Cuando pretendes que tus relaciones sirvan para calmar tu ansiedad, dejan de ser un lugar seguro. No es posible recuperar estabilidad buscando fortaleza fuera de ti.
En el momento que haces de otra persona tu refugio emocional, la relación deja de ser de contención y se vuelve necesidad. Y la necesidad, tarde o temprano se convierte en exigencia de respuesta inmediata, de presencia constante y de solidez permanente... en un universo que se sostiene en la incertidumbre.
Las relaciones pueden volverse complicadas por las creencias que arrastramos, pero también podemos aprender a que no lo sean. Amar nunca es un problema en una relación. El conflicto aparece cuando, desde la infancia aprendemos a no amarnos.
Es a través del amor propio que puedes relacionarte sin sacrificarte y sin pedirle al otro que lo haga. Cuando muestras amor por ti, puedes amar a otros sin aguantar, sin amenazar y sin controlar. Cuando tu autoconcepto es sólido, no necesitas que alguien sea tu lugar seguro. Tú lo eres para ti.
Desde el arraigo a respetarte y a amarte, los vínculos con los demás empiezan a generar bienestar, porque ya no los usas para descargar tus miedos. Trabajas tus temores a través de la relación, no sobre la relación, sin pedirle a nadie que sea tu muleta emocional.
No uses el amor como anestesia para tus heridas emocionales, porque cuando alguien “se siente obligado” a ser tu lugar seguro, siente que pierde libertad.
Recuerda que te conoces a través de las personas con quienes te relacionas. Tu pareja revela tus miedos, los expone... pero no puede trabajarlos por ti. Amar no es lo mismo que necesitar. No los confundas, no se parecen.
Nuestra inteligencia nos permite sobrevivir; nos enseña a adaptarnos, a complacer, a callar, a ocultarnos o a rebelarnos. Sin ella podríamos perdernos en el complicado camino de la vida. Pero esa inteligencia va aprendiendo del entorno y es tan eficiente que aprende muy bien ‘el deber ser’, el ‘deber sentir’ y ‘el deber pensar’... y ahí es cuando deja de servirnos.
Solo la rebeldía puede despertarla y devolverle su cualidad inicial… la flexibilidad que nos sostiene sin rigidez; ser la inteligencia que nos regresa a nuestro centro. Pero nuestra rebeldía no puede limitarse a lo intelectual, pues requiere también que nuestro cuerpo se rebele. Es lo que nos vuelve congruentes otra vez... lo que nos permite caminar con ligereza y con energía, como si encontráramos un paso que nos expande y nos devuelve la sensación de libertad.
Cuando conectas con tu poder interno, con esa inteligencia que te permite vivir, atreverte y explorar, dejas de necesitar justificar por qué te eliges. Dejas de explicar por qué te amas antes de amar a alguien más.
Ya no obedeces al deber ser, ahora lo cuestionas. Desobedeces por amor a tu propio sistema de valores. Y entonces dejas de serle fiel a otros para por fin, respetar y honrar a la persona tan maravillosa que estás siendo.
En el primer módulo del curso que estoy dando: El ABC para amar sin controlar y tener sexo placentero, explico cómo no nacemos sabiendo autorregularnos. Aprendemos a sentirnos a salvo a través de otro cuerpo, por lo que ya como adultos buscamos hacer de nuestra pareja nuestro lugar seguro. Y no tiene que ver con debilidad, sino con un aprendizaje temprano.
En la infancia, es sano y necesario que otra persona sea nuestro lugar seguro. El problema no es haber aprendido a apegarnos. El problema es no haber actualizado ese aprendizaje. Cuando no sentimos seguridad, buscamos que la pareja haga ese trabajo por nosotrxs.
En mi curso te ayudo a cuestionar la obediencia al ‘deber ser’ que se formó a partir del primer apego. Mi propuesta es dejar de pedirle a otra personas que regule lo que hoy puedes aprender a sostener. Aquí entra la rebeldía contra el mandato infantil que llevamos tatuado: “si no me responden, no existo”, “si no me eligen, no soy suficiente”. En la infancia, necesitar es una necesidad biológica. Nuestro sistema nervioso aprende a calmarse a través del contacto, la mirada y la respuesta de nuestros cuidadores primarios. El conflicto no es haber necesitado, sino seguir necesitando de la misma forma cuando ya somos adultos. Cuando en la infancia y la niñez desarrollamos apego inseguro, buscamos que nuestra pareja sea aquello que un día necesitábamos para sobrevivir. Y entonces confundimos amor con refugio, vínculo con anestesia y presencia con obligación.
Amar no es el problema, sino seguir amando desde estrategias de apego que alguna vez nos salvaron, pero que hoy nos limitan.
Si quieres tomar el curso, El ABC Para Amar Sin Controlar y Tener Sexo Placentero, sigue este enlace.
Amar sin controlar, sin exigir y sin perdernos, requiere una rebeldía profunda que nos lleva a dejar de obedecer los mandatos emocionales que aprendimos en la infancia y aprender a convertirnos en nuestro propio lugar seguro.
Recibe un abrazo,
Adriana Reinking

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