Estados Unidos, el hegemón global, no es un país prestamista, no es el país que gracias a su privilegiada posición más invierte en el resto del mundo, sino que es, al contrario, un país prestatario, un país que recibe capital del resto del mundo.
Una observación que puede parecer poco interesante, pero realmente es increíble, en el sentido de que es antinatural.
¿Cómo puede ser que el país más potente y rico no sea el que invierte fuera de su país? ¿Cómo puede ser que, al contrario, sea el que reciba la inversión del resto de los que no son tan ricos como él?
Jamás en la historia se ha visto esta dinámica: que el que está arriba reciba los flujos de los que están abajo. Generalmente, el que está arriba debido a su posición envía flujos a los que están abajo.
¿Cómo es esto posible?
En mi opinión, este nuevo paradigma tiene origen en 1914. Ese año marcó el comienzo del fin del antiguo hegemón, Reino Unido, un hegemón que se comportaba de acuerdo a las leyes naturales pretéritas y que a su caída creó las condiciones para que se desarrollase el nuevo sistema. El nuevo hegemón nacido entonces, Estados Unidos, ya no se comporta como los anteriores porque no se desarrolló bajo el mismo sistema. Lo hizo bajo el dinero fiat y esto marcó toda la diferencia.
Por eso, desde 1914 podemos hablar de los imperios fiat.

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