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Un espacio donde la fe abraza, la esperanza renace y el corazón de mamá encuentra fortaleza. Prepárate para compartir, reflexionar y conectar con Dios en cada episodio. Esto es Madres en Oración con Adriana Corona. Hola mis amores, ¿cómo están? Me da muchísimo gusto saludarlas como siempre en estos espacios que nos damos para la reflexión profunda. El día de hoy preparamos el arte de resolver conflictos a lo largo de la vida. Vamos a tener conflictos. De hecho, Jesús en el Evangelio nos dice, en el mundo tendréis aflicción, confía, yo he vencido al mundo. Los conflictos, las desavenencias, los pleitos, el no estar de acuerdo, forma parte de nuestra vida. Así que vamos a empezar a aprender cómo vamos a poder resolver los conflictos. ¿Qué hacer o cómo enfrentamos los conflictos cuando estos aparecen? Miren, muchas personas creen que una familia feliz es una familia donde no se discute y eso no existe en ninguna parte del mundo. Los seres humanos tenemos buenos momentos, malos momentos, hay momentos en que estamos agobiados, nos pueden pasar muchas cosas, los desajustes hormonales, los problemas del trabajo.
Por lo tanto, decir que no vamos a enfrentar conflictos es, para empezar, una gran mentira que no sucede. Toda relación humana que experimento. Primero, diferencias. Para empezar, tu esposo y tú fueron educados en una familia diferente, con costumbres diferentes y a lo mejor creencias diferentes. Vas a enfrentar desacuerdos. ¿Quién te dijo que el amor va a hacer que todo te guste? No es cierto. No siempre vas a estar de acuerdo con el otro. Eso no quiere decir que no lo comprendas y lo entiendas. También vas a tener frustraciones cuando las cosas no te salen como quieres, cuando los hijos no te obedecen, cuando les dices una y otra vez y parece que son sordos porque no hacen lo que tú les dices. Cuando tú les quieres evitar un dolor, sin embargo, no lo logras. Y también vas a enfrentar los malentendidos. Es que yo no te quise decir eso. pero pues lo dijiste y eso me lastimó. Entonces, estos cuatro elementos van a aparecer a lo largo de nuestras relaciones humanas, en el trabajo, en nuestra familia, en nuestra relación de pareja y nuestra relación con nuestros hijos.
El conflicto no es el problema, el problema es cómo respondemos al conflicto. Voy a ponerte un ejemplo, sé que me ven de diferentes partes del mundo, pero aquí hay una majadería en México, no la voy a decir, pero se refiere a recordarle a alguien el 10 de mayo. Entonces imagínate que vas en el carro y un carro se te mete, no te ponen las señales o un motocicleta. Y tú le recuerdas el 10 de mayo y él se baja, y eso se ha dado, él se baja y empieza a golpearte el carro, te rompe el cristal. El problema no es el conflicto, el problema es cómo respondemos al conflicto. El conflicto es parte de la condición humana. No vamos a estar de acuerdo, las cosas son diferentes, hay que enfrentar momentos que son difíciles. Y desde el inicio de la historia bíblica encontramos conflictos. Miren, acuérdense, Caín y Abel. Caín mata a su hermano. Imagínense nomás. José y sus hermanos le tenían envidia y lo vendieron. David y Saúl. Saúl persiguió a David todo el tiempo cuando supo que ya estaba ungido rey, como rey, pero pues David nunca traicionó a Saúl. Y los apóstoles que me dicen, oye, señor, pues yo quiero estar a tu derecha.
No, pues yo también quiero estar a tu izquierda. Y estábamos de acuerdo y no. Daniel Coleman, el padre de la inteligencia emocional en sus maravillosos libros que ojalá. mujeres hermosas si atrevan a leerlos, él explica gran parte de los conflictos no nacen de la falta de inteligencia actual, sino de la falta de inteligencia emocional. ¿Y qué es la inteligencia emocional? ¿Qué dice Daniel Goleman al respeto de la inteligencia emocional? Miren, las personas emocionalmente maduras, ¿qué hacen? Fíjense bien, emocionalmente, no dije de edad, no dije más que cómo manejamos las emociones. La madurez emocional se manifiesta en estos cuatro elementos. El primero, reconoce sus emociones. ¿Te ha pasado que respondes, qué quieres? Y el niño te dice, ¿qué tienes mamá? Nada, no tengo nada. Muy mal. Imagínate que el niño te dice, ¿qué tienes mamá? Fíjate que estoy muy preocupada, tu abuelito está enfermo y me tiene preocupada, estoy un poco triste. ¿Te fijas la diferencia de no tengo nada, reconozco lo que me está pasando? Una persona madura emocionalmente controla sus impulsos. Yo sé que hay momentos y no me dejarán mentir.

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