valía e implicación, no podemos perder de vista la importancia que tienen también la salud, la familia y las amistades.

El secreto de todo está en el equilibrio, así reza la entrada de mi newsletter.

Quizás este libro, sencillo de leer y tremendamente valioso, me dejó grabada esta filosofía tan simple y al mismo tiempo tan compleja, teniendo en cuenta el ritmo caótico de este mundo -de productividad desmesurada- en el que nos ha tocado vivir. En tiempos de nuestros abuelos la vida era más lenta, se saboreaba todo más. “Hacer un poquito de nada” era algo cotidiano y nadie se sentía mal por ello. La familia y los amigos tenían más protagonismo.

Carlos en su libro nos advierte lo fácil que es desdibujar la cometa y convertirla en ataúd.

Y a estas alturas te estarás preguntando a qué se refiere Carlos con estas metáforas. Pues el secreto consiste en que debemos prestar atención y poner intención en los cuatro pilares más importantes de nuestra vida (familia, amigos, salud y trabajo). Esa es la clave para poder vivir en la cometa.

Para saber si estás más cerca de la cometa o del ataúd, solamente tienes que dibujar una cruz en un papel. Escribe en cada una de las esquinas los cuatro pilares. Valora cómo te ves en cada uno de ellos, puntuando del uno al diez.

Si tu ego te lleva a dejarte la piel en el trabajo, seguramente valorarás tu dedicación profesional con un nueve, apenas te quedará energía ni tiempo para dedicar a la familia, los amigos y la salud. Esto arrojará irremediablemente (el tiempo es limitado) como mucho un cuatro en los otros tres pilares. Une los puntos. Sí, lo que imaginas, la imagen resultante es la de un ataúd.    

¿De qué sirve ser un gran profesional si tienes prácticamente “abandonados” a tu familia, tus amigos y tu salud?

La idea fuerza de este libro es precisamente que lo más importante para ti, sea realmente lo más importante.

Esta reflexión me hizo reconfigurar mi vida en 2009 y a día de hoy me lo sigo recordando de vez en cuando. Por algo el verbo recordar significa “volver a pasar por el corazón”.  

La vida es solamente una y ya nos avisa también Oliver Burkeman en su libro “Cuatro mil semanas. Gestión del tiempo para mortales” que tenemos un tiempo limitado y debemos dedicarlo a todo aquello que verdaderamente es importante para nosotros. ¿Hacer scroll infinito en Instagram es importante para ti? Tú decides.

A veces vivimos en piloto automático, nos metemos en la rueda de hámster y no somos conscientes de que  deberíamos poner el foco en todo aquello que es nutritivo para nosotros, tanto en el plano físico -a través de una alimentación equilibrada, el autocuidado y el ejercicio-, como en el emocional -dedicando atención y tiempo a nuestro bienestar y el de nuestros seres queridos- y también en el plano espiritual -tratando de conocernos mejor a nosotros mismos, examinándonos diariamente sobre nuestras actitudes, pudiendo reconducir a tiempo si por lo que sea avistamos el ataúd, que la cabra siempre tira al monte-.

El trabajo es un medio para obtener un fin (seguridad, tranquilidad económica…) pero no puede ser que el fin justifique los medios porque entonces estaremos descuidando nuestra salud -no podremos hacer ejercicio, practicar yoga, pasear-, terminaremos agotados para charlar con nuestra pareja o dedicar un rato a nuestros hijos y tampoco nos quedará energía para cuidar a nuestros amigos, esos que en los momentos “menos buenos” estarán a nuestro lado, siempre y cuando los hayamos cuidado nosotros también. No esperemos encontrar cobijo en alguien que no se ha sentido cobijado en su momento.    

Además tenemos la extraña certeza de que nos queda mucho tiempo por delante, que ya llegará el momento de estar más tranquilos y trabajar menos, pero no nos damos cuenta que la vida va pasando y a veces, muchas veces, el camino termina antes de lo previsto. Deberíamos ser conscientes de ello y tratar de buscar siempre el equilibrio que nos proporciona la cometa.

Ya nos lo avisó también Bronnie Ware, enfermera australiana que compartió los cinco grandes arrepentimientos que tienen las personas en su lecho de muerte. Y aquí van los cinco “ojalás” que deberían también hacernos reflexionar:

  • “Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que otras personas esperaban que hiciera”.

Deberíamos saber qué nos gusta hacer a nosotros (no a otros) y dedicarle tiempo -aunque sea media hora cada día-. A esta vida hemos venido a disfrutar. Muchas veces se nos olvida.

  • “Ojalá no hubiera trabajado tanto porque eso, decían, les había hecho perder el equilibrio y como resultado, habían perdido muchas cosas en su vida”.

Qué fantasía dedicar al trabajo el tiempo necesario, ni más ni menos. Que lo más importante sea lo que realmente nos importa.     

  • “Ojalá hubiera tenido el coraje de hablar y decir que no me gustaban esas cosas”.

Entiendo que se refiere a todo lo que a veces tragamos por no molestar a los demás y es que realmente no es responsabilidad nuestra lo que otros piensen, sientan o digan.

  • “Ojalá hubiera vuelto a ver a viejos amigos con los que recordar momentos de nuestra vida, pero no hice el esfuerzo de encontrarlos”.

Como dice Carlos, es primordial dedicar tiempo y ganas también a nuestros amigos.

  • “Ojalá hubiera tenido el coraje de hablar con algunas personas y decirles lo que realmente sentía por ellas”.

No esperemos a que sea demasiado tarde para decir cosas bonitas a otras personas.  

Como trata de alertarnos también Bronnie, la vida está pasando hoy y ahora es el momento de vivirla. Su principal mensaje es que todos nos vamos a morir y si en este momento nos arrepentimos de algo, tratemos de solucionarlo ahora.

Al final de la vida, el examen no será sobre cuántas horas, energía o esfuerzo dedicamos a este o aquel proyecto profesional sino sobre nuestro grado de satisfacción con la VIDA que hemos vivido, el amor que hemos recibido y, por encima de todo, el autoamor que nos hemos regalado y el amor que hemos dado a los demás

Nuestra vida debe estar centrada en la acción (más vale un grano de hacer que un kilo de decir), la actitud (siempre positiva) y la responsabilidad (para poder enfrentar las consecuencias de nuestras decisiones).

Con estos tres ingredientes podremos alcanzar la ansiada cometa.   

Y hasta aquí mi reflexión sobre el libro de Carlos que, como veis, recomiendo muchísimo.

Leerlo de nuevo, catorce años después, me ha servido para darme cuenta de que su filosofía me ha estado acompañando, sin ser muy consciente de ello, en cada paso, en cada etapa. 

Recalculemos ruta siempre que veamos de reojo que se nos escapa la cometa.

¡Gracias Carlos!  

Seamos siempre cometas 🪁

Amaya

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Read the original on amayavillanueva.substack.com

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