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Diario adolescente · May 24, 2026

Sé que no pero ojalá que sí.

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Hay algo muy privado en la interpretación de palabras amorosas ajenas.

Hay algo muy privado en la interpretación de palabras amorosas ajenas. En rezar para que el tacto sea certero a palabras necias del resto. En creer. Creer. Creer. Tan solo creer.

A mi me encanta cuando uno cae en la desgracia del gustar, y siente las manos del otro diferente, y su acento diferente, y su manera de hablar más que diferente.

Y siente que en general, cualquier gesto que haga el contrario será destinado a un amor que él mismo siente.

A mi cuando me gusta alguien, trato de librarme de los condicionantes emocionales que me ciegan la vista siempre y cuando el otro me habla. Cuando me gusta alguien intento ser atea y renegarle a Dios y al destino. No creer en las palabras bonitas, o a veces palabras con doble sentido porque eso retroalimenta.

Pero mira que complicado es.

Cuando el otro en un juego de confesiones expone un caso hipotético contigo y tú lo sientes real. O te mira cuando el resto conversa. O te hace bromas distintas.

Entonces te ríes diferente y te recuerdas que eres atea. Que no es posible que el universo haya movilizado un amor receptivo. Es mentira.

Desglosando la frase.

Sé que no viene de un: resguardo una seguridad matutina que me recuerda todos los días que soy imposible de ver y tú demasiado especial para ser la excepción.

Yo pienso en el otro como alguien tan extravagante tan sumamente espiritual que solamente puede fijarse en personas así de esenciales. Dentro de una diversificación llamada tierra, con tal número de personas, amigas que visten mejor y son más interesantes e inteligentes, no es posible que te fijes en mi.

Sé que no porque me niego a creer en pequeñas señales necesito de tus palabras.

Sé que no porque el sentimiento lo predomina antes que nada la razón, adiós al lánguido corazón maleante.

Y sé que no porque no es posible. No es calculable en estadística. No puedo gustarte a ti.

Y ahora hablar del ojalá que si. El final que siempre tengo presente. La satisfacción cuando nos rozan los hombros en un momento indeterminado y se me plantea una hipótesis en francés. Cuando te ríes fuerte conmigo. Y cuando me propinas un cumplido escaso.

Ojalá viene de rezar sin creer en el yo omnisciente, y pedir en tu diario escenografías con tu nombre que todavía no cobran sentido.

Ojalá de las migajas del por favor y del aunque no me lo merezca, solo hoy.

Ojalá que si es un: aunque no me mires como tú te miro, aunque no le hables a tu diario de mí como yo lo hago, aunque me des señales todas ellas voy a tíralas al bote de basura porque no quiero idealizarte ni a ti ni a tus manos rugosas…espero que sea metafísico, espero que en verano te declares, y llueva ese mismo día, y nos demos un beso que sea un desastre, y nos abracemos por primera vez con miedo a un segundo abrazo y un segundo beso.

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