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Simplemente Adriana - Podcast · Jun 23, 2026

Hay heridas que solo Dios puede sanar | Conchis Hinojosa - Charlando con Adriana Ep 55

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Lee el podcast de Hay heridas que solo Dios puede sanar | Conchis Hinojosa - Charlando con Adriana Ep 55

Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.

Para poder comprender a los demás, es necesario conocer su historia y qué experiencias construyeron su carácter. Quédate en esto que es Charlando con Adriana y descubre la vida y experiencias de nuestro invitado. Hola, amores. Pues aquí estoy en un episodio más de Charlando con Adriana. Y hoy tengo a una mujer. Hoy no se las voy a presentar. Ella es Conchis Hinojosa. La conocen mucho porque estuvo muchos años en la televisión. Ella es logoterapeuta, tanatóloga, comunicadora. evangelizadora y anexas. Tiene muchas anexas. Así que el día de hoy, ya saben, en este podcast, cada ser humano es un libro. Cada ser humano tiene una historia. Y yo creo que las mejores historias son aquellas que te dejan un algo que dices, si ella pudo, yo también. Yo he vivido eso. Y todos traemos momentos difíciles, momentos dolorosos, momentos en que nos quebramos. pero que podemos seguir adelante. El objetivo es que tú te enriquezcas con cada historia que está aquí. Mi querida amiga. ¿Cómo estás, mi querida? Un gozo. Tenerte. Tenía tantas ganas de verte. Gracias. Gracias, mi querida Adrianita.

No, al contrario, al contrario. Ahorita que te escuchaba y que decías todos tenemos nuestra propia historia, me acordé de una oración que creo que es transfiguración. Está en el librito Encuentro del padre Ignacio Larañaga. Y cuando llego yo, te estoy hablando cuando yo tenía, bueno, no digo edades, pero hace 40 años. Hace 40 años llego y le digo, padre, pues así como dice la oración, o sea, mi historia es tan banal, tan vacía, que ni siquiera tengo historia. Así dice la oración. Y 40 años después, Adrianita, te puedo decir, y se me enchina la piel. Pues no, ni siquiera tengo historia. O sea, a lo mejor he caminado mucho. Y ahorita que te oía cómo me presentabas, que te lo agradezco, es que el verte me emociona. El verte me emociona. A mí también. A mí también me emociona. Porque hemos sido amigas de muchas batallas. A mí me gustaría que les platicaras, Conchis. Primero, ¿cómo fue el proceso de tu juventud? Luego, ¿cómo brincas a la parte profesional? Y luego vamos a ir caminando porque ese es el proceso que las personas debemos de conocer.

Por eso el Señor nos dice que no juzguemos, todos traemos una historia y esa historia va forjando lo que vamos siendo, ¿no? Fíjate que somos muy ligeros para juzgar ahorita que dices eso. Uno de los regalos que yo siento que mi madre me dejó más grandes fue eso, me decía. El único que juzga es Dios, ¿no? Y me encanta, Padre Ignacio Larrañaga, como se los mencioné hace rato, decía, si comprendiéramos no necesitaríamos perdonar, ¿no? Sí. Y contestando un poquito a lo que me preguntabas, Adrianita, ¿cómo transcurrió mi juventud? Soy de Reynosa, Tamaulipas. Me voy a estudiar a Saltillo, Coahuila, mi preparatoria, porque principalmente... Una de mis hermanas empezó con epilepsia. Entonces me dijo mi mamá, en este internado no aceptan más que de universidad, hija, pero necesito que te vayas con tu hermana a Saltillo, a cuidarla, a estar pendiente, porque ella iba a la universidad. Entonces me voy a hacer la prepa. Y conozco a Armando Fuentes Aguirre Catón. Hombre grandioso, orgullo de México. Y me lo encuentro, por cierto, 10 años después.

Y me impacto, porque te estoy hablando que la preparatoria tenía más de 1.500 alumnos. Me ve y me dice, Conchita, ¿todavía sigues cantando? Y yo, no es posible que se acuerde de mi nombre, ¿no? Armando Fuentes Aguirre Catón. Termino la preparatoria en Saltillo, Coahuila. Y me voy a la Ciudad de México. Y te voy a decir una de las cosas que a mí me movía mucho para salirme de Reynosa. Era muy apegada yo a mis papás. Y decía, me va a doler mucho cuando se vayan. Necesito aprender a volar sola. Entonces, pero siempre iba cada fin de semana a verlos como quiera, donde estuviera. Agarraba mi camioncito y vámonos de regreso, ¿no? A cargar pilas. A cargar pilas a mi origen, a mi familia, ¿no? Empiezo la universidad, la Universidad Iberoamericana en la Ciudad de México y entré a la carrera de comunicación. Me acuerdo que mis compañeros me decían el primer año, hombre, me dice, te quiero ver en seis meses, vas a entrar al reventón, ¿no? Porque decían que yo me reventaba con donas y malteadas. ¿A poco? Sí, te lo juro.

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