Bienvenida a la quinta de mis postales de verano.
Postal 5/9. Cada domingo, una carta en forma de postal: más breve, más ligera, más sensorial. Para llevaros conmigo de viaje: a un nuevo lugar, o dentro de mí.
Oh my god. Llegamos al ecuador de esta serie, y de alguna manera, del verano. No sé si en tu huso horario es verano, invierno, o una primavera infinita. Yo esta semana te escribo desde Interlaken (Suiza), entre dos lagos de un azul que no parece real, montañas que te obligan a mirar hacia arriba y casitas de cuento. Déjame ubicarte con estas fotos de la ruta en bici alrededor de los lagos:
Esta es mi última parada del verano fuera de España. Y entre cenas y risas de despedidas “hasta la vuelta”, y mensajes de “ya no queda nada para vernos”, me di cuenta de algo que me removió: la felicidad que me dan mis amigas. Y lo mucho que me costó volver a confiar de la amistad de esta manera. Te cuento.
LA REFLEXIÓN DE ESTA SEMANA
En la última postal, os hablaba de lo que aprendí a los 16. Y hoy, os cuento que entonces sufrí mucho por amigas. Me hicieron daño y nunca entendí del todo por qué. Alguna amistad tóxica, alguna espalda que no vi venir. Y ahora, mucho tiempo después, sé que lo peor no fue el momento: fue lo que me dejó dentro.
Durante años me sentí insegura para hacer amigas nuevas. Miraba de más a quien me hacía de menos, y “daba por sentado” a quien estaba de más, sin fallar, a pie de cañón (porque así entendía yo que debía de ser).
Entre la universidad, y la misma vida, conocí y me reencontré con mis mejores amigas de hoy. Algunas estuvieron siempre, otras fueron llegando.
Me costó muchísimo volver a confiar. En ellas. En mí hacia ellas. Pero lo hice. Y menos mal. Por fin volví a sentirme en calma.
Sin embargo, cuando me fui a vivir fuera, esa herida, que yo creía cerrada, volvió a aparecer. Mi voz interior hablando desde la duda, cierto miedo de volver a enfrentarme a situaciones pasadas. Daba miedo. Daba pereza. Daba vértigo abrirse otra vez.
Y me daba pánico perder o no ser capaz de conservar a mis amigas a distancia.
Quizás fue justamente al irme, que no solo me pude probar a mí misma siendo capaz de hacer nuevas amistades que se sienten casi como familia — como ya hablamos aquí:
Sino que también, con los años, me hizo valorar aún más a quien “siempre está”. Porque a pesar de que la vida, lejos de volverse más fácil, se sigue complicando, siempre hay quien lo pone fácil. Con intención, y consciencia. Priorizándote y contando contigo allá donde la vida os dé un ratito juntas.
NO SÉ QUE CLASE DE AMIGAS HAS TENIDO PERO…
Si tú también arrastras una herida así, de las que te hacen dudar de ti antes que del otro, de las que vienen acompañadas de una voz interna difícil de silenciar, déjame decirte algo: no eras tú. No siempre depende de ti. Y aprender a confiar otra vez no es ingenuidad. Es de las cosas más valientes que vas a hacer.
Por eso me encantó ese trend de redes (te lo dejo por aquí), en el que decimos algo como: “No sé que clase de amigas has tenido pero…”
— Verte cumplir los sueños que soñábamos de pequeñas, me hace seguir soñando en grande.
— Siempre querré celebrar y compartir tus éxitos como si fueran míos (porque un poco lo son).
— Me sentiré tía de tus hijos desde el minuto en que sepa que estás embarazada.
— Viajar contigo siempre será mi plan favorito.
— A mí no me tienes que explicar por qué pedimos una botella en vez de copas.
LOS AMIGOS SON LA PARTE DIVERTIDA DE LA VIDA
En definitiva:
Saben más historias de tí que tú misma a veces, recuerdan tus mejores y peores momentos, y consiguen hacerlo sacándote una sonrisa.
Se siente con paz, calma, seguridad, confianza. Te ríes, eres más tú que en casi ningún otro lugar. Deseas lo mejor para ellos y les ayudas a conseguirlo cuando puedes.
Y si hay algo que ellas me han enseñado es que da igual el tiempo o la distancia. Importa la presencia, de la forma que puedas. Estar las unas para las otras, eligiéndonos y priorizándonos.
Por eso,
ESTA POSTAL ES PARA ELLAS
Para las que me devolvieron la fé, para las que se quedaron, para las que llegaron cuando ya no esperaba a nadie, para las que nunca se fueron, para las que me sostuvieron, para las que me demostraron que aquello de los 16 no era la amistad.
Hoy brindo por cada una de estas mujeres, a las que admiro profundamente, y que, en sus distintísimas formas de ser y vivir, me hacen sentir que siempre tengo un lugar en sus vidas está reservado para mí. Y ojalá tú también las tengas —o estés a punto de encontrarlas.
ESTA SEMANA EN EL CLUB DE JOURNALING
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La semana que viene, Postal n.6 desde mi querido sur.
Mucho love,
Ce.
Gracias por leer 30 veces yo. ¡Envíaselo a esa amiga que es la parte divertida de tu vida!
Sin posts

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