RSS Amplifier

skyhookMAG · Aug 16, 2026

El último Jenízaro

0
Sign in to vote or save

Skyhook · skyhookMAG

A veces, Dios no juega a los dados con el universo. De hecho, un cierto aroma a kismet (el destino o el hado para la cultura árabe) se desprende de esta casualidad: el debut en Euroliga con el Baskonia de Shane Larkin tuvo como rival al Anadolu Efes. El resto es una leyenda conocida. El dinámico jugador de 1’80 metros de altura que se había forjado en la Universidad de Miami (2011-2013) deslumbró en tierras vitorianas y hasta consiguió volver a hacer otra intentona (tras Dallas y New York) en la NBA con la elástica de los Boston Celtics.

Curiosamente, su herencia familiar deportiva estaba mucho más próxima al béisbol, auténtica religión en los Estados Unidos. Barry Larkin, su progenitor, destacó realmente en dicha faceta. Sea como fuere, la oferta de 1’8 millones de dólares que recibió de Estambul, una cifra que finalmente sería juzgada una ganga, se dio por un explosivo playmaker que iba a pasar con letras de oro en el deporte turco.

La Zona

Aquella serie de 2019 lo modifico todo. Naturalmente, la entendida grada del Buesa Arena sabía perfectamente del potencial de aquel deportista de cabellos tendentes a lo rizado y ondulado. No obstante, la eliminatoria contra el Barcelona de Svetislav Pešić fue la que despejó todas las dudas: la pregunta no era si Shane Larkin era una de las estrellas de aquella Euroliga. Lo que debíamos interrogarnos profundamente radicaba en si no estábamos en presencia de uno de esos anotadores legendarios, un nombre que quedaría grabado en la competición como uno de los inolvidables. Aquel día el club otomano patrocinado por una marca cervecera pasó a otro nivel.

Esos cinco encuentros tuvieron de todo, aunque el denominador común estribó en que ni siquiera un genio defensivo como el serbio consiguió el antídoto contra una máquina de sumar puntos en su casillero. El Palau asistió perplejo a algunos recitales que recordaban a los días de Nikos Galis. Todavía hubo alguna voz escéptica que se planteó si aquello era flor de un día, el rapto inspirativo aislado. El maestro Željko Obradović pudo dar testimonio de que no era así cuando les batió con mucha más facilidad de la prevista en una semifinal de Final Four donde el todopoderoso Fenerbahçe pareció aceptar que el Sol Naciente de aquella época del basket en Turquía empezaba a ser otro.

De manera respetuosa y un tanto picante, dentro de una rivalidad sana, el deportista de Ohio siempre ha afirmado que hay una motivación extra cuando en frente se colocan cinco elásticas azulgranas. Si bien respeta a la institución de la Ciudad Condal como un gran club, su ego competitivo le lleva a que sus pies hablen y digan “Esto es lo que os estáis perdiendo” por no haber dado el ultimo pasito por adquirirle antes de que tomase la decisión de volver a probar suerte con los Celtics. Por eso, dicha eliminatoria resultó tan especial y le confirmó como un jugador sumamente reconocido en España.

Ya nada nos sorprendería del dorsal con el 0. Al poco de volver de las vacaciones, el Viejo Continente se frotó los ojos ante unos números que parecía más propios de Dražen Petrović con su Cibona que del medido formato actual: 49 puntos frente a un perplejo Bayern de Múnich que desconocía a quién ofendió para recibir ese castigo del destino. Estaba intratable, pleno de confianza y se erigió MVP de cuatro jornadas consecutivas del campeonato, electrizando a público y rivales con un estado de gracia permanente.

Su staff técnico potenciaba enormemente esas cualidades y le propició un pick and roll para disfrutar de su capacidad penetradora. Interiores inteligentes como Sertaç Şanlı y fieros guerreros como Bryant Dunston resultaron asociados perfectos para su eléctrico y demoledor primer paso. Precisamente el segundo resultó la mano que mecía la cuna para convencer a su compatriota de que se olvidase de cualquier prejuicio que pudiera tener sobre vivir en Turquía. Como revelarían posteriormente en un podcast con testigos de lujo como Elijah Bryant, eso alejó la posibilidad de ver al base más killer en la ciudad lombarda de la moda: Milán perdía una joya que volaba a Estambul.

La extraordinaria pareja

Tú la letra, yo la música. Podía parecer fácil a simple vista, pero en la Sublime Puerta no resultó sencillo aglutinar a dos talentos exuberantes: Vasilije Micić y Shane Larkin. A lo largo de la campaña 2020/21, Ergin Ataman era un hombre convencido de una idea: ningún rival de la Euroliga podía resistir el ritmo de su juego de perímetro cuando estaban en racha. No obstante, él mismo era el ejemplo de los resquicios de un año atípico, de un parón por pandemia que le tuvo mirando al vacío desde su piscina.

Si bien fue un mal absolutamente menor dentro de un panorama mundial de desgracias irreparables, la cancelación de encuentros le llegó al Anadolu cuando estaba en mejor dinámica y Larkin sonaba en todas las quinielas para el MVP. Únicamente el CSKA de Moscú de Will Clyburn les impidió alzar el entorchado el curso anterior. Para el recuerdo quedó la audacia de Dimitrios Itoudis con respecto al dúo dinámico. Juntó a la defensa moscovita y les permitió que el dorsal 0 de los turcos podía acabar con una treintena de puntos o repartir 10 asistencias, pero que en ningún caso iban a permitir que lograse las dos hazañas. Como resultado, el explosivo base se disparó a los 29 tantos, pero el sistema ruso maniató su implicación con los compañeros (apenas dos pases). Micić pagó esa libertad que dejaron a su camarada, quedando limitado a solamente 4 aciertos de 13 lanzamientos intentados. Una de las últimas ocasiones donde se pudo hallar antídoto a la extraordinaria pareja.

Un dueto imbatible que no carburó en sus inicios. El plan entre los mentideros del Efes era que Micić fuese el sexto hombre para todo de la plantilla. Sin embargo, desde su llegada empezó a adaptarse muy bien las exigencias, algo que Ataman, casi emulando los juegos mentales de Phil Jackson, interpretó como una posibilidad de colocar el anzuelo en la motivación de su otro base estelar. “A veces los jugadores de la NBA vienen, firman su gran contrato y creen que van a jugar sí o sí. Para tener minutos, tendrá que jugar mejor que Micić o aprender a jugar a su lado”. Obviamente, el pasional técnico quería la segunda opción, pero precisaba de picar en el orgullo de quien fuera un Celtic. La simbiosis llegó en el momento soñado: justo en la ya citada serie contra el Barcelona, donde Adam Hanga supuso uno de los retos de marcaje más notables para Larkin, superando con nota ese reto y acabando con un subcampeonato.

Tras esa lección, el Anadolu levitaba: incluso tipos tan competitivos como Facundo Campazzo debían reconocer que nadie paraba realmente a aquel pequeño remolino con el centro de gravedad tan bajo, de exquisita muñeca y mucho arrojo para entrar a canasta. En la pandemia, Alper Yilmaz, quien fuera un magnífico jugador de la entidad en el pasado, no logró conservar en los despachos a Alec Peters (sí, quien posteriormente sería un héroe para el Olympiacos en la Final Four de 2025), pero sí mantener al bloque duro con Dunston como firme capitán y dos exteriores indefendibles para el resto de escuadras. El cielo era el límite. Sea como fuere, la progresiva vuelta a la normalidad reflejó a un conjunto con talento que parecía lejos de las primeras plazas del campeonato estrella en el Viejo Continente.

“Nunca tuvimos una relación perfecta”. Con estas palabras, el anotador estelar admitía que lidiar con Ataman no le resultó sencillo en todos esos años, aunque los altibajos se han traducido, posteriormente, en respeto y admiración cuando no han debido convivir en el día a día. Curiosamente, su colega exterior serbio parecía adaptarse mejor: Micić había estado con genios del control como Šarūnas Jasikevičius (hasta cuatro Euroligas como base estelar y otra como técnico del Fenerbahçe), pero admite que nunca se ha sentido más cómodo que con Ataman. A su peculiar e hiperbólica manera, el estratega turco descarga de presión a las estrellas en las grandes citas previas, además de dar una libertad casi total en la ofensiva. Puede ser devastador en la derrota, pero se vive bien bajo su paraguas mediático cuando soplan los vientos a favor.

Si bien en algunos momentos puede ser una losa incómoda para sus pupilos, el antiguo crack del Baskonia era igualmente consciente de que fue la batuta de Ataman la que apostó por arroparle en su primer año con Rodrigue Beaubois, otro exterior formado en el norte peninsular, con perfecta sintonía dentro y fuera de la cancha con Shane. Además, el spacing que propugnaba suponía unas basculaciones intuitivas donde afloraba el talento sin parar y hallando unas fórmulas muy difíciles de predecir para el scouting del adversario. El Sinan Erdem se acostumbró a caviar, un baloncesto de elevadísima categoría.

En un momento dado, el pacto tácito radicó en que Larkin acumularía los puntos y su colega de los Balcanes tendría manga ancha en la dirección. Tan simple de decir como todo un proceso táctico y personal detrás para que cuajara, si bien la inversión permitió al Anadolu llegar a la postemporada de 2021 con 22 triunfos y 12 derrotas. Un dragón hambriento que golpeaba de una forma devastadora a las defensas zonales.

La Final Four de Colonia resultó una experiencia rara para alguien tan protagónico como Larkin. Ciertamente, agarró uno de los rebotes decisivos en la recta final de Alemania, frenando la última intentona del Barcelona. Sea como fuere, Micić acaparó merecidos elogios por su puntería en los instantes decisivos y cómo asumió galones, MVP en fase regular y en el fin de semana europeo de mayor exposición mediática. Por supuesto, detrás había un trabajo durísimo (Tibor Pleiß y su enfoque para minimizar a una leyenda como Pau Gasol, los bloqueos graníticos de Bryant Dunston, etc.), pero nadie podía dudar del heroísmo del ex jugador del Zalgiris.

“Siento que fue el gran favorecido por esta propuesta, porque sintió mucha comodidad con este juego”. Así se sinceró Ataman a Sergio Vegas y Natxo Mendaza en la apasionante obra Historias inolvidables de 25 Euroligas, si bien de inmediato añadía el pasional preparador que Larkin era otro de los grandes iluminados por un caso atípico en la competición: la libreta de jugadas permitía una libertad de acción ofensiva tipo star-system NBA que dos genios como ellos rapiñaron sin piedad.

Aunque comenzó con molestias físicas (las rodillas, una de las grandes preocupaciones de su carrera), el antiguo universitario de Florida terminó siendo una pieza esencia de un proyecto que dio lo mejor de sí en la segunda mitad del curso. Eso sí, en la eliminatoria contra el Real Madrid hubieron de encomendarse a un triple milagroso de Krunoslav Simon, quien se puso el disfraz de Robert Horry (o Derrick Sharp si queremos no cruzar el Atlántico) para salvar a los suyos y eliminar el estrés de un conjunto que estaba obsesionado con que el destino les debía una, pero estuvieron a punto de verlo reducido a cenizas en varias ocasiones.

La fiebre azul

Es un relato curioso el del Belgrado Arena en 2022. Normalmente, un buen guion de cine habría visto con buenos ojos que Larkin, el omnipresente anotador del Anadolu, tuviera un triple para sellar el triunfo en la Final Four contra el Real Madrid de Pablo Laso en su versión más aguerrida. De cualquier modo, con 58-57 para los otomanos, se sucedieron unos segundos sumamente extraños. El técnico vitoriano no dio orden de hacer falta personal y el tiro esquinado del de Cincinnati no entró. De cualquier forma, Chris Singleton emergió para conseguir disputar y palmear una bola que consumó la segunda Euroliga consecutiva del proyecto.

Un back-to back que no resultó nada sencillo. “Llegamos confiados y pronto recibimos un puñetazo de realidad”. La frase del jugador de Ohio resumías las sensaciones tras abrir la temporada regular europea en Lyon, plenos de sonrisas tras el anterior entorchado. El ASVEL sacó lo mejor de sí mismo con una grada que rugía y Larkin erró el triple que hubiera evitado la primera derrota. Llegarían varias más, con Ataman descubriendo que todos los adversarios dan una motivación extra cuando te ciñes la Corona.

Culminaba así otra temporada de locura, una explosión de emociones donde la barakah volvió a sonreírles en los momentos precisos. La trágica guerra de Ucrania terminó provocando la expulsión de las escuadras rusas en mitad de la competición, unas ausencias que hicieron subir posiciones a equipos que no estaban haciéndolo del todo bien en la fase regular. Indiscutiblemente, el Efes quedó como el gran beneficiado del operativo y logró un colchón de partidos para poder reamarse a la hora de la verdad, esos meses de abril y mayo donde debe darse la metamorfosis de aspirante a firme candidato.

Da una asistencia y comparte este artículo para que llegue un poco más lejos

Compartir

Yakup Sekizkov y Cenk Yildirim, las manos derechas de Ataman (con permiso de Sar Ataman y su frecuente camiseta de Larkin) recordarían el estrés de aquella Final Four. Nuevamente Micić se puso el traje de superhéroe y enloqueció a los suyos de alegría para tumbar al rocoso Olympiacos de Bartzokas en semifinales con una parábola imposible. Larkin estuvo desafinado fuera del arco (¡uno de siete en triples!), pero tanto Sekizkov como Yildirim recordarían la consigna en vestuarios tras la trabada propuesta que hizo un Pablo Laso memorioso por el listón físico que puso contra el Barcelona: confiar en la velocidad del norteamericano y el balcánico para abrir huecos. Tibor Pleiß lo hizo, además de exhibir buena muñeca desde larga distancia. Larkin se las ingenió para ser útil y devastar son su velocidad. En no pocas ocasiones, ha afirmado que Tavares le parece el center histórico de la Euroliga. Al ser uno de los pocos astros capaces de mantener la velocidad ante el de Cabo Verde para entrar a canasta y lograr el 2+1 (en lugar del clásico tapón), es una opinión a tener muy en cuenta.

No en vano, la grada blanca, a veces, incluso ha tenido cierto síndrome de Estocolmo hacia uno de sus rivales más incómodos. De hecho, fue su mágica muñeca la que llevó a un tiempo extra en vísperas de Reyes de encuentro ganado por los anfitriones para poder disfrutar posteriormente de cuatro prórrogas en uno de los mejores partidos de fase regular de la Euroliga (2024). Aquel día su tributo fue de 32 puntos, pero los madridistas se llevaron el choque. Tal vez, una buena metáfora de uno de sus pocos lunares (junto a las lesiones) tras el bicampeonato: pareciera que el Anadolu no volvió a tener esa sangre inyectada en los ojos que, Larkin dixit, les hizo hacer el mejor baloncesto de Europa por un periplo de cuatro años.

El legado

“Empezó con Shane y ahora yo llevo la antorcha”. Las palabras de Kendrick Nunn, flamante estrella del Panathinaikos, reflejan la influencia que el astro del Anadolu Efes ha dejado a ambos lados del Atlántico. A juicio del explosivo jugador del OAKA, fue ver los vídeos de lo que estaba haciendo Larkin lo que le convenció de probar suerte en la Euroliga; curiosamente, ambos han terminado teniendo de entrenador a alguien tan peculiar y heterodoxo como Ataman. Alguien a quien nuestro protagonista ha conocido en otros contextos, fuera de la competición de clubes.

“Esto supuso convertir Estambul en mi casa”. Las declaraciones de nuestro protagonista evocaban la decisión en 2022 de obtener la nacionalidad turca. Shane Larkin nunca ha olvidado que, en un verano tumultuoso donde se rumoreó mucho su tanteo al Barcelona, fue el Efes quien le dio luz verde tras no haber hallado acomodo en la franquicia del trébol. Con su nuevo pasaporte, el explosivo playmaker terminó disputando su primer Eurobasket con su país de adopción. El momento de mayor gloria de selecciones le llegó en otro Eurobasket, el de 2025, donde Turquía terminó cayendo con honor (88-83) contra una potentísima Alemania, colgándose una plata de justicia. Él destacó como el mejor socio posible para Cedi Osman y Alperen Sengun.

Por ello, sorprende poco que no haya querido abandonar la aventura otomana en este punto de inflexión en su carrera. Pasar del equipo cervecero al Fenerbahçe granjearía, normalmente, una auténtica bomba de relojería en la pasional hinchada, pero el Anadolu dio muestras de gran clase en sus redes sociales al montar un vídeo dando las gracias a su figura más influyente en la cancha, sin importar que ahora vaya a nutrir a un mortal adversario deportivo.

En varios momentos, rememorando series de postemporada turcas memorables (con partidos casi tan eternos como esos culebrones adquiridos por Netflix), el dorsal 0 ha hablado de qué supuso medirse con torres como Jan Veselý o Ekpe Udoh, estandartes del Fener. Será muy curioso verle ahora con dicha camiseta. Un nuevo capítulo de su kismet comienza.

Artículo de Marcos Rafael Cañas Pelayo

Read the original on skyhookmag.substack.com

Comments

Nothing yet. Say the first thing.

    Sign in to join the conversation.