RSS Amplifier

en las nubes · Nov 17, 2025

En defensa de la diversión

0
Sign in to vote or save

Sofía Fernández · en las nubes

Escucho esto mientras escribo (Youtube. Y qué relax)
Debajo del todo te dejo, además de las recomendaciones, algunas formas muy simples de incrementar la diversión en el día a día.
Definición de la semana: RISOTERAPIA

La Encuesta sobre Felicidad y Valores del CIS (Centro de Investigación Sociológica) realizada en 2024 es optimista. Dice que 8 de cada 10 españoles se considera feliz.

Puede que sea cierto, que España sea un país razonablemente feliz, pero hay algo que no me termina de cuadrar. Vivimos en la era del ‘crinche’, es decir, todo nos da vergüenza ya sea propia o ajena.

Nos da vergüenza vestirnos de determinada manera. Nos callamos cosas o participamos en conversaciones que en las que realmente no tenemos interés porque tenemos miedo a desentonar, a llamar la atención. Esto es especialmente perjudicial porque nos frena de hacer cosas nuevas y prosperar.

Ya lo dijo Rosalía, la reina del ‘cringe’:

Estamos en una especie de psicosis colectiva en la que nos convencemos de que si nos nos ponemos en una situación vulnerable seremos analizados y juzgados por otras personas. Creo que tenemos miedo de que se nos pongan etiquetas con las que tengamos que cargar después.

Y no sé que es más preocupante, el hecho de que queramos encajar tan desesperadamente en aquellos lugares en los que nos sentimos juzgados, o el por qué vivimos en una sociedad tan exigente y juiciosa.

Ya no es solo que vivamos para hacer la foto —fotos de viaje, del restaurante al que vamos el viernes por la noche, de nuestra última compra, o de la decoración de nuestras casas—, siento que las redes sociales han llegado hasta los lugares más íntimos de nuestras vidas privadas y eso quizás nos está pasando factura.

Lo que quiero decir es que lo que llevamos a lo público a través de las redes no se queda allí (fuera), vuelve de rebote y nos afecta en lo privado. Por ejemplo; lo que compartimos en redes el fin de semana es tema de conversación el lunes en la oficina; presentamos a alguien en nuestro entorno y ya lo conocen por nuestras publicaciones (con sus correspondientes impresiones previas, claro). No digo que esté mal, digo que es un hecho.

Tiene sentido que nos hayamos vuelto más serios y cautelosos, prudentes. Como si cada frase tuviera que pasar por un filtro invisible antes de salir de la boca en muchos contextos del día a día. Vivimos limitados.

Y en realidad no creo que se deba a un único factor, podríamos culpar a la actual y creciente polarización política, o quizás a la pérdida de valores como la empatía, la falta de tolerancia, por supuesto que la sobreexposición en redes también está ahí al igual que la crítica constante de la sociedad — ya sea en internet, en la televisión, o en tu barrio—. No sé exactamente qué es, pero siento que cada vez nos cuesta más ser espontáneos y naturales. Es imposible darnos el lugar para ser divertidos si no nos sentimos seguros, si no nos aseguramos de que lo que digamos o hagamos no le va a caer mal a alguien.

Ayer mi hermana adolescente me contó que hace unos días se puso a cantar en un parque con una amiga y que la gente se les quedaba mirando. Ellas se rieron mucho y pasaron un buen rato. Rápidamente me vinieron a la mente momentos similares con mis amigas a su edad. Sin embargo, me costó encontrar un recuerdo reciente con amigos en los que simplemente hagamos el tonto por el simple placer de divertirnos (y que no involucre la ayuda del alcohol). Entonces… ¿hemos relacionado ser adultos con ser serios?

No pretendo ponerme a cantar en mitad de la calle (de momento). Lo que digo es que quizás estemos confundiendo madurez con rigidez. Nos da miedo desentonar. La idea de hacer algo fuera de ruta parece casi incompatible con la edad adulta.

¿Qué clase de felicidad es esa que necesita estar siempre controlada, medida y aprobada por el resto? Si la alegría no puede descolocarnos un poco, si no nos permite hacer el ridículo, si no nos deja cantar en un parque sin pensar en quién mira… entonces estamos viviendo una versión muy pobre de la vida.

Ojalá normalizásemos un ataque de risa en medio de la calle. Ser ridículamente absurdos de vez en cuando. Normalizar equivocarse y no creernos con el derecho de dar nuestra opinión sobre desconocidos todo el tiempo (y de conocidos también). Normalicemos lucir personalidades heterogéneas.

Es agotador tener que ser perfecta todo el tiempo, hay que estar guapa, ser lista, eficiente, trabajadora, prudente, buena persona… ¡pero si yo solo me lo quiero pasar bien y ya está! ¿Es eso tan malo? ¿Para que vivimos entonces?

¿Queremos ser felices o ser aprobados por el resto?

El otro día, en el trabajo, organizamos una charla sobre lo que supone ser una mujer mayor en una sociedad todavía machista y edadista. La conferencia me pareció, a título personal, muy interesante, pero acudieron muy pocas mujeres mayores, que era el objetivo. Recuerdo que dos amigas entraron por casualidad en la sala porque pensaban que allí se celebraba su taller de risoterapia. En cuanto vieron que no era el lugar para echarse unas risas, se fueron.

La conferenciante se indignó pero yo me llevé otra lección. Lo cierto es que de las personas mayores aprendo mucho todos los días. Entendí a esas mujeres. Creo que llega un momento en el que no estás para rollos pesados. Bastante dura es la vida de por sí… quizás a esas amigas sí les preocupa que las traten diferente por ser mayores y mujeres, pero simplemente no quieren pasar la tarde pensando en ello.

¿Sabías que un niño se ríe de media 400 veces al día? ¿Sabes cuántas veces lo hace un adulto? entre 20 y 30. Y seguro que he tenido días que bajan esa media considerablemente. Hoy que vivimos en la era de ser ‘super healthys’ no veo a influencers hablar de los beneficios de echarse unas buenas risas.

Desde el punto de vista fisiológico la risa involucra hasta 400 músculos, la respiración se entrecorta y se liberan sustancias químicas en el cerebro que nos hacen sentir bien. La contracción muscular unida a la alteración de la respiración crea ese sonido expansivo que tanto placer produce, tanto cuando nace de nosotros como cuando lo escuchamos en nuestros seres queridos.

Además, la risa es un idioma que une más de lo que imaginamos, un idioma universal que se entiende vayas donde vayas.

En tiempos de chutes de dopamina y alegría barata —vídeos, notificaciones, azúcar— conviene recordar qué es lo que nos hace felices de forma natural. Pero es imposible llegar a eso si estamos demasiado ocupados en ser políticamente correctos, o en caer bien a todo el mundo.

El humor sana. La diversión nos saca de la rutina. Reír libera la tensión y el estrés del día a día...

Demos ‘cringe’, seamos absurdos. Es preferible ser estúpidamente divertidos a ser razonablemente aburridos.

Recuperemos la capacidad de tomarnos la vida más ligera. No puede ser tan difícil. Estas son las 5 formas que se me han ocurrido a mi, pero seguro que encuentras muchas más.
  1. Buscar lo divertido en lo aburrido

Esto es muy obvio y tonto, asique funciona seguro. No podemos evitar que la vida sea un muermo muchas veces., pero si podemos tomárnosla de otra manera. Por ejemplo: yo odio limpiar los platos y algo que me funciona es ponerme música que sé que me hace bailar, o como mínimo, tararear. Sigo odiando limpiar los platos pero al menos no me desespera.

  1. Reírse de uno mismo

Todos cometemos fallos. Si sois despistados como yo ni te cuento. En lugar de machacarte y repetir en bucle en tu cabeza lo tonta/o que te sientes por una tontería, ríete. Aunque no te apetezca: Rí-e-te. Te manchas de café, te confundes de palabra, te tropiezas… no dejes que algo tan tonto arruine tu buena energía.

  1. Vestirse de colores

“En tiempos de oscuridad, el mundo necesita color y belleza”. No lo digo yo, lo dijo un gurú de la moda como es Wes Gordon (Carolina Herrera). Creo que vestirte como te de la gana, mirarte al espejo y que te guste, te da fuerzas para afrontar el día.

  1. Dejarse sorprender

¿Cuántas veces te has pedido el mismo helado? ¿el mismo postre? ¿Ido a los mismos lugares? Ir a lo seguro es cómodo pero quien no arriesga no gana. Te propongo una idea: seguro que hay una ruta que haces a menudo, la próxima vez que la hagas déjate sorprender, fíjate en lo que ves alrededor, quizás haya una cafetería que puedas probar, algo en un escaparate que merezca la pena pararse a mirar, o simplemente una escena que te haga sonreír. ¡Improvisa!

  1. Bailar y cantar

La neurocientífica Mónica Folgueira Otero, del Grupo de Investigación Neurover y profesora en la Universidad de A Coruña, explica que cantar o bailar reduce el estrés y libera serotonina, dopamina y endorfinas, lo que incluso ayuda a disminuir la sensación de dolor. Es un efecto similar al de la risa y también al del deporte, especialmente cuando se hace en grupo. Pero hay un matiz importante: estos beneficios solo aparecen cuando nos entregamos de verdad a la actividad, no cuando la hacemos a medias o con vergüenza.

Hoy todo va de risas. Asique esto es un poco recomendación y bibliografía que he usado como inspiración para este post.

  1. Saqué la idea de un episodio del podcast de Mel Robbins que amé. (Inglés)

  2. Este post de Instagram de @barrynrodgers

    3. Esta Ted talk (está en inglés pero ahora youtube te deja poner el audio en español gracias a la IA).

  1. Además de buscar cómo divertirme también he vuelto al placer de navegar este fin de semana por Substack y así he descubierto a Sylvia Plath. Siempre le deberé a esta aplicación reconciliarme con internet. Fue una magnífica, excelente, genial autora con una historia trágica.

  2. El nuevo álbum de Rosalía. Admiro su creatividad. Su música. Toda ella. Genia. Mi favorita:

Si has llegado hasta aquí, lo primero gracias. Si te ha gustado puedes decírmelo y alegrarme la semana. Compartir o dar me gusta ayuda a que más gente me conozca.

Que tengas una feliz semana

Read the original on sofiaenlasnubes.substack.com

Comments

Nothing yet. Say the first thing.

    Sign in to join the conversation.