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Cuadernos de Barcelona · Feb 15, 2026

Sobre el judío como el tercero.

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Alan Grabinsky · Cuadernos de Barcelona

“No me gustaría ser miembro de un club que me aceptara como miembro”

Groucho Marx.

Mi luna de miel con España terminó el año pasado.

En el grupo de WhatsApp de un taller literario, un señor cincuentón escribió unas diatribas contra los judíos que, de haber sido dirigidas a los gays, negros, palestinos o cualquier otra minoría, serían objeto de escándalo en un círculo tan ilustrado.

Pero nadie dijo nada 1. No sé si por cobardía o por indiferencia.

El que calla, otorga.

Me salí del taller. Pero quise encontrarle razones a la animosidad. Me puse a investigar y publiqué esta entrevista sobre el antisemitismo en España.

¿La conclusión?

Lo primero para tratar el alcoholismo es reconocer el problema. En España no se ha llegado siquiera a esto.

Pero ese no es el punto de este ensayo, sino una frase con la que me topé en mis lecturas:

El judío es la figura del tercero que pone en cuestión el ordenamiento del mundo.2

Una simple oración que pretendía explicar la cosmovisión del antisemita; un binarismo que engendra sospecha.

A mí, sin embargo, la oración me pareció una llave, pues me reveló algo que había sentido desde hace mucho tiempo. Una condición que explicaba esa indeterminación, esa sensación de in-betweeness con la cual sigo luchando hasta hoy en día.

Como un cabalista, encontré hogar en un número.

Pero primero, unas clases de lógica.

Aristóteles sostiene que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo. Verdadero o falso. No hay tercera opción.

Sin embargo, en la lógica judía, una cosa puede ser, no ser, ambas, ningunas, y todo al mismo tiempo. La contradicción y la paradoja son condiciones, no límites, de la verdad.

El tercero, en este sentido, sería aquel cuya identidad no puede ser asida mediante una lógica binaria. Alguien que no es miembro de un grupo, pero tampoco extraño. Es Kafka, que se escinde sobre sí mismo en un fractal y refuerza su identidad, al desdoblarla. No es nativo, ni extranjero; sino los dos y ninguno, al mismo tiempo.

El judío no es miembro de un pueblo, o sí, o no, o mas bien de muchos. Durante los últimos doscientos años, los judíos han hablado más de sesenta lenguajes y dialectos. El judío no forma parte de una religión, o sí, pero también hay judíos ateos cuya identidad no se cuestiona por el hecho de no creer en Dios.

El judío es parte de una hiperminoría que, sin embargo, es hipervisible por la extensión de su dispersión, lo cual le permite tender puentes entre todo tipo de culturas, oficios, jerarquías, ideologías y nacionalidades. They are everywhere.

El judío es un intermediario, no por naturaleza, sino por condición; es el que atraviesa fronteras y, al atravesarlas, las genera. Es el que carga sobre sí mismo el palimpsesto de imágenes que otros le han proyectado, y quien las proyecta, de regreso.

Es el que habita un campo de fuerza, un diálogo, global, a partir de coordenadas corporales dispersas. Objeto de sospecha para los que conciben al habitar como un círculo.

Es el tercero en la pinza ideológica. El portador de una ambivalencia en la que se refleja las ansiedades colectivas. El glitch en el algoritmo, que lo mantiene corriendo.

Es el ínter. De ahí su creatividad y su amenaza. Un ínter, sin embargo, con polos muy concretos, y que configura su identidad de forma diaspórica, y pre/pos/nacional al mismo tiempo. Que habla en miles de voces contradictorias; prueba de la unicidad de la verdad.

El judío porta el origen tachado y de un estado que dice representarlo. Se vuelve más judío cuando se muda a Israel, pues ahí se refuerza su identidad minoritaria —de argentino, yemení, mexicano…— y el carácter refractario de la diáspora.

Es un generador de textos porque no se encuentra casa en otros. Es un generador de narrativas como una afronta a los censos.

Es. No es. Ambas y ninguna. Habitante de una lógica no binaria donde el mundo se encuentra en eterno jaloneo.

Es el tercero universal en cuya complejidad identitaria caben todos los grados de lo humano. El tercero particular en su resistencia a la asimilación.

El tercero que pone en cuestión el ordenamiento del mundo.

Espejo. Vehículo. Metáfora. Medio.

  1. Bueno, la esposa sí. Estaba muy apenada.

  2. Por más que busque no encuentro la referencia, y agradecería al atento lector que me refiera a ella.

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Read the original on alangrabinsky.substack.com

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