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Leer por leer · Dec 21, 2025

Una historia de amor

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Amaya Ascunce · Leer por leer

La primera vez que lo escuché iba en un panda camino del río para bañarme. Hacía mucho calor. Yo llevaba puesta una camiseta blanca cuyo principal atractivo es que se me caía de un hombro, lo que me parecía moderno y desorganizado, también llevaba una falda arrugada, sandalias de dedo y un pañuelo de estrellas. Tenía 17 años. Conducía el novio de una amiga que puso la cinta en aquel coche diminuto, prieto y caliente. Yo sudaba y estaba feliz y llevaba un melón sobre las piernas y sonó ‘¿Dónde están mis amigos?’, y pensé que ahí mismo, camino del río.

Nos bañamos en una poza fría y comimos un melón (después de ahumarlo) y volvimos tersos, felices y cantando.

Que a codo con la sinrazón, voy navegando
Que a codazos con mi corazón, voy dando tumbos
Que encuentro un poco de calor, hoy no me derrumbo
Que hoy la vida me sonríe demasiado para mí

La camiseta, que se me caía del hombro y la piel roja, tirante, y algo de dolor de cabeza y los pies fríos, y la chaqueta, porque en Pamplona siempre hay que llevar chaqueta incluso al río, y yo pensé que la vida era eso y que aquella voz fea y rota me hablaba a mí, porque hablaba mi idioma y el de mis amigos.

Luego volví a casa y sentí que en aquella tarde en el río había cumplido varios años más y ya tenía más de 20, o 22, o casi 30. Pero mi padre me dijo que estaba idiota y que olía a perro mojado, y era verdad, o casi verdad, porque descubrimos que en ese río, unos kilómetros más arriba, unos gitanos bañaban a sus caballos todos los días, porque a los animales les iba bien el fresco. Me duché con el asco de otros porque a mí los caballos me gustan.

Así que otro día caluroso nos montamos en otro coche pequeño y destartalado y nos fuimos a una charca, que algunos decían que era un lago, pero esos tenían mucha imaginación y optimismo, tanta, que incluso hacían windsurf en aquella poza grande, cuando era una balsa artificial que olía al líquido de los botes de conservas, al menos hace 30 años. Nadie metía caballos allí dentro, pero te daba un asco que te morías el pisar aquel barro de agua estancada del fondo, que era como arcilla, lentejas y Blandiblub. Yo me tiraba en plancha solo para no tocarlo y trataba de salir levitando, porque tenía 17 años, y a los 17, si quieres, levitas. Y comíamos otro melón y sonaba:

Si hay un hombre que tiene el corazón de viento
Llenádselo de piedras
Y hundidle la rodilla sobre el pecho

Pero hay que tajar noche
Tajos de luz para llegar al alba
Y acuchillar los muros de las heridas altas
Y ametrallar las sombras con la vida

Y yo te juro que sentía que el mundo entero era para mí. ¡Para mí!

Nunca he sido fan de nada, pero Extremoduro y Robe han sido la banda sonora de mi vida. Por primera vez, me ha dado pena que un artista que no conozco muera. He entendido que eso significa que no va a haber canciones nuevas que sumar a esta historia de amor. Y esa historia de amor la compartimos muchos. Yo también me he sorprendido de la avalancha de comentarios sobre la muerte del Robe. Me ha sorprendido también la indignación de todos aquellos que lo sentían solo suyo, pero me ha parecido algo precioso que tanta gente pensara eso, que les hablaba solo a ellos, que ellos lo descubrieron antes, que sabían mejor sus letras, lo entendían mejor y, sobre todo, que lo querían de verdad.

También han saltado los defensores del canon punk rock, como si hubiera que ser antisistema para que te gustara, como si esos mismos no escucharan “prefiero ser un indio que un importante abogado” yendo a trabajar de 9 a 6 en coches híbridos o a buscar a los niños del cole. Pero a mí, eso me parece lo increíble, que yo haya gritado “Pepe Botika” y que en este 2025 siga siendo el grupo más escuchado en mi Wrapped de Spotify, aunque no vaya al río, ni lleve un melón entre las piernas. Todavía, me habla a mí. La Amaya de los 17 todavía sigue aquí dentro. Me imagino que como todos vosotros.

Amaya Ascunce

P. D. 1 Ya sé que habéis leído ocho mil obituarios y posts de IG a estas alturas, pero lo he escrito “como me ha salido de los cojones”.

P. D. 2 “El miedo es como el rencor, que si lo dejas, se lo lleva todo” fue lo que me dijo Bibiana. Que descanso.

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La idea de ti.

Rita Bonita, Gato Gordo y el fin de mundo.

Cómo no ser una drama mamá.

En la cocina con la drama mamá.

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