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Sobre Crecer · May 1, 2026

Emprender duele

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Corti 🚀 · Sobre Crecer

Llevo varios días dándole vueltas a la conversación que tuve con Javier Arambarri en el podcast de Product Hackers. Hacía tiempo que no tenía una entrevista en el podcast con tanto de SobreCrecer como de Growth.

A mitad del podcast, Javier me dijo“emprender es una tolerancia al dolor buena. Te tiene que gustar. Y te va a doler”.

Y es que es una gran realidad. El emprendimiento se ha vendido de muchas formas a lo largo de los años. Como libertad, como estilo de vida, como pasión, como propósito, o como una versión actualizada del sueño americano. Y todas esas cosas son ciertas, en parte, en algún momento, para alguien.

Te duele la cabeza cuando llevas seis meses intentando cerrar un deal que se cae a última hora porque al cliente le ha entrado un pánico en el comité de compras. Te duele el alma cuando despides a alguien que querías. Te duele el corazón cuando ves que el equipo no entiende lo que tú ves clarísimo y tienes que volver a explicarlo por novena vez sin perder los modales. Y te duele todo cuando descubres, a las tres de la mañana de un martes cualquiera, que el modelo de negocio que llevabas dos años defendiendo simplemente no funciona y hay que pivotar.

Eso es lo que nadie te cuenta en los cursos de emprendimiento.

Que el 95% de los que lo intentamos no llegamos. Y que los que llegan no es porque sean más inteligentes, ni más guapos, ni más listos. Es porque aguantan más.

Lo que me cuenta Javier es que él aguanta más porque le ha tocado aguantar más.

Su padre se fue de casa cuando él tenía dieciséis años. Alcohólico. Cuatro hermanos por debajo y su madre con una depresión que la dejaba fuera de combate. Él vendió un Rolex que le habían regalado para poder seguir pagándose el colegio en Estados Unidos, porque la imagen exterior decía una cosa y la realidad era otra muy distinta. Y trabajaba en un supermercado por las tardes para llevar algo a casa.

Cinco años así. Cinco años de hacer cola en Cruz Roja porque no había dinero ni para comer. De cajas de cereales con la cruz del arroz que él recogía sin perder la sonrisa, porque sus amigos venían a comer a casa y “es lo que hay, no pasa nada”.

De aprender a vender enciclopedias puerta a puerta, cursos de inglés por teléfono, seguros de vida, coches fúnebres. De polígonos industriales pateándose el asfalto con una hija pequeña en casa, una mujer que confiaba en él, y un fijo de seiscientos euros que solo se convertía en algo decente si vendía.

“Es que como no venda, tío, no pago el alquiler”.

Esa frase la dijo así, sin dramatismo, mientras se reía un poco al recordarlo.

Cuando uno ha vivido eso, cuando uno ha aprendido a vender desde el “no como si no vendo”, el resto de la vida le sabe distinto. Vender un SaaS B2B no le da miedo. Una llamada en frío no le da miedo. Una sentada en la recepción de una oficina esperando a que pase el director general no le da miedo.

“Te quita el miedo. No es más fácil. Es que tienes unas habilidades que ya”.

Esto me ha hecho pensar en cuánta gente conozco (y me incluyo) que se queja del dolor de emprender sin haberse preparado para soportarlo. Sin haber construido el músculo. Sin haber pasado nunca esa fase del puerta a puerta, del “si no vendo no como”, de la cola en la Cruz Roja, de las navidades en un hospital pensando que igual no sales.

“Me hizo priorizar muchísimo qué es lo que quiero en la vida. De la noche a la mañana me puedo largar. La voy a disfrutar más”.

Lo que me llevo de Javier es una estructura mental que me parece honesta y útil: Si vas a emprender, te va a doler. Así de claro. Te. Va. A. Doler.

Y como te va a doler, lo único que tiene sentido es construir el músculo para soportarlo. Y ese músculo se construye en sitios poco glamurosos. Vendiendo enciclopedias. Siendo camarero. Pateándote un polígono industrial. Pasando hambre. Haciendo pesas hasta los cuarenta para llegar entero a los ochenta. Levantando peso muerto literal y metafóricamente, todos los días, porque al final son la misma cosa.

“Si yo me cuido, voy a cuidar a Varis y a Pulpo, en ese orden” (Varis es su socio).

Primero él. Luego su socio. Luego la empresa. Porque si él se rompe, lo demás se rompe detrás.

Lo que cambia no es el dolor, es tu capacidad para sostenerlo sin romperte. Y esa capacidad se entrena. En el gimnasio, sí. Pero también en la mesa de la cocina, hablando con tu pareja del futuro. En la llamada semanal con tu socio aunque ese día no apetezca. En la prospección que no te apetece hacer pero haces igual. En la conversación difícil que llevas tres meses posponiendo.

Javier me lo resumió en un consejo que se lo había dado a otro emprendedor unos días antes: Una hora de prospección. Una hora de deporte. Una hora de lectura. Todos los días.

No hay un secreto escondido, ni un hack ni mierdas varias.

Te recuerda que no hace falta ser un héroe. Hace falta volver. Volver mañana a la prospección. Volver mañana al gimnasio. Volver mañana al libro. Volver mañana a la conversación con tu pareja. Volver mañana a la llamada con tu socio.

Volver y volver y volver.

Y saber si si estás evitando un dolor ahora mismo, seguramente tengas que mirarte al espejo y decirte que lo vas a tener que atravesar.

Un abrazo, Corti.

1 de mayo de 2026.

Al podcast con Javier Arambarri

Read the original on sobrecrecer.substack.com

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