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Leer por leer · Nov 23, 2025

La misma película

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Mi hija siempre quiere ver las películas que ha visto antes.

Mi hija siempre quiere ver las películas que ha visto antes. Le produce seguridad saber qué sucede. Da igual que se sepa de memoria los diálogos. Ella repite. Es su zona segura. Intento convencerla de que si nunca hubiera hecho el esfuerzo de ver algo nuevo, solo habría visto una película en toda su vida. A veces transige y sumamos una nueva para ver en bucle. Estamos con las guerreras K-pop a tope. No es la peli más terrible sobre historias de amor, pero tiene el fondo del drama, de la conquista, de gente que se trata mal pero luego se quiere mucho, del sacrificio y la soledad. Un poco el “para amar hay que sufrir” y “los que se pelean se desean”.

Recuerdo esta cita de Alta Fidelidad de Nick Hornby:

“Hay quien se preocupa, y mucho, de que los niños pequeños jueguen con armas de fuego, de que los adolescentes vean vídeos en los que la violencia es moneda corriente; nos da miedo que esa especie de cultura de la violencia termine por tragárselos como si tal cosa. A nadie le preocupa en cambio que los niños escuchen miles, literalmente miles de canciones que tratan siempre de corazones destrozados, de rechazos y abandonos, de dolor, tristeza, pérdida”.

¿Cómo son las historias de amor que enseñamos a los niños y a las niñas? ¿Se puede enseñar a querer bien?

“No sabía cómo enfadarme con Jaime sin que todo se volviese en mi contra”. Esta frase es de Comerás Flores, de Lucía Solla Sobral. Me ha gustado el libro. Arranca así:

El día en el que mi padre murió, hacía sol y yo tenía hambre. Mi padre murió y bajé a Frida a hacer pis. Mi padre muerto y yo lavándome el pelo, eligiendo pendientes, probándome blusas. Ese día tuve que comprar el pan exactamente como cada día, ni muy tostado ni muy crudo, tender la ropa a la vuelta del tanatorio y ponerme los retenedores antes de dormir. Esa noche, vi a mi sobrino llorar y reír. Yo también lloré y reí. No sabíamos qué hacer con tanto dolor en los pulmones. Por las mañanas, me despertaba como si me hubiese quitado un peso de encima. El de la espera constante a la muerte desde la silla para las visitas. Papá había muerto y ya no tenía que esperar a que muriera.

Recuerdo esa sensación. Cuando mi padre estuvo enfermo, no quería ir al baño porque me parecía horrible estar haciendo pis y que él muriera. Se me iba a quedar siempre ese recuerdo. Era ese choque entre lo cotidiano, lo mundano, y aquello tan horrible que nos iba a pasar. Porque todos sabíamos que nos iba a pasar.

Después de la muerte de su padre, la protagonista conoce a un hombre 20 años mayor y se enamora. Pero toda la atención de él es una trampa de algo que hemos creído que se parece al amor. Pero no. Leía la historia y pensaba cuantas mujeres conozco que han pasado por relaciones así, donde cada vez se hacen más pequeñas. El novio se enfada mucho y se queda en silencio. Es un tipo de enfado que nunca he sabido gestionar porque en realidad es un castigo. No te hablo y te dejo viviendo en la incógnita de tu propia culpa. El enfado se vuelve algo a evitar, no es una resolución de un problema, no es algo que acordar, mejorar, cambiar, aceptar. Es una línea pintada en el suelo que te deja fuera. Y solo cuando el otro decide que vale, se rompe la línea. Y tú entras de nuevo a tu vida sin tener ni idea de cuándo vas a cruzar esa línea de nuevo, ni qué lo provoca.

Cuando me eché mi primer novio, mi padre, poco dado a charlas emocionales conmigo, me regaló un libro sobre el buen amor tranquilo. No dijo nada más y yo no leí el libro. Qué sabrán los padres de enamorarse con 17 años, pensé. Tú que tienes una relación aburrida y estable desde hace 30 años y ese escritor con su matrimonio de comida los domingos. Llevaba años de canciones, películas e historias más cerca de “los que se pelean se desean”.

Nick Hornby dice en Alta Fidelidad que existen dos tipos de personas en el mundo las felices, y las que al dejar una relación con 26 años piensan que van a morir solas.

Mi padre decía que existen todos tipos de personas en el mundo: las que al abrir una botella de vino quitan el corcho del sacacorchos, y los que lo dejan. Le pregunté que significaba dejarlo y me dijo que no lo sabía, pero lo que era seguro es que otra persona lo tenía que quitar después. Creo que ha sido la mayor lección sobre el amor que he recibido.

Amaya Ascunce


P. D. 1 Tengo un nuevo amor. Huele a flores blancas y leche, pero no es leche. A crema de ducha y a un pañuelo de seda al cuello cuando te lo quitas y está caliente. Se llama Tana Meadow y lleva rosa y vainilla también pero no se parece en nada a un perfume de rosa y vainilla. Es un perfume de los que se huele cerca. Espero que me dure el amor. Para las que sois de cítricos fresquitos, que me escribís muchas pidiendo milagros: cítricos que duren. LBTY tiene uno muy rico que estuve oliendo varias horas después en mi muñeca: Liberty Maze. Es como una versión adulta de los perfumes de bebé. El precio también es adulto, lo sé.

P. D. 2 Esta newsletter es como si tuviera un hilito suelto del jersey y empiezo a tirar. A veces, muchas, escribo así porque pienso así.


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