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Cartas de Adriana · May 1, 2026

Puedes amar a tu pareja… y no decirle todo.

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Miguel Casas · Cartas de Adriana

Hay preguntas como éstas, que incomodan porque rompen la ilusión de que al revelar nuestros pensamientos más íntimos, todo es fácil de resolver.

La respuesta corta podría ser: sí. Ser comunicativo, honesto y transparente es considerado por muchas personas un comportamiento ético, sin embargo, pocas cuestionan qué tan ético es pedir a un individuo que se despoje de su privacidad como muestra de su amor. ¿Qué tal si la gran muestra de amor fuera honrar y respetar la libertad para compartir… o no compartir?

Por eso la respuesta también depende de lo que cada uno entiende por AMAR.

Porque desde mi punto de vista, el problema es sentirse obligado a comunicar todo lo que hacemos, pensamos y sentimos como muestra de amor... y no tener la libertad de no hacerlo.

Pues los conflictos surgen de la idea romántica —y profundamente ingenua— de que dejamos de amar si no le decimos todo a la persona que amamos.

Otro problema es la confusión interna al darnos cuenta que podemos sentir amor y al mismo tiempo, desear guardar ciertos secretos. Que podemos extrañar, cuidar, empatizar y además comprometernos a construir y nutrir un proyecto en común, sin tener que compartir todo con la o las personas que amamos.

No porque el amor que sentimos no sea real, sino porque somos seres cambiantes, contradictorios… individuales y porque sentir atracción, enamoramiento, deseo o amor, no garantiza que tengamos estos sentimientos solo por una persona… ni que sentirlos sea una señal de inmadurez o de falta de integridad.

Es precisamente el choque entre nuestro entrenamiento cultural contra nuestros impulsos humanos, lo que hace que amar a una persona y enamorarse de otra al mismo tiempo, deje de ser una experiencia placentera.

Y como sentimos la presión del mandato social para no amar a dos personas simultáneamente, ocultamos, callamos y hasta engañamos para permitirnos hacerlo.

Miles de personas lo hacen para poder experimentar lo que les gusta, sin tener que justificarlo, mientras mantienen la imagen que les conviene.

Pero callar no significa engañar.

Por ejemplo, mi Mike y yo elegimos amarnos sin tener que compartir todo con el otro y lo hacemos con el explícito acuerdo de que amar es liberar al otro de nuestros temores y en el entendido de que la privacidad es parte de un vínculo sano y que no todo pensamiento, deseo o experiencia necesitan ser expuestos al otro como prueba de nuestro amor.

Para nosotros los silencios no ocultan una traición. Creemos que si el otro decide callar es una forma de cuidar, de procesar o de respetar nuestro espacios.

Engañar, en cambio, es convencer al otro que algo es una realidad cuando no lo es.

Porque una cosa es estar de acuerdo que habrá vivencias que no deseamos compartir, sin que eso signifique una muestra de desamor y otra muy distinta, es construir una realidad falsa para manipular al otro.

Me parece horrible que alguien quiera convencer a quien asegura “amar” de que el chantaje, las amenazas, los celos y la vigilancia son “por amor”.

O venderle la idea de que para demostrar que “de verdad le ama”, debe darle acceso total a saber todo de su vida, sus pensamientos y deseos. Me parece que disfrazar de amor al control… ese, es el peor engaño.

Si sientes que tu pareja no te ama, si tienes dudas y no puedes tolerar “no saber todo”… ten la valentía de reconocer que el miedo está impidiendo que te comportes de forma amable y generosa.

Y en lugar de exigir transparencia absoluta, invita a quien amas a construir una relación basada en comportamientos amorosos. Cuestionen:

¿Qué quieren saber uno del otro para sentirse amorosamente vinculados… y qué les incomoda realmente?

Porque cuando tienes que decir todo por obligación, dejas de disfrutar el compartir, pues deja de ser una elección… y más bien se siente como presión.

Cuando no hay libertad, la honestidad no es posible y lo que crece es la distancia.

Y el punto está en que no se trata de decir todo, sino de dejar de sostener la relación a través de una constante exigencia de pruebas de “amor”.

Porque, ¿quién establece las “pruebas de amor”… y quién diseña el amorímetro para medirlo?

Sé, por experiencia propia, lo que es controlar creyendo que amas… recuerdo no poder o no querer ver que los deseos o necesidades de la persona que —según yo amaba— eran diferentes a los míos. Le exigía acceso total a su privacidad, confundía invasión con compromiso y celar con amar. Y hasta que me di cuenta de lo egoísta que era mi postura, pude decidir “amar” de otra manera.

Ahora sé que amar sin controlar, sin invadir, sin poseer es una habilidad que puede aprenderse y que básicamente se logra cuestionando la forma en que aprendimos a amarnos y a amar a otros.

Recibe un caluroso abrazo.

Adriana Reinking

Si mis palabras resuenan contigo, te invito a tomar mi curso que inicia este 9 de mayo:

El ABC para amar sin controlar y tener sexo placentero.

Es un espacio seguro para cuestionar lo que crees sobre el amor, identificar la gran diferencia entre amar y amor y soltar el control disfrazado de cuidado para construir vínculos realmente amorosos, donde compartir no sea una obligación, sino una elección.

Para más información visita www.adrianareinking.com.

Y no te pierdas la sesión de preguntas de preguntas y respuestas que tendremos (sobre todas tus dudas del curso) este domingo 3 de mayo a las 11:30 AM, horario CDMX. (Si quieres el enlace haz click aquí).

Read the original on adrianareinking1.substack.com

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