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el arte de perderse · May 5, 2026

Entre hablar o morir prefiero la copa de vino

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el arte de perderse · el arte de perderse

“Que todo pasa. Que la vida de repente me alcanza. Que estoy cansada. Mi mente necesita de calma.” — Carla Morrison

Odio el sabor del alcohol en mis labios, el olor que desprende cuando destapo la botella y como quema mi garganta mientras lo trago.

Odio como hace que mi cabeza se sienta hueca y como mis palabras pierden sentido mientras trato de formar una oración coherente.

Odio la vergüenza del día siguiente cuando recuerdo todas las cosas que dije y los actos imprudentes que realicé.

Pero me gusta que entre más me hundo entre la desconexión de mi realidad te encuentro flotando como la neblina de ese día nublado en invierno, estás ahí entre la fina línea de la oscuridad donde mis pensamientos más prohibidos se almacenan. Observas cada cosa que hago y juzgas cada palabra que emulan mis labios. Mientras finjo escuchar lo que alguien me dice huyo a tu lado y recuerdo esos momentos en los que me querías, en los que tu deseo por mi te impulsaba a elegirme y mostrar interés.

Me gusta irme a dormir con la cabeza dando vuelta intoxicada por la cantidad de licor que ingerí porque mientras el mundo da vueltas y mi cabeza cae en la almohada puedo sentir tus manos de nuevo en mi cintura, tus labios en mi cuello y tu boca pronunciando tu deseo por mí. Mientras vuelvo a vivir el pasado ya no son lágrimas las que caen por mis mejillas, es una tonta sonrisa la que ilumina mi alma carente de espíritu.

Me gusta irme de aquí, de este presente en el que ya no estás, de una realidad en la que no me elegiste porque ya han pasado meses pero tu ausencia sigue quemando como el primer trago de alcohol.

Me gusta recordarte de la única forma en la que no quemas porque el vino arde más cada vez que elijo seguir viviendo de los momentos que te tuve.

Y de repente me hiciste entender por qué el alcohólico elige una botella como salida fácil y te odio por hacerme elegir entre mi conciencia y tu recuerdo, te odio por hacerme sentir tanto que ahora añoro tu recuerdo por más falso que sea, te odio porque cada vez que despierto al día siguiente no es solo el malestar físico el que me acompaña también es tu pérdida porque por cada noche que te recuerdo hay una mañana en la que te tengo que volver a soltar y la herida no sana, solo supura y se pudre.

Tratar de no recordarte es como tratar de pasar el licor sin sentir esa quemazón en mi garganta mientras baja o ese sabor tan desagradable entre mis labio y vivir en tu recuerdo es una falsa seguridad en la que ya no me puedo permitir estar, me encuentro estancada en el mismo lugar donde me dejaste sin moverme porque una parte de mí sigue esperando que vuelvas, que te des cuenta que perdiste a alguien que realmente te quería.

No sé si duele más el hecho de que no me escojas o mi propia renuncia a elegirme.

Entre más larga hago tu espera más tiempo me abandono, dejé de ser yo el día que te elegí porque perdí tanto de mí tratando de llenar tu vacío, perdí mi forma mientras me resquebrajaba para darte piezas que llenaran lo que te hacía falta pensando que elegirías quedarte con quien ayudó a reconstruirte pero que tonta fui al pensar que entre dos piezas rotas se podía construir un futuro.

El día que me elija será el día en que esa copa de vino quede llena sobre la mesa y tú fantasma no atormente los bordes de mi conciencia.

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Read the original on almaenversos.substack.com

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