Existe esa especie recluida que odia el verano. Y caminan en invierno con frío pero en verano con tristeza. Y los demás piensan que nunca son felices o que solo son polacos.
Las economías familiares los llaman aburridos. Porque es en el auge de la felicidad, la estación más certera y colorida del año, donde se encierra en sus casas. Son incoherentes. Rehúyen la satisfacción como si la vida les dependiera de ello, son ya casi, pequeños insectos por naturaleza.
Y son muy tristes. No solo aburridos, son muy tristes. Y yo también soy uno de ellos.
Y vengo a justificarnos a nosotros. A los que odiamos el verano.
El verano.
El verano para mí, es ese momento del año donde en la función, el personaje principal lo interpreta los pensamientos. A los sobre observadores, los sentimientos lánguidos y a veces molestos, son ya un estorbo.
Por eso, para las mentes pensantes el verano es un castigo. Por eso a mis amigos los llaman aburridos.
¿Quiénes odian el verano?
No son solo los aburridos quienes odian el verano. Hay mucha más gente que lo detesta. Yo me sé de múltiples. Múltiplos.
Yo me sé de las mujeres que odian el verano porque ponerse un bikini las hace ver más gordas, les hace enseñar las arrugas y las estrías. Yo me sé de las mujeres que hacen dietas, y odian la comida con poca sal y poco nada, y odian las dietas y entonces odian el verano.
Las mujeres que odian los bikinis también odian a las piscinas, las amigas con piscinas, los planes de playa, las vacaciones de playa, las fiestas en Marbella a veces porque terminan en playa. Y también los baños desnudos en ríos desconocidos, por si no quedaba claro.
Las mujeres que odian el verano odian al patriarcado, al que las hace verse de determinada forma al ir a la piscina, al que las hace exhibirse pero no de más ni de menos. Que las hace depilarse. Que las hace compararse.
Yo a las mujeres que odian el verano las entiendo.
Después están los tristes. Los tristes son mis favoritos. Los tristes son, aquellos que esperan con ansia e ilusión el verano y cuando llega junio se suman en la tristeza más grande y lánguida que podrían haber percibido jamás.
Son los que hacen planes y nunca asisten a ellos porque la tristeza no se los permite. Y son los que el clima los acoge pero no pueden soltar el móvil porque no pueden, repito, no pueden.
Y después están los escritores. Los que trabajan, cuidan niños, los que sirven al consumismo, a sus padres y a sus jefes. Los que requieren de experiencias y nunca experimentan obras de teatro. Los que piensan pero no informan. Los que poco hablan. Los que van a la playa solo y exclusivamente a leer.
Los escritores también pueden pertenecer al grupo de los tristes.
Yo este verano no voy a ser aburrida.
Yo este verano, siento decirlo, que pienso despegarme del grupo. Y pienso ser algo feliz, un poco, quizás una pizca.
Yo este verano quiero hacer muchas cosas y que todas ellas me hagan sentirme plena, me hagan reír de la risa y me hagan pensar en mi persona como algo que no duele, como un corazón que no está herido.
Este verano quiero cumplir sueños, y dejar de soplar velas, cumplir sueños. Quiero escribir como escribieron los grandes de mayores y pequeños, quiero que mis palabras tengan dueño y coherencia. Quiero leer a los que quisieron ser leídos y a los que no. Quiero escribir ensayos como estos para los aburridos que no quieren (pueden) salir en verano.
Quiero tener una charla de esas. Esas charlas de terraza. Quiero que hablemos de alguien, y de algo. Y quiero poder hablar de cuando perdí mi alma. Y quiero hablar de política y sociología. Quiero hablar de películas.
Este verano quiero desnudarme y bañarme en múltiples playas. Y enseñar mis estrías y enseñar mi cuerpo, y enseñarme a mi. Y enseñar que sin nada también puedo ser algo.
Y ojalá este verano poder enamorarme. Y que se enamoren de mí. No solo enamorarme. Y que nos besemos mientras haga tanta calor. Calor de la que pone a uno de mal humor. De la que interrumpa un beso para quitarse capas. De la que trate de separar cuerpos que requieren de aire para estar juntos.
Ojalá este verano escriba un libro, un poema, ne compre un bañador, me besen y deje de ser de los aburridos que odian el verano.
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