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Cartas de Adriana · May 15, 2026

"Si consientes la no exclusividad eres un peligro".

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Adriana Reinking · Cartas de Adriana

Durante años me he dado cuenta que hay personas que se ponen nerviosas cuando saben que algún amigx o familiar mantiene una relación no monógama.

El estigma está profundamente arraigado.

Hay gente que cuando oye «relación abierta» automáticamente piensan en caos, falta de amor, promiscuidad, descontrol emocional o alguien intentando seducir a cualquier persona que se les cruce enfrente.

Mientras tanto, las personas realmente involucradas en relaciones no monógamas consensuadas —en relaciones amorosas en las que no se ejerce control— suelen llevar vidas... bastante normales: van al trabajo, hacen el súper, pagan cuentas, crían hijos, ven series, se reúnen con sus familiares e intentan entenderse a sí mismas y a las personas que aman. Como cualquier otra persona.

Y sin embargo, algo ocurre.

Hay quienes me conocen desde hace años, saben de mi forma de vivir, mi ética, mi sensibilidad y mi manera de relacionarme. Pero desde que hablo públicamente sobre no monogamia y amar sin controlar, pareciera que para algunas personas pesan más los prejuicios culturales que su propia experiencia conmigo.

De pronto, dejo de ser una persona para convertirme en un estereotipo.

Porque los estigmas hacen eso, deshumanizan. Nos enseñan a sentir amenaza frente a cualquier persona que cuestione las reglas afectivas tradicionales, aunque esa persona jamás haya intentado dañar a nadie.

Y quizá lo que más les incomoda no es la no exclusividad, sino encontrarse con alguien que les recuerda que existen otras posibles formas de amar.

Porque cuando alguien ama fuera de la norma, muchas personas no sienten curiosidad... se sienten en peligro, como si cuestionar la exclusividad fuera contagioso o pensar diferente pudiera derrumbar aquello de lo que se sostienen.

Los estigmas dañan. Dañan porque simplifican, porque reducen personas complejas a caricaturas morales. Porque convierten conversaciones profundas sobre amor, acuerdos, deseo y honestidad... en juicios de valor moral.

Y quizá ya es momento de preguntarse algo importante: ¿qué les asusta más: la no exclusividad, o descubrir que una relación amorosa solo puede existir en la ausencia de control?

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Y es que se cree que la exclusividad —o la no exclusividad— es lo que define una relación, pero lo que realmente la impacta son las heridas con las que cada persona llega a ella.

Hay quienes llegan marcados por la traición, por el abandono, por la programación de “ser para otros”, por el miedo a no ser suficiente o por la ruptura de acuerdos que dejaron cicatrices abiertas y profundas.

La infidelidad y la fidelidad son ideas que no nacen del amor. Nacen del miedo a perder a la persona que se necesita creyendo que se ama.

Y la no exclusividad no siempre tiene que ver con traición. Porque cuando la no exclusividad es elegida conscientemente como modelo relacional, tener sexo con otra persona no constituye engaño.

La diferencia profunda está en: los acuerdos, la honestidad, el consentimiento y el manejo del poder dentro de la relación.

Nos enseñaron que lo peor que puedes hacerle a alguien que amas es acostarte con alguien más. Pero es ingenuo creerlo, pues incluso las personas fieles pueden ser violentas, pueden traicionar, violar la privacidad... y lo hacen manipulando y controlando. Y aún así son consideradas “buenas parejas”, únicamente porque sostienen exclusividad sexual.

El sexo puede ser uno de los pilares que sostenga una relación, pero solo cuando no se hace bajo presión, por obligación o por mantenimiento de la relación. El sexo conecta cuando es un juego erótico en el que los participantes quieren jugar con entusiasmo… de lo contrario, el sexo puede ser precisamente lo que desconecte a la pareja.

Cultiva con ayuda de tu pareja un bello jardín entre ustedes y no le den tanta importancia a lo que ambos hacen con otras personas. Ocúpate de ti, apasiónate por tu proyectos, cuida tu cuerpo como la casa de tu espíritu y ama consistentemente.

Sentir amor no es lo mismo que sentir deseo.

Y si tu pareja dejó de desearte o tú ya no sientes deseo por ella… no siempre significa que han dejado de amarse. Y también quizá sea momento de dejar de culpar a la falta del deseo, a las hormonas, la rutina o la familiaridad construida por años de vivir juntos… y mejor observar en quién te has convertido.

Ama liberando. Cuida tu cuerpo. Reconstruye tu energía. Recupera tu presencia. Apasiónate otra vez por la vida. Vuelve a sentir placer en los pequeños detalles.

Porque el deseo no solo responde al enamoramiento o al amor. También responde a la vitalidad, a la admiración, a la energía con la que alguien habita su propia vida.

Será más fácil que vuelvas a sentir o a provocar deseo… cuando vuelvas a ser tú después de recuperar tu poder.

Te abrazo con cariño.

Adriana Reinking

Read the original on adrianareinking1.substack.com

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