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Alberto Mera de UPSB · Apr 26, 2026

El futuro de Bitcoin es el pasado del franco suizo

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Alberto Mera · Alberto Mera de UPSB

¿Cómo puede fallar Bitcoin? Es una pregunta que se aparece recurrentemente. La respuesta que me gusta dar a esta pregunta es que la mejor manera de vencer a Bitcoin, o de evitar que Bitcoin se imponga como eventual sistema monetario, es crear un dinero fiat mejor.

Lo que debería motivar la siguiente pregunta: ¿Y qué hace de un dinero fiat uno mejor? Podríamos plantear la respuesta desde el punto de vista de las características teóricas que debe tener un dinero y demás, pero es harto aburrido y no tenemos tiempo para disquisiciones teóricas. Mirar a la experiencia para encontrar cuál es el mejor dinero fiat lo encuentro mucho más ilustrativo.

Si miras al mundo de los dineros fiat, el dólar parece la respuesta obvia pues, a fin de cuentas es la moneda fiat que está más impuesta a nivel global. ¿Pero es la mejor de todas? Podemos -y vamos a- argumentar que la mejor moneda fiat no es el dólar, sino el franco suizo.

Suiza es un país europeo de apenas 9 millones de habitantes, con una economía muy desarrollada pero que supone tan solo un 0,08% del PIB mundial. Pero, a pesar de ser un país de mediana importancia a nivel global, ha conseguido mantener la divisa más estable de todas. ¿Por qué no cayó el franco suizo en los errores del resto de monedas fiat? Su ejemplo demuestra cómo puedes crear una gran moneda internacional sin tener poder y cómo gracias a eso puedes atraer capital de todo el planeta. Tanto, de hecho, que tengas que acabar rechazando tantas inversiones. El franco suizo muestra cómo se puede imponer un dinero como medio de pago a nivel global, como almacén de valor para toda la humanidad, sin tener un ejército, sin usar la violencia ni ningún tipo de coerción, con simples incentivos.

El franco suizo es una ventana desde donde se puede ver el futuro de bitcoin. Siempre que otro fiat no lo haga todavía mejor, claro.

La historia del franco suizo debe ser de obligado estudio para cualquier bitcoiner. No te sientas mal, yo tampoco la conocía. Me he acercado a ella gracias al libro de Costa Vayenas, titulado El franco suizo desde 1798 a 2055.

1798 es el origen menos conocido del franco suizo. Históricamente se atribuye su nacimiento a 1850, cuando la constitución de la nueva Suiza impuso esta moneda centralizada para todo el país y para todos los cantones que lo componen. Pero realmente quien plantó la semilla del franco suizo fue no otro que el centralizador máximo, Napoleón, cuando invadió Suiza en 1798 y dijo: mira, esto de tener aquí un montón de divisas, una para cada cantón, es algo improductivo y poco moderno. Lo mejor será que tengáis una divisa y que la llaméis franco, como llamamos a la divisa francesa, pero franco suizo, para que la gente no se confunda.

A la derrota de Napoleón sucedió que los cantones volvieron otra vez a asumir sus propias divisas, pero dejaron el franco suizo como una unidad de cuenta que medio siglo después fue finalmente impuesto de forma oficial por ser más eficiente.

Aquí tenemos una primera idea interesante, y es que el franco suizo como moneda se impone debido a la eficiencia, ya que resulta costoso el cálculo y la gestión de diferentes monedas como tenían antes en cada cantón suizo. Un sistema que era muy bueno para mantener el dinero duro, ya que cualquier cantón que perjudicase el valor de su dinero perdería competitividad frente a los cantones de alrededor, pero que ciertamente hace dos siglos podía ser costoso de mantener entre dos decenas de cantones usando la tecnología del lápiz y el papel.

Desde que se impuso, el franco suizo se mantuvo como una moneda fuerte debido a su respaldo inicial en plata y posteriormente en oro, en línea con los sistemas monetarios metálicos europeos del siglo XIX.

Si bien no fue perfecta, la perfección es algo que debemos mirar con cuidado. Y es que muchas veces se plantean mejoras para Bitcoin para hacerlo más perfecto, cuando en realidad muchas veces hacerlo perfecto puede tener un coste que lo alejaría de su “perfección” actual. Y realmente tampoco necesitas ser perfecto para ser el mejor dinero, solo necesitas ser el mejor dentro de los dineros fiat, que por su propia naturaleza tienden a ser mediocres.

El franco suizo fue, por tanto, el menos mediocre de los dineros fiat de alrededor y consiguió mantenerse de esta forma durante dos periodos especialmente graves para la humanidad en términos de inflación. Dos periodos que colocaron al franco suizo en la posición de divisa top mundial.

El primero de estos momentos fue la Primera Guerra Mundial. Y fue justamente hacia finales de este conflicto, en 1917, cuando el franco suizo experimentó una de las inflaciones anuales más altas de su historia registrada, cuando esta alcanzó el 25%. En un solo año, la moneda perdió un 25% de su valor, algo que los suizos sufrieron y se prometieron nunca jamás volver a caer en esta tentación, pues si bien inflar la moneda para hacer frente a las deudas puede parecer una gran solución en el corto plazo, en el largo plazo es terrible para los negocios.

Como consecuencia de esta experiencia, encontramos otro de los elementos que brillan dentro del esquema de Bitcoin, y es que el franco suizo es una moneda noble. Siendo correctos, deberíamos hablar de que el gobierno suizo ha actuado noblemente, ya que históricamente ha preferido hacer frente a sus deudas en lugar de devaluar la moneda para eliminarlas, lo que ha sido la elección favorita del resto de economías.

Pero, y esto de nuevo nos devuelve a Bitcoin, esta decisión no se debe simplemente al hecho de que los suizos sean gente más honrada que los de alrededor, se debe simplemente a su sistema de gobierno. Suiza nunca ha estado controlada por un jefe de estado fuerte, con poder para imponerse o para imponer su voluntad sobre toda la población.

De hecho, intenta recordar el presidente de Suiza en algún momento histórico. Es imposible. Nadie sabe quién es el presidente de Suiza1. Y esto es porque, a diferencia de otros países, como pueden ser Francia, Inglaterra, España o Alemania, Suiza tiene una democracia, pero también tiene lo que llaman el Consejo de Siete.

Un órgano de siete miembros que toman decisiones por consenso y colegialmente. Cada uno dirige un ministerio y la presidencia rota anualmente como si fuesen primus inter pares. Es esta arquitectura institucional la que impide giros bruscos en la política fiscal y monetaria, cosa que no vemos en otros países en los que un gobernante poderoso puede decidir “arreglar” la vida de sus ciudadanos eliminando las deudas, lo que beneficia a los deudores, pero castiga a los ahorradores destruyendo el capital dentro del país.

Es esta protección del capital lo que ha permitido a Suiza irlo acumulando durante siglos. Costa Vayenas comparte una anécdota en el libro en la que habla de una familia italiana que recuerda que su tatarabuelo le dijo una vez que habrían sido ricos si en los años 20 hubiesen cambiado sus liras italianas por francos suizos, ya que en las dos décadas siguientes el valor de la primera se desplomó frente al del segundo. Cualquiera que hubiese ahorrado en el dinero duro habría visto su poder adquisitivo multiplicarse por cientos de veces.

Una idea que, vista desde el prisma de Bitcoin, es bastante reconocible. Uno de los memes en Bitcoin es comparar el precio de las cosas en Bitcoin a lo largo del tiempo para demostrar cómo el simple paso de los años devalúa el resto de monedas y hace que cualquier compra en Bitcoin sea más accesible cuanto más tiempo pasa.

Me puedo imaginar a los suizos en los años 20 mirando las tablas de precios de la época y diciendo: hay que ser tonto para tener el dinero en liras, en libras, en dólares o en marcos, en lugar de tenerlo en francos suizos, donde hoy me puedo comprar una casa por apenas mil francos suizos cuando hace 10 años necesitaba diez mil. Esto es algo que hoy se ve en Bitcoin frecuentemente.

Relacionado con esta capacidad para ser un gran dinero en el que almacenar riqueza, el franco suizo acabó convirtiéndose en medio de pago a nivel global. Porque, conforme las monedas fiat de alrededor se devaluaban y el oro demostraba lo problemático de su forma física para habilitar el comercio, mucho del comercio pasó a hacerse en francos suizos, tan buenos como el oro, pero más fáciles de liquidar, más fáciles de mover y de usar en el comercio entre países.

Pero no solo era fácil de transportar, también hubo momentos en los que era prácticamente la única moneda convertible del mundo. Lo que nos lleva al segundo momento más importante en la historia del franco suizo.

En 1941, el dólar y la libra fueron bloqueados y no podías convertir esa moneda por otras. La única moneda libre paso a ser el franco suizo. En ese momento, literalmente, este franco funcionaba como oro portátil en toda Europa. Tanto los países del Eje como los neutrales pagaban por sus recursos en francos suizos.

Pero para llegar ahí, a ese punto, antes tuvo que convertirse en reserva de valor. Antes de poder convertirse en medio de pago a nivel global, tuvo que estar en los balances de muchas personas y muchos países. Es decir, para que en los años 40 funcionase como dinero global, tuvo que pasar 1920 y 1930, décadas en las que el franco suizo se fue acumulando en el balance de personas, empresas y países ya que era mejor moneda para acumular riqueza que las demás.

Esta es la tesis que yo planteo para Bitcoin. El franco suizo empezó siendo una moneda para almacenar valor y acabó funcionando como medio de pago. Y fue precisamente esta funcionalidad, el hecho de servir como canal para mover valor entre diferentes países y en cualquier momento, independientemente de la situación de guerra, conflicto o crisis bajo la que estuviese el mundo, lo que hizo que sobreviviese -y creciese- siendo un país pequeño, poco habitado, rodeado de gigantes bien armados.

El mejor ejemplo de cómo el valor del sistema franco suizo lo protegió frente a ataques de países más poderosos lo tenemos también en la Segunda Guerra Mundial. Los motivos que explican por qué los nazis no se hicieron con Suiza son varios. Se habla del coste militar prohibitivo de invadir en terreno alpino, contra un ejército donde cada hogar tiene un fusil; se argumenta la utilidad económica de Suiza como país neutral; y, finalmente, se ofrecen datos, como hace Costa Vayenas.

Datos como que Suiza era el único núcleo financiero que podía usar Alemania. El 79% de los envíos de oro del Reichsbank se canalizó por Suiza y, de eso, el Banco Nacional de Suiza absorbió el 87%. Alemania vendió 1.300 millones de francos en oro al Banco Nacional de Suiza entre 1940 y 1945 para pagar importaciones estratégicas con estos francos, la única divisa convertible desde 1941. El resto de países tanto neutrales como de los Aliados acabaron usando el franco suizo para liquidar parte de su comercio o simplemente para sacar riqueza de lugares en conflicto.

Ejemplos como las alegaciones de que en el comercio de petróleo del estrecho de Ormuz ya se aceptan pagos en Bitcoin, y la realidad empíricamente demostrable de que puedes mover valor a través de Bitcoin desde cualquier lugar hacia cualquier otro sitio, de nuevo modelan lo que consiguió hacer Suiza en esos años.

Por todo esto, podemos sostener que el franco suizo es el mejor dinero fiat de los últimos 200 años. Y podría seguir siéndolo en las próximas décadas. Por eso el libro de Costa Vayenas se llama El franco suizo de 1798 a 2055.

Para argumentar por qué espera que el franco se siga apreciando y revaluando en los próximos años, Vayenas emplea una metodología no muy querida, pero útil para sostener su argumento: la relación de la uncovered interest rate parity. La idea que plantea esta relación matemática es que si comparamos dos divisas y una paga más interés que la otra, en el largo plazo esto indica que la que más interés paga es peor moneda que la que paga menos interés. Costa Vayenas se agarra a esto para, comparando el tipo de interés que paga la deuda suiza a 30 años, que está por debajo del 1%, y el que paga Estados Unidos, que está cerca del 5%, indicar que el franco suizo es la mejor divisa de las dos en el largo plazo.

Y esta misma relación nos invitaría a pensar, a nosotros bitcoiners, que bajo esa parity, el mejor entre el franco suizo y Bitcoin sería Bitcoin, pues no paga interés alguno.

Pero más allá de esta observación difícilmente defendible, la realidad de por qué el franco suizo siendo el mejor fiat es peor que Bitcoin la encontramos en que a los suizos les viene mal que su dinero sea tan perfecto y se esfuerzan en empeorarlo. Después de la Segunda Guerra Mundial, debido al éxito del franco suizo, cada crisis ha provocado que el dinero huya hacia esta moneda, lo que perjudica las exportaciones del país. Si todo el mundo compra francos, su valor sube y hace las exportaciones más caras y menos atractivas.

Tanto es así que en los años 70, tras la eliminación del sistema de Bretton Woods y la devaluación del dólar, tantos dólares entraron en Suiza que el gobierno llegó a imponer primero una comisión del 3% trimestral sobre depósitos de no residentes, y en 1978 elevó esta comisión al 10% trimestral, además de prohibir pagar intereses a autoridades monetarias extranjeras. Un 10% por trimestre implica un coste del 40% anual por refugiarse en francos suizos. Solo así consiguieron frenar esa avalancha de capital.

El principal problema del franco suizo es que no es neutral y, por tanto, cuanto mejor es como dinero, peor le viene al país.

Y es justo esa neutralidad de Bitcoin, unida a todo lo demás —el hecho de que sea más eficiente, más rápido, no confiscable y operativo en todo momento—, lo que hace de Bitcoin un mejor dinero que cualquier divisa fiat puede ser nunca.

Pero si con algo quiero que te quedes de la historia del franco suizo es con cómo una moneda creada por un ente sin poder puede imponerse a nivel global.

1

Ahora es un tal Guy Parmelin

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