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Viajo en moto. Un podcast de viajes, de aventura, de lugares lejanos o no tanto y de grandes viajeros o no tan grandes. Hola estimada chabalería, aquí comienza Viajo en moto, el programa de los viajes en moto. Con Roberto Naveiras. Con traje de geisha en Asturias, en el norte de la península ibérica. Hablamos de viajes en moto, viajes en camión, viajes en furgoneta y mil cosas más. Hay un momento en la vida en que uno empieza a sospechar que el éxito puede ser una forma bastante refinada de fracaso. Ya sé que suena raro. Suena a esas frases de calendario con una foto del atardecer o quizá a estas frases que salen en los sobres de azúcar. Pero déjame, déjame que te explique. Hace unos días leía la historia del Big Bear Run.
Me la había pasado Javi de Plencia, me pasó un vídeo de YouTube. Esta Big Bear es una carrera que se celebraba en California desde principios del siglo pasado y me hizo gracia sobre todo cómo empezó toda esta historia. Al parecer aquello nació de una discusión. Dos motoristas querían saber cuál era la mejor forma de llegar al lago Big Bear. Uno apostaba por la carretera y el otro decidió atravesar el desierto. Hoy, si haces esto, ya tienes, antes de salir, a tres amigos que están compartiendo la ubicación en tiempo real, otro preguntando si lleva chaleco a Erbach y uno más recomendándote una aplicación meteorológica para ver el tiempo que va a hacer. Ah, y tu madre llamándote para decirte que no corras. En 1921, no. En 1921 se subían a la moto y salían, sin más.
La historia dice que en aquella carrera que nevó, que la carretera quedó inutilizada, quedó cerrada y que ganó el que cruzó el desierto. Y de aquella tontería, porque las mejores ideas suelen empezar siendo una tontería, nació una de las carreras más míticas del motociclismo americano. A mí me gustan estas historias. No porque hablen de motos. Me gustan porque hablan de personas que todavía no sabían que estaban haciendo algo grande, que estaban haciendo historia. Ellos solo estaban viviendo. Nosotros, en el tiempo que nos ha tocado vivir, somos muy dados a darle importancia a todo. Que si el evento del año, la experiencia definitiva, que si el viaje transformador, que si el restaurante imprescindible. ¡Qué fatiguita, oiga! ¡Qué cansancio! A veces pienso que el mundo necesita menos adjetivos y más espontaneidad.
La Big Bear Run fue creciendo. Cada año acudía más gente. Más pilotos, más profesionales, más espectadores, más fotógrafos, más ruido, más polvo y más de todo. ¿A qué suena la historia? Hasta que un día, de tanto más y de tanto crecer, dejó de caber dentro de sí misma. Y ahí está la parte interesante. No murió porque fracasara, murió porque triunfó demasiado. En la edición de 1960 se reunió tantísima gente que aquello empezó a ser inmanejable. Carreteras colapsadas, accidentes, miles de personas invadiendo el recorrido. Y aquel año ganó un chaval de 16 años llamado Eddie Mulder, con una Royal Enfield preparada. Una historia preciosa. Pero, curiosamente, casi nadie recuerda aquella edición por el ganador, aunque era un chavalín que le ganó a muchísimos profesionales. La gente recuerda...

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