Su sacrificio es mi gran pasión; su vida es mi vida, y mis días son el resultado de su amor.
De principio a fin, conocí la Verdad, y la Verdad me hizo libre.
Libre de mis temores, de mirar atrás y ver error tras error.
Sus manos me levantaron, y hallé paz en su toque.
Encontré una redención que no sabía que existía, consuelo para mis días nublados, compasión en sus ojos y un amor inmenso en cada uno de sus actos.
La oscuridad perdió su efecto, la penumbra se aclaró y los huesos muertos revivieron.
El corazón endurecido se ablandó, y las lágrimas fueron la confirmación de que aún siento, de que aún hay esperanza, de que el amor me salvó.
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