A veces me preguntan: ¿Qué se siente tocar en Carnegie Hall? Es lógico que lo hagan porque es un lugar emblemático de mi Nueva York natal y… un sueño cumplido, ¿no? Bueno, sí, toqué y claro que fue una experiencia muy importante pero hay otra cosa que te quiero contar hoy, y es a partir de otro tipo de pregunta:
¿por qué tocás? ¿por qué te sentás ante un público? ¿qué te genera esa experiencia? Y además, ¿te acordás de alguna vez que dar un concierto te hizo sentir algo te movilizó?
Vamos a hacer un giro de 180 grados y nos vamos de Carnegie Hall a Mar del Plata, a un pequeño museo en el año 2001.
Estaba de gira por Argentina (aún vivía en NY) y además de tocar en un par teatros grandes, justo me habían organizado un concierto en un museo de barrio. Para ser más preciso era un museo-casa porque había sido la casa de un pintor algo conocido de la ciudad.
Es decir, para ponerlo florido: un concierto muy íntimo en un living para unas 20 personas, yo en una silla junto con el público.
Ninguna gran cosa, estarás pensando.
Y sin embargo, esa noche me pasó algo diferente.
En medio del concierto me di cuenta de algo, del silencio profundo en la sala; tenía la atención absoluta de 20 personas. Era una energía que no había sentido nunca y en ese momento entendí: esto que estaba haciendo yo… les importaba.
Interrupción en el relato para decirte que te espero el 2 de abril, 20.30 hs en el CCC, Av. Corrientes 1543 para la presentación del nuevo álbum del Adam Tully Trío. Conseguí tus entradas acá
Pensándolo 24 años después me doy cuenta de algo: acá los músicos cuando hablan a su público muchas veces agradecen “los aplausos, el silencio y la atención.”
¡Obvio! Nos dedicamos a algo que requiere la atención absoluta.
Llevo toda una vida poniendo amor (que es trabajo) en cada detalle, en cada nota. Y para colmo, todo en un instrumento, como lo es la guitarra, que tiene un sonido extremadamente íntimo y delicado.
Todo esto requiere del amor del público… sean 500 personas, o 15.
Esa noche sentí algo que después me volvió a pasar un montón de veces con el público argentino, y que no consigo en otro lugar. Ni en Japón lo conseguí, y me encantó el público japonés, tan respetuoso, tan informado. No, acá hay algo que tiene que ver con el valor que se le da a la cultura.
En Nueva York solía laburar de músico.
Muchas veces la música en vivo era un insumo, y me hice bastante ducho en conseguir ese tipo de trabajo. Cuando iba a tocar a un bar era un proveedor más: uno traía las verduras, otro lavaba los manteles, y yo traía la música. Había que ser responsable, puntual, flexible. Y después tocar, ver al gerente y cobrar.
No digo que siempre fue así, por supuesto hice presentaciones artísticas muy lindas y prestigiosas. Y acá, en Argentina, no es que nunca haya trabajado de músico, porque también toque en milongas, y en peñas y ahí ¡se labura!
Lo que sí digo es que acá en Argentina la experiencia es otra.
Siempre.
No importa el lugar: teatro importantísimo, centro cultural, barcito, biblioteca popular.
Y ¿qué pasa entonces? Para mí es simple: ésta es una sociedad que coloca al artista en un lugar elevado, a un nivel que en otros lados solo ocupan los médicos, los abogados, los CEOs. Y eso lo sentís: te valoran, te cuidan. He tocado en escenarios como los del CCK y el San Martín, también en lugares cotidianos, y hasta muy humildes.
En todos, absolutamente todos, sentí que me valoraban. Acá lo que yo hago importa.
No pasa por la plata tampoco. Acá y afuera me han pagado bien y mal. Todo tiene que ver con como te reciben, como te tratan.
Pienso en el dicho: “en Europa no se consigue”. Bueno, tal vez en La Scala sí, pero un el bar de la esquina andá a ver y contame como te fue. Nunca dije que es fácil ser artista. En todo el mundo nos la rebuscamos, desde Australia hasta Etiopía.
Invertimos años en aprender, en desarrollar, en crear un estilo, en encontrar la manera de decir algo…y ni te hablé de la búsqueda quijotesca de encontrar que todo ese trabajo sea, de alguna manera, rentable. Hay una palabra para describir el camino del artista: dedicación.
Entonces digo: a mí dejame en un lugar donde valoran mi dedicación.
Yo me quedo en Argentina.
Me despido con tres temas que me representan. Se da la hermosa casualidad de que los vas a poder escuchar todos en vivo en una semana y pico (el 2 de abril, info acá). ¡Vení a formar parte de uno de esos públicos tan especiales!
Humboldt - Adam Tully Trío
Hace varios años mi amigo Ariel López Saldívar (un gran guitarrista) me dijo unas palabras alentadoras sobre mi música. “Tenés que seguir componiendo tangos así, de los que suenan bien tango”. Mi respuesta fue componer un tango con mi impronta personal, pero con todo la pulenta que pide un buen gotán. Ariel vivía en la calle Humboldt así que el título es un guiño y un agradecimiento.
La semilla - Adam Tully Trío
¡Acaba de salir esta versión! Te cuento: tengo dos obras recientes que decidí armar para dos formatos: 1) cuarteto de guitarras, y 2) trio de guitarra, contrabajo y piano. Ésta se compuso (y ya se grabó) para guitarras pero la nueva versión, la verdad, me encanta. Vos ¿cuál preferís?
Como llenar un vacío - Cuarteto de guitarras
Con esta milonga campera/jazzera sucedió al revés: lo hice para el trio y después lo grabé en Cuartetos Guitarreros. Acá va la versión en guitarras. Ahora, si querés escuchar la nueva versión (en trío) y vivir un solo de contrabajo (que te juro que me lleva al Village Vanguard, año 1960), vas a tener que venir al concierto el 2 de abril. Ahí nuestro contrabajista Pato Cotella se hará la gran Ron Carter, trayendo (durante unos compases) un poco de New York a la Calle Corrientes.
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