Hace unas semanas escribí una lista de cosas que me parecían estilosas y, desde entonces, vivo con miedo a convertirme en una persona que tiene opiniones sobre demasiadas cosas. Pero supongo que ese barco ya zarpó hace tiempo.
Así que hoy vengo con la lista contraria: cosas que no me parecen estilosas.
No necesariamente cosas feas. No necesariamente cosas graves. No necesariamente cosas que no haya hecho yo alguna vez, porque aquí nadie está libre de pecado. Simplemente pequeños gestos, manías, decisiones estéticas o sociales que, por algún motivo, no me gustan.
Ir demasiado vestido cuando no procede. Me refiero a aparecer como si fueras a recoger un premio cuando el contexto pide claramente otra cosa. Hay algo muy poco elegante en no saber leer una situación.
Los menús en QR.
Obsesionarse con estar muy moreno. Una cosa es volver de vacaciones con buen color y otra muy distinta es convertir el bronceado en un proyecto vital. Hay algo en esa búsqueda desesperada del moreno perfecto que me parece de lo más anticuado. Terracotismo que diría Celimonde.
Decir Sanjenjo. Sé que hay batallas que una no debería librar, pero esta sí.
Los coches mate. Uf.
Disfrazarse. Lo siento pero no puedo, no me hagáis eso.
La gente a la que te han presentado mil veces y hace como que no te conoce. Tía, si hasta has cotilleado mis stories. No es falta de memoria, es performance. Y no me interesa.
Hablar mal de tus amigos. Nunca se hace eso delante de otra gente. Nunca.
Los labios con ácido hialurónico. Sorry…
Que el bolso, el cinturón y los zapatos sean exactamente del mismo color. El estilo, casi siempre, mejora cuando algo no encaja del todo.
Las casas que parecen la consulta de un dentista.
Las bodas con demasiadas normas para los invitados. Dress code, color prohibido, color obligatorio, estética Pinterest, instrucciones de comportamiento…paraaaad.
La gente que dice “no veo la tele” con superioridad moral. Como si no estuviera cuatro horas en TikTok viendo a una señora ordenar la nevera.
Los ramos de flores teñidas de azul o arcoíris. La naturaleza ya había hecho bastante buen trabajo.
La gente que habla en diminutivos para sonar mona “Un vinito”, “un lookito”, “un cafecito”. Y a veces soy esa gente.
¿Estáis de acuerdo?
Besos,
Erea.

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