In the previous unit from our collection Hispanohablantes que hicieron historia we explored the life of Celia Cruz, one of the most famous singers in the Hispanic world. In today’s lesson, you will discover the life and work of Mario Molina, the Mexican scientist whose research helped protect our planet.
As you read his story, you will naturally practice:
talking about causes and effects,
using impersonal expressions,
giving advice and talking about responsibilities,
and learning essential vocabulary related to science, pollution, and the environment.
This lesson includes:
essential vocabulary,
an story with audio,
reading comprehension activities,
grammar practice,
vocabulary exercises,
Remember that you can download the PDF for this lesson by clicking the three dots and selecting “Open as PDF” as you can see below:
By the end of this lesson, you will not only know who Mario Molina was—you will also understand why his discoveries continue to affect our lives today.
Mario Molina fue uno de los científicos más importantes de América Latina. Gracias a su trabajo, hoy sabemos mucho más sobre cómo proteger nuestro planeta. Sus investigaciones ayudaron a cambiar las leyes de muchos países y demostraron que la ciencia puede mejorar la vida de millones de personas.
Mario nació en Ciudad de México en 1943. Desde muy pequeño sentía una enorme curiosidad por el mundo que lo rodeaba. Mientras otros niños pasaban horas jugando al fútbol o montando en bicicleta, él también disfrutaba observando insectos, mezclando sustancias y haciendo pequeños experimentos en casa. Le gustaba descubrir cómo funcionaban las cosas y siempre hacía preguntas. Sus padres comprendieron muy pronto que su hijo tenía un gran interés por la ciencia y decidieron apoyarlo.
Cuando era niño, Mario convertía un pequeño baño de su casa en un laboratorio improvisado. Allí guardaba frascos, tubos de ensayo y otros materiales sencillos para hacer experimentos. No eran investigaciones importantes, pero sí eran el comienzo de una pasión que lo acompañaría durante toda su vida. Para él, aprender era una aventura.
En la escuela era un estudiante muy responsable y curioso. Le gustaban especialmente las clases de química y física porque le ayudaban a comprender los fenómenos de la naturaleza. Mientras muchos compañeros estudiaban solo para aprobar los exámenes, Mario quería entender por qué ocurrían las cosas. Esa manera de pensar marcaría toda su carrera como científico.
Después de terminar sus estudios, ingresó en la Universidad Nacional Autónoma de México para estudiar ingeniería química. Allí aprendió mucho sobre los procesos químicos y descubrió que quería dedicarse a la investigación. Más tarde continuó sus estudios en Alemania y después obtuvo un doctorado en Estados Unidos. Vivir en diferentes países le permitió conocer nuevas culturas, trabajar con científicos de todo el mundo y ampliar su forma de pensar.
Durante aquellos años, la mayoría de las personas no hablaba del medio ambiente como lo hacemos hoy. Las fábricas producían cada vez más productos, el consumo aumentaba rápidamente y muy pocas personas pensaban que la contaminación pudiera convertirse en un problema mundial. Muchos creían que la atmósfera era tan grande que nada podía dañarla.
Sin embargo, Mario comenzó a hacerse una pregunta diferente. Quería saber qué ocurría con unos gases llamados clorofluorocarbonos, conocidos también como CFC. Estos gases se utilizaban en aerosoles, frigoríficos y aparatos de aire acondicionado porque parecían muy seguros. Como no eran tóxicos ni inflamables, muchas empresas los utilizaban sin preocuparse por sus posibles consecuencias.
Mario decidió investigar este tema junto con el científico estadounidense Frank Sherwood Rowland. Los dos trabajaron durante mucho tiempo analizando el comportamiento de estos gases en la atmósfera. Después de realizar numerosos cálculos y experimentos, llegaron a una conclusión sorprendente. Descubrieron que los CFC podían subir hasta la capa de ozono y destruir parte de ella.
Cuando Mario y su compañero publicaron sus resultados, no todo el mundo aceptó sus conclusiones. Algunas empresas pensaban que aquella investigación podía afectar a sus productos y cuestionaron el trabajo de los científicos. Otras personas creían que el problema no era tan grave. Sin embargo, Mario estaba convencido de que los datos eran correctos. Para él, la ciencia debía basarse siempre en las pruebas y no en las opiniones.
Con el paso de los años, otros investigadores realizaron nuevos estudios y confirmaron que Mario Molina tenía razón. Poco a poco, la comunidad científica aceptó que los CFC estaban dañando la capa de ozono y que era necesario actuar antes de que el problema fuera mucho mayor. Gracias a estas investigaciones, muchos gobiernos comenzaron a colaborar para buscar una solución.
En 1987 se firmó el Protocolo de Montreal, un acuerdo internacional cuyo objetivo era reducir el uso de las sustancias que destruían la capa de ozono. Fue un momento histórico porque muchos países decidieron trabajar juntos para proteger el medio ambiente. Este acuerdo todavía se considera uno de los mayores éxitos de la cooperación internacional.
Como consecuencia de estas medidas, muchas empresas empezaron a fabricar productos más seguros y menos contaminantes. Poco a poco, el uso de los CFC disminuyó en todo el mundo. Los científicos observaron que la capa de ozono comenzaba a recuperarse lentamente.
En 1995, Mario Molina recibió el Premio Nobel de Química por sus investigaciones sobre la capa de ozono. Fue un momento muy importante para México, ya que se convirtió en el primer científico mexicano en ganar este premio en esa categoría.
Además de investigar, Mario disfrutaba enseñando. Creía que la educación era una de las herramientas más poderosas para cambiar el mundo. Muchas veces participaba en conferencias, escribía artículos y hablaba con estudiantes de diferentes edades. Pensaba que las personas toman mejores decisiones cuando comprenden cómo funciona la naturaleza.
Mario también insistía en que el medio ambiente es responsabilidad de todos. Decía que no basta con esperar que los gobiernos solucionen todos los problemas. Cada persona puede hacer algo para reducir la contaminación. Hay que reciclar siempre que sea posible, ahorrar agua y energía, utilizar menos plásticos y cuidar los espacios naturales. Estas acciones parecen pequeñas, pero juntas pueden producir un gran cambio.
Mario Molina falleció en 2020, pero su legado continúa vivo. Su historia demuestra que una persona curiosa puede cambiar el mundo con esfuerzo, conocimiento y perseverancia. Gracias a sus investigaciones, millones de personas son hoy más conscientes de la importancia de proteger la Tierra.
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