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Bienvenidos a Átomos y Letras, el espacio donde la curiosidad científica se encuentra con la pasión por contar historias. Soy Luis Débora y cada miércoles desde el periódico La Tribuna exploramos la realidad con artículos de divulgación. Desde las partículas más invisibles hasta los misterios del universo, intentamos transformar la ciencia en palabras. Y en esta ocasión...
También puedes escucharlo. ¿Nos acompañas? ¿Por qué no podemos predecir si lloverá dentro de cinco meses? Podríamos pensar que la era de la inteligencia artificial y la conquista del espacio, predecir si lloverá en tu ciudad dentro de 5 meses, debería ser una tarea sencilla. Tenemos a nuestra disposición colosos superordenadores capaces de realizar más de mil billones de operaciones por segundo, procesando una malla invisible que envuelve al planeta en celdas de 16 kilómetros y 137 niveles verticales.
Millones de ecuaciones resolviéndose simultáneamente para darnos una respuesta sin embargo a pesar de este despliegue tecnológico procesando millones de datos la predicción meteorológica fiable no supera los 10 días la razón no reside en la falta de potencia sino en una propiedad fascinante y casi poética que presentan ciertos tipos de sistemas complejos muy sensibles a las variaciones de las condiciones iniciales denominada caos determinista la naturaleza nos regala una cura de humildad recordándonos que el tiempo atmosférico en su esencia más íntima será siempre una quimera indomable Fue en el invierno de 1961 cuando Edward Lorenz descubrió que pequeños cambios iniciales provocan grandes consecuencias.
Al intentar repetir una simulación en su modelo meteorológico de 12 variables, Lorenz redondeó el valor de 0,506127 a 0,506. Pensó que esa pequeña diferencia sería insignificante, pero comprobó con asombro que la producción de la computadora cambiaba radicalmente a corto plazo. Dos años después, en 1963, simplificaría este fenómeno en un modelo de solo tres variables, que actualmente conocemos como el atractor de Lónez, y cuya representación gráfica recuerda precisamente a las alas de una mariposa.
Años más tarde, en 1972, Lawrence presentó en Washington una conferencia bajo el título Previsibilidad. ¿El aleteo de las alas de una mariposa en Brasil desencadena un tornado en Texas? Aunque el título fue sugerido por su colega Philip Mellis para captar la atención. Ilustraba perfectamente que cualquier perturbación mínima hace que dos condiciones iniciales, aparentemente iguales, dejen de serlo en la realidad.
El efecto mariposa se ha consolidado como la metáfora perfecta de esta fragilidad. Esa pequeña pieza de información que no pudimos medir, ese aleteo invisible, se amplifica exponencialmente hasta desbordar la capacidad de procesamiento de los superordenadores más avanzados del mundo.
En una sociedad preocupada por el cambio climático aceptar que nunca tendremos un mapa exacto del futuro meteorológico no es una derrota de la ciencia sino un reconocimiento de la complejidad del sistema en un universo gobernados por leyes matemáticas la atmósfera se revela contra la certeza absoluta recordándonos que entre la previsión y la realidad siempre habrá espacio para lo inesperado ¿Es nuestra ciencia una herramienta de poder real o solo un lenguaje con el que intentamos descifrar nuestra fragilidad ante el cosmos? Artículo publicado en el periódico La Tribuna el 22 de abril de 2026

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