RSS Amplifier

Creatividad Humana en la era de la IA · Aug 9, 2026

Cómo tener mejores ideas (sin buscarlas)

0
Sign in to vote or save

Sofia Geyer · Creatividad Humana en la era de la IA

El otro día salí a caminar. Y antes de cerrar la puerta hice, casi sin pensarlo, el gesto de siempre: agarrar el celular y buscar un podcast para el camino. Me frené. Lo dejé sobre la mesa y salí sin nada.

Veinte minutos después, sin proponérmelo, se me había ordenado una idea para el próximo curso online de Creatividad (con el que estaba, irónicamente, creativamente trabada).

No la busqué. Apareció sola, en el espacio mental que le dejé.

De eso quiero hablarte hoy: de la baja carga cognitiva, que se volvió uno de los recursos más escasos que tenemos.

Tenés en la cabeza algo parecido a la memoria RAM de una computadora. No el disco, donde guardás los recuerdos de hace años: la RAM, ese espacio chiquito donde se cargan las cosas que estás usando ahora mismo.

A mí me gusta imaginarla como una pizarra mental muy chica, donde anotás con fibra borrable lo que estás procesando en este momento: el número que alguien te acaba de dictar, la pregunta que te hicieron y todavía no contestaste, la idea que se te ocurrió recién y no querés olvidar. Todo eso vive ahí.

Las ciencias cognitivas la llaman memoria de trabajo, y no es una metáfora poética: es una función cerebral real, estudiada hace décadas. La carga cognitiva es, simplemente, cuánto de esa pizarra está ocupado. Y la pizarra es chica, y se borra rápido.

Lo mismo que a una computadora con demasiadas apps abiertas: se pone lenta y, si insistís, se cuelga. Cuando la pizarra se llena, te olvidás de lo que acabás de leer, releés la misma frase tres veces, perdés el hilo de una conversación, te cuesta decidir hasta cosas simples. No es falta de inteligencia ni de ganas: es una función cerebral que llegó a su límite.

Eso se llama sobrecarga cognitiva. Y el problema de esta época es que vivimos casi todo el día ahí, con la pizarra al borde, sin darnos cuenta.

Cuando la pizarra se vacía pasa algo que no es obvio: se liberan recursos cognitivos.

Tu mente deja de tener el foco clavado en lo urgente, en lo que tenés adelante, en la tarea que venías empujando. Y recién ahí, sin un foco tan cerrado, empieza a hacer asociaciones más sueltas, a conectar cosas que estando apurado nunca hubieras conectado. De esas asociaciones sueltas, justamente, salen las ideas nuevas.

La baja carga cognitiva es ese estado en el que tu mente queda con muy pocas cosas en uso. No estás resolviendo un problema, no estás procesando información nueva, no estás decidiendo nada. Parece que no pasa nada.

Pero pasa, y mucho: se prende una red del cerebro, la que la neurociencia llama Red por Defecto, que se enciende justo cuando soñás despierto, mirás por la ventana o caminás sin destino. Esa red no descansa: conecta puntos lejanos de tu memoria, recombina ideas que normalmente no se hablan, integra lo que viviste en el día.

Ahora bien, acá hay algo que tardé en entender y que cambia un poco la foto: esa red no hace magia sola. La baja carga no te entrega la idea terminada; te entrega el material suelto, las conexiones inesperadas, la materia prima.

La idea recién se vuelve idea cuando volvés a enfocarte y la agarrás, la ordenás, la elegís entre otras diez. Los estudios sobre creatividad muestran justo esto: las personas más creativas no son las que viven en las nubes con la mente siempre dispersa, ni las que están siempre hiperconcentradas.

Son las que pueden ir y venir entre los dos estados —soltar y aterrizar, divagar y enfocar— con facilidad.

Mi caminata fue exactamente eso. Durante veinte minutos sin pantalla, mi mente hizo sola el trabajo de fondo: fue a buscar a estantes lejanos, probó combinaciones que estando apurada nunca hubiera probado. Pero la idea se ordenó del todo cuando volví, me senté y la trabajé.

El hueco preparó el terreno; el foco la terminó. Una cosa no sirve sin la otra. Por eso los dos enemigos de la creatividad son la sobrecarga permanente (que nunca te deja soltar) y también la dispersión permanente (que nunca te deja aterrizar).

¿Cuáles son esos momentos de baja carga? Los conocés bien, porque hasta hace poco venían solos. Esperar el colectivo. Hacer la cola del banco. Caminar a una reunión. Lavar los platos. Viajar largo en tren.

Antes, la baja carga era el default del día; no había que perseguirla. Hoy es al revés: cada hueco que aparece, una pantalla lo llena. Esperás: celular. Caminás: podcast. Hacés cola: scroll. Te dormís: TikTok. La baja carga, que era gratis, ahora hay que pelearla.

Hace más de diez años que me dedicó a diseñar sesiones de creatividad e innovación en todo tipo de empresas y gobiernos. Llevo miles y miles de horas de vuelo, observando e interviniendo en cómo los equipos crean ideas. Sin embargo, hay algo que me costó bastante tiempo entender.

Cuando estamos saturados y abrimos Instagram o ponemos una serie, sentimos alivio y lo llamamos “descanso”. Pero no es descanso: es un cambio de tarea. Tu mente no se vació, cambió de contenido. Pasaste de un tema difícil a fotos, mensajes, tramas, notificaciones.

La Red por Defecto no llega a encenderse, porque el scroll la mantiene enganchada en una microactividad permanente.

Por eso, después de una hora de pantalla, salís igual de cansado que cuando empezaste, o más. Uso redes y veo series, y mucho: no propongo dejarlas. Propongo no confundirlas con descanso. Si las usás, sabé que estás entretenida, no descansada.

Todo esto pesa más hoy por una razón concreta. Vivimos con la mente llena todo el día: información que entra sin parar, mensajes que se acumulan, decisiones chicas encimadas. Y ahora, encima, delegamos cada vez más a la inteligencia artificial.

La IA es una herramienta enorme (la uso, me ayuda muchísimo, y no es el enemigo).

Pero hay una diferencia clave. Una cosa es delegarle lo repetitivo, lo aburrido, lo que no agrega nada tuyo: eso libera espacio, buenísimo. Otra muy distinta es pedirle también las primeras ideas. Ahí no le estás entregando lo aburrido: le estás entregando justo la parte del proceso que te hacía pensar.

Y esa parte, la de recombinar lo propio y después elegir, necesita una mente liberada para funcionar.

Porque acá está lo que más me importa: la creatividad no es un don, es una habilidad que necesita espacio.

Crear es, básicamente, recombinar información que ya tenés de maneras nuevas. Y esa operación (ir a buscar a los estantes lejanos de tu memoria, no al de siempre) es”cognitivamente” cara: el cerebro solo la hace cuando la mente está descargada.

Cuando estás corriendo, va al estante más cercano, a la idea más obvia, a la respuesta que ya diste otra vez. Por eso la creatividad es lo primero que se apaga bajo sobrecarga. No por falta de talento: por falta de huecos.

La buena noticia es que se recupera, y no hace falta ninguna técnica sofisticada.

Hace falta algo más simple y más difícil: dejar de tapar los huecos. Salir a caminar sin celular y sin podcast. Lavar los platos sin poner nada de fondo. Esperar sin sacar la pantalla.

Va a costar, porque la cultura productivista nos metió la culpa de “no hacer nada”, esa voz que dice “aprovechá para algo útil”. Pero ese vacío no es tiempo perdido. Está lleno de cosas. Solo que aparecen si lo dejás vacío.

Así que esta semana te dejo una sola invitación: una caminata, sin nada.

A ver qué aparece cuando le devolvés a tu mente el lugar para volar.

Para seguir explorando:

En The Human Lab creamos espacios para quienes quieren aprender, experimentar y pensar mejor sobre innovación, creatividad e IA.

Frontiers Lab: una comunidad para explorar nuevas ideas, herramientas y conversaciones sobre innovación y futuro.

ABC de Innovación: un curso online para aprender las bases de la innovación y llevarlas a equipos, proyectos y negocios.

Y si querés seguir explorando estas ideas, me encontrás en @sofiageyer.innovacion, sofiageyer.com y The Human Lab.

Compartir

Deja un comentario

Sin posts

Read the original on sofiageyer.substack.com

Comments

Nothing yet. Say the first thing.

    Sign in to join the conversation.