Estoy segura de que has pensado más de mil veces: no voy a poder salir de esta, o no puedo más. Una enfermedad, un fracaso, una pérdida…
Cuando vienen mal dadas, cuando nada funciona como queremos o creemos que debe funcionar, cuando la vida nos golpea con fuerza, sentimos que no lo vamos a poder soportar, que, definitivamente, nos romperemos. Pero no es verdad. Aquí sigues.
Y ver las cosas de esa forma trágica nos hace muchísimo daño… Nos impide tomar decisiones importantes, nos aferra a relaciones dañinas, consigue que aplacemos proyectos y cambios necesarios para mejorar y que vivamos con el miedo constante a tener que pasar por algo que, pensamos, no podríamos soportar.
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Sí, otra vez el miedo. ¡Pero resulta que somos más fuertes que él!
Claro que las cosas feas que nos pasan nos van moldeando, convirtiendo en una persona diferente.
Cambiamos como resultado de lo que nos ocurre, por efecto del dolor, que además, va dejando cicatrices; pero todas esas experiencias son, a pesar de las dificultades y problemas que acarrean, un auténtico aprendizaje que nos proporciona los recursos necesarios para vivir con el menor sufrimiento posible, para comprender que las situaciones indeseables pueden aparecer, van a aparecer (no puede estar todo perfecto siempre), y que, cuando lo hagan, no nos pillarán desprevenid@s, sino fuertes y con las armas necesarias para combatirlas.
Tenemos una extraordinaria capacidad para adaptarnos, eso lo sabemos tod@s.
Puede que no tengamos la fuerza de un ciclón, ni la robustez de un árbol, pero poseemos una energía inmensa, un poder capaz de hacer que nuestro cuerpo cicatrice las heridas sin que tengamos que pedirle que lo haga, una sabiduría enorme que transforma nuestra emoción en obras de arte, un conocimiento que mantiene vivo el pasado y atrapa el futuro…
Somos poderos@s. ¿Cómo no vamos a superar cualquier cosa que nos pase?
Sólo tenemos que utilizar esa grandeza, esa sabiduría, a nuestro favor. Tenemos que hacer bien las cosas. Porque el sufrimiento existe, pero en nuestras manos está aplacarlo lo antes posible. No tiene sentido sufrir doblemente anticipándonos a los acontecimientos, por ejemplo. Ni imaginar un futuro terrible cuando, realmente, no tenemos ni idea de lo que va a ocurrir ni tampoco sabemos si, de ser verdaderamente horrible lo que nos espera, vamos a salir mejor o peor parados de ello.
Si lo queremos, encontraremos motivos para reír, ilusiones, amor y todo lo necesario para sentirnos perfectamente bien.
Todos somos resilientes, no es algo reservado para l@s valientes. Nadie es incapaz de levantarse, siempre existe la manera de hacerlo, aunque necesites ayuda, te levantarás. Aunque te lleve tiempo, acabarás conociendo los trucos para no caer demasiado a menudo.
Haz memoria. Recuerda alguna dificultad por la que pasaste hace años. Recuerda cómo te sentiste entonces y cómo te sientes recordándola ahora. En aquel momento de tormenta creerías que no había solución, que todo estaba perdido, que habías fracasado y que el dolor nunca te abandonaría. Pero no fue así. Pudiste con él, ganaste. Porque por grande que fuera ese dolor que viviste, tú eres más fuerte, mucho más, aunque el miedo se empeñe en engañarnos.
Ahora, IMPORTANTE:
No podemos evitar el dolor, pero sí podemos confiar en nuestra capacidad para atravesarlo. Esto no va de caminar esquivando el sufrimiento, sino de aprender a construir tu plan de defensa.
Así que cuando llegue la próxima tempestad, porque tarde o temprano llegará, acuérdate de esto:
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ERES MÁS FUERTE DE LO QUE CREES. SI ASÍ LO QUIERES, PUEDES CON TODO.

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