Aquí ya vamos a hilar fino con algunos consejos adicionales. La base de todos ellos es la observación de tu terrario. Necesitan pocos cuidados pero también son muy sensibles a los cambios. Aquí tienes algunas pautas de observación y qué hacer para cada caso:
Iluminación: además de encontrarle un sitio con buena luz (un centro de mesa superlejos de la ventana no vale) gíralo de vez en cuando para que los 360 ° del frasco reciban luz y las plantas no se doblen hacia un lado.
Limpieza por dentro: Si el vidrio se empaña mucho o —pero aún— se empieza a enlamar, ábrelo, ventílalo y límpialo con un paño por dentro. Un truco es ayudarte con dos imanes (uno por dentro u otro por fuera). Además, debes retirar las hojitas muertas que se vayan cayendo porque pueden empezar a llenarse de moho. Hay quienes prefieren dejar que se composten, yo llevo muy mal ver que sale moho.
Limpieza por fuera: Quítale el polvo al cristal con frecuencia. La luz debe poder entrar sin barreras para tener plantas sanas.
Poda: Si las hojas tocan las paredes de vidrio, pódalas. Si están muy grandes tus plantitas, puedes aprovechar la poda para producir esquejes para propagar o para sembrar en ese mismo terrario.
Instrumentos: todo esto es trabajo en miniatura. Quizás quieras comprarte unas pinzas y tijeras de acuario, pero no es imprescindible. Los palillos chinos funcionan bastante bien para retirar materia y objetos del terrario. Para la poda, unas tijeras pequeñas podrían funcionar, pero recuerda siempre desinfectarlas con alcohol. No queremos introducir patógenos en el entorno y transmitirle alguna enfermedad a la planta.
Con estos cuidados tu terrario debería durar mucho tiempo en buen estado. ¡Que lo disfrutes!
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