Y así continúo con mi combate contra la pseudohistoria que intenta hacernos tragar Ortega. O quizás, en realidad, lo que hace Francisco Ortega es un juego de realidad alternativa (o ARG, para los jóvenes como uno), es decir, larping llevado al extremo. Pero ya sea un ARG, un extraño síndrome del impostor (donde Ortega ve sus propios libros de ficción como fuentes fidedignas para sus obras "de investigación"), o simplemente un chanta, es importante notar y corregir las groseras desviaciones e invenciones en nuestra ya rica historia.
Recordemos que en el Quijote, La Araucana es uno de los pocos libros que se salvan de la censura.
Hoy seguiré con mi trabajo de desmenuzar este libro de Ortega y Salfate, pero no quiero convertirme en un James Randi (que en paz descanse) centrado en Uri Geller; quiero ser más universal. Usando la frase que el mismo Ortega usa en este libro "dato mata relato".
15 de septiembre de 1492, Colon en una carabela rumbo a los desconocido (o quizás no tanto). La primera cita del "Diario de Bordo" del 15 de septiembre es cierta, y lo que parece ser una lluvia de meteoritos es…una lluvia de meteoritos. Si tiene patas de pato, cola de pato y dice "cuak" es un pato, ¿no? Esa cizaña rasca de insinuar que pudo ser otra cosa es ridícula. Y, cómo he visto en otros relatos de ovnis asociados al Atlántico, el concepto de "cerca" del Triángulo de las Bermudas es un concepto bien amplio. De hecho el 15 de septiembre se encontraba a 3.500 kilómetros del borde más cercano del triángulo. De hecho se encontraba 1.000 km más cerca de Palos y 2.000 más cerca de Tenerife.
La siguiente cita, del 11 de octubre es tambien cierta, el almirante (transcrito por Bartolomé de las Casas) escribe en el diario que le pareció ver una luz a lo lejos "como una candelilla de cera que sube y baja", señal de tierra, pero ante la cual no está seguro (que según él fue a las 10 de la noche, mientras que Triana avisto tierra cerca de las 2 de la mañana). Esta descripción es, según algunos autores, un torpe intento de Colon de quedarse con el premio y la gloria de ser el primero en ver tierra. Se debe recordar que tanto los reyes como Colon mismo habían prometido un premio en metálico a quien fuere el primero en avistar tierra. Y Colón era bastante aguja respecto al dinero (de ahí todos los pleitos judiciales que tuvo con la corona). A mi parecer es la mano de Salfate la que tenemos aquí, más objetiva, dando un toque conspirativo, pero siendo fiel a las fuentes.
Inmediatamente saltamos a la gran obra épica de Chile, la Araucana. Se transcribe de esta obra el encuentro entre Ercilla y Fitón el mágico. Pero al igual que Ortega al usar como fuente su propia obra de ficción, aquí Salfate hace su interpretación de Fitón como un extraterrestre asumiendo que el encuentro fue real. Pero la obra de Ercilla es ficción inspirada en hechos reales, tal como las series y películas actuales. El personaje de Fitón es un arquetipo típico de estas obras de fantasía heroica que tanto amaba el Quijote. El nombre ya indica su fuente de inspiración, como Illán el mago de Toledo. Además Ercilla claramente lo indica como indígena en su obra, por ejemplo, en palabras de Fitón (énfasis mío):
<< Por cierto, bien pudiera
tomar de vos legítima venganza
y en esa vuestra gente que anda fuera
que habéis hecho en los nuestros tal matanza…>>
Otro dato sobre la bola en que Fitón le muestra a Ercilla todo el mundo, es que este solo nombra lugares conocidos por un español culto del siglo XVI. ¿Dónde está la Antártida?
Tambien Salfate omite otro capítulo de la Araucana, donde el mapuche Guaticolo guía a Ercilla a la cueva de Fitón. Sería extraño que un mapuche pueda guiar a un extranjero a la cueva secreta llena de misterios de un astronauta ancestral, ¿no? (después de esto Merlín es un astronauta ancestral, Gandalf es un astronauta ancestral, etc.). En resumen, es ridículo usar una obra claramente de ficción como fuente.
Después Ortega nos dice que <<Pocos años después, el 15 de octubre de 1550, el conquistador don Pedro de Valdivia escribe una carta al rey Carlos V, en la que afirma que estando reunido con sus soldados, <<un hombre viejo bajó del cielo en un monstruo alado>>, quien les advirtió que debían huir del lugar o serían asesinados.>> Pero en dicha misiva de Valdivia al emperador Carlos V, que se puede leer en Memoria Chilena, se menciona que entre los indios del Bio Bio <<…cayó entre ellos un hombre viejo, vestido de blanco, en un caballo blanco e que les dixo: <<Huid todos, que os matarán estos cristianos>>, e así huyeron>>. Después se les apareció María diciéndoles un mensaje similar y finalmente el diablo, que los llevó al otro camino, para atacar a la recién fundada Concepción. Pero lo que llama la atención no es tanto el hecho que para variar Ortega mienta y trastoque el caballo blanco de Santiago por un "monstruo alado", sino que claramente no leyó la fuente que él mismo cita, dado que se daría cuenta del interesante hecho que Valdivia dice sobre la aparición de María: <<…que tres días antes, pasando el río de Biubiu para venir sobre nosotros, cayó una cometa entre ellos, un sábado a medio día, y deste fuerte donde estábamos la vieron muchos cristianos ir para allá con muy mayor resplandor que otras cometas salir, e que, caída, salió della una señora muy hermosa, vestida también de blanco, y que les dixo: <<Serví a los cristianos, y no váis contra ellos, porque son muy valientes y os matarán a todos>>.>> Es decir, hasta para el ufólogo menos imaginativo claramente tiene todas las de ser un contacto del tercer tipo, un objeto muy brillante que cae del cielo, del que aparece una mujer hermosa (¿una "nórdica"?) con un mensaje para los asustados nativos. Pero no, Ortega demuestra que claramente jamás leyó la carta de Valdivia al Emperador Carlos V que cita, y sobre ello inventa detalles falsos de la cita.
Una vez hago la pregunta retórica ¿es necesario inventar una historia misteriosa de nuestro país, cuando hay tantos pequeños misterios ahí al alcance de todos? Por cierto, algo que llama la atención de estos fenómenos milagrosos en la Conquista, es que siempre las apariciones son a los nativos (Santiago, María, etc.) y nunca a los españoles, ¿quizás para no ser corroborados al ser invenciones de los cronistas para justificar y maravillar a los del viejo continente, o inventos de los indígenas para maravillar a sus interlocutores? Incluso Ercilla duda al narrar en la Araucana esas apariciones:
<< En contar una cosa estoy dudoso,
Que soy de poner dudas enemigo,
Y es un extraño caso milagroso
Que fué todo un ejército testigo …>>
A continuación, reducido a unas cuantas líneas, tenemos lo que atestiguo la expedición de Sarmiento de Gamboa el 07 de febrero de 1580 (de la fuente original):
<<Esta noche á una hora de noche á la banda del Sueste quarta al Ssur vimos salir una cosa redonda bermeja como fuego, como una darga, que iba subiendo por el cielo, ó viento. Sobre un monte alto se prolongó; y estando como una lanza alta sobre el monte, se hizo como media luna entre bermeja y blanca. Las figuras eran de esta manera.>>
Una vez más un verdadero fenómeno inexplicable es ignorado, apenas nombrado, cuando es realmente interesante el fenómeno que atestiguo. ¿Talvez un halo solar? ¿Una aurora meridional? Incluso se puede determinar con facilidad el lugar en que ocurrió, en el lado occidental del Estrecho de Magallanes, aproximadamente frente a la isla Desolación o Santa Inés (el área más profunda del Estrecho, con aproximadamente un kilómetro de profundidad).
Continuando, en el siguiente párrafo tenemos en forma resumida lo que vemos en toda la obra de Ortega: hechos con alguna base en la historia registradas, pero tegiversada y con detalles inventados. Primero nos dice que en la "Histórica relación del Reyno de Chile" del padre jesuita Alonso de Ovalle <<se describe una batalla en los cielos, entre dos ejércitos y una bestia voladora de astas de oro>>. El problema de esto es que mezcla dos hechos narrados por Ovalle y además le da su cosecha propia. Efectivamente Ovalle narra que los indígenas (otra vez el mismo fenómeno) fueron testigos de una batalla en los cielos, previo al parlamento de paz con el Marqués de Baides, nos narra Ovalle <<Y comenzando esta relación, de principio a ella lo que parece le dio de parte de nuestro Señor, a ablandar los duros corazones de aquellos rebeldes Araucanosy moverlos a rendir las armas, y tratar de las pazes, que ofrecieron. Y fue el haver viso el año antecedente en las tierras algunas señales, y prodigios, que interpretados asu rustico modo de entender, les sirvieron de presagios y pronosticos, de que queria el cielo se bolviessen a sujetar a los Españoles, y diessen la obediencia asu Rey… La segunda señal fue la que por el mes de Febrero del mismo año de quarenta, se vio, y sintio en todas sus tierras [de los mapuche], de que dan fee todos los Indios, y los cautivos Españoles lo testifican con toda asseverancion, y aun en nuestros presidios, y tierra de paz resono el eco, sin saber de donde naciesse, juzgando en el campo de san Felipe, quando oyeron es estruendo, que disparavan mosquetes, o piezas de artilleria en los demas fuertes vezinos a el; y en estos, juzgando lo mismo de san Felipe, hasta que nuestros Reconocedores lo fueron tambien del desengaño, averiguando el caso. Y fue assi, que en la tierra, y juridicion del Cacique Aliante, rebentó un bolcan [el Villarrica], y comenzó a arder con tanta fuerza, que arrojava de dentro peñascos, y grandes montes encendidos, con tan formidable estruendo, que del espanto, y pavor afirman mal parieron todas las mugeres, que en todo aquel contorno havia preñadas.
Vieronse en este tiempo en el aire, formados dos exercitos, puestos en campo, y orden de pelea, el uno ala vanda de nuestras tierras, donde sobresalir, y se señala un valiente Capitan en un caballo blanco, armado con todas armas, y con espada ancha en la mano desembainada, mostrando tanto valor, y gallardia, que, dava alientos, y animo a todo su exercito, y le quitava al campo contrario; el qual se vio plantado ala parte de las tierras del enemigo; y acometiendole el nuestro le dexó desbaratado en todos los encuentros que tuvieron; representacion que les duró por tiempo de tres meses…>>. Este relato es muy similar a lo que se narra ocurrió en el sitio de Santiago por Michimalonco, donde se dice que los picunche flaquearon al tener la visión de un ejército aéreo que cargaba contra ellos, con Santiago Matamoros de blanco al frente (existe la hipótesis que esta historia es una forma de tapar e invisibilizar el valeroso actuar de Inés de Suarez en la defensa de la ciudad). Como se puede leer directamente de la fuente (pag. 302 de la "Historica relación del Reyno de Chile"), efectivamente se narra la visión de ejercitos y batallas en los cielos, pero entre ellos y no contra una bestia. Y sobre la bestia, nos dice Ovalle que producto de la misma erupción volcánica: <<Prosiguio el fuego del bolcan con tal teson, y violencia, que partio por medio el cerro, por donde abrio boca, quando rebentó, dexandole dividido en dos pedazos el uno que cayó a la parte del Oriente, y el otro a la de Occidente, y la laguna de la Villarrica crecio hasta derramarse por los campos, inundando las tierras, y pueblos de los Indios, que huyeron de la furia con que se les entravan por sus casa, no paravan hasta ganar las cumbres de los montes, donde aun se hallavan mas seguros de tanto peligro. Ni aumentó poco su pabor y miedo la espantosa vista de un arbol, que vieron correr sobre las aguas tan cesgo, y derecho, que no lo estuviera mas, asido de sus raizes ala tierra que le produxo. Iva todo ardiendo, y en su seguimiento una bestia fiera, llena de hastas retorcidas la cabeza, dando espantodos bramidos, y lamentables vozes; vision, que dio motivo a la contemplacion piadosa, a interpretar por ella aquel monstruoso animal, que vio san Iuan en su Apocalipsi…>>. Esta descripción de los signos anteriores a los parlamentos se plasman en un famosa ilustración en la obra de Ovalle. Mi hipótesis es que Ortega no leyó el texto de Ovalle, sino que simplemente inventó la cita basándose en lo que se ve en el grabado.
Continuando el mismo párrafo nos dice Ortega <<El mismo Ovalle luego relata un incidente sucedido en mayo de 1663 en Carelmapu, sector de la costa de la actual región de Los Lagos, en la que los aterrados habitantes observaron un <<globo de fuego sobre un monte, el cual parecía amenazar aun mayor ruina. De ahí saltó al mar alterando las aguas>>. Primero Ortega tiene el año mal, dado que el incidente ocurrió en 1633, especialmente considerando que Ovalle murió en 1651. Segundo, Ortega descontextualiza la cita de Ovalle. El incidente ocurrió en medio de una terrible tempestad y huracan que literalmente destrozó Carelmapu, así nos dice Ovalle en el capítulo XXII: <<Pero lo que ha causado mayor terror en todo Chiloe, y aun en todo Chile ha sido la ruina, que padecio el fuerte de Carelmapu causada de la violencia de un Uracan, o Remolino, que dicen, pasó en un credo. Fue el caso de que a catorce de Mayo de seiscientos, y treinta y tres, al quarto del alva se oyo de repente un tan vehemente, y espantoso ruido por todas las casas, y fuerte, que desnudos obligo a los moradores a saltar con gran prissa de sus camas, desamparando las casas, y huyendo a fuera para ver lo que era, porque todo parecia venirse a bajo, y fue assi que las tres galeras grandes del fuerte viniero al suelo con todo un lienzo del malal, y dos puertas muy pessadas, que despues, como dizen a penas podia menear toda la Compañía de soldados, las saco de sus quicios el remolino. Los que ivan hazia la Yglesia, que es buena, y capaz, toda de tablas, y madera, la hallaron arrasada por tierra. Las cruzes que por algun trecho estavan alrededor, caidas por tierra distantes de sus primeros lugares: los que ivan hazia la caseria veian todas las casas maltratadas, unas del todo por el suelo, como la nuestra con un gran caxon, que havia dentro hecho astillas. Otra de un soldado que apenas havia salido huyendo temeroso, quando cayo toda la casa dando lugar a que tambien se escapassen las muger y los hijos, y otras, que havian desmentido de sus lugares, y otras finalmente destechadas, y maltratadas de suerte, que todas hizieron ruina, sin que alguna se pudiesse escapar.
… Quisieron mas saber de donde, o como, havia venido el dicho remolino, y fueron hazia las rancherias de los Yndios, que estan del fuerte espacio de legua y media, los quales si sabian, ni havian oydo cosa alguna; solo hallaron en un puesto, que llamas las Tres Leguas, y estava como quatro o cinco quadras en frente de la Yglesia, arboles arrancados, de donde espantados se volvieron al fuerte; mas no paró aquí la calamidad, y tormenta, por que poco después vieron uno como globo de fuego, sobre un monte alto, que cae encima del fuerte, y adonde fuesen subir a ver entrar los Navios, el qual parecia amenazar aun mayor ruina. De allí saltó al mar alterando las aguas: tras el vino una gran tempestad de truenos acompañada de una grande escuridad, que iva volando por toda esta Bahia, y ultimamente despidio de si el Cielo granizo mas grueso sin encarecimiento, que balas grandes de mosquete, quedando el mar como hirviendo, y levantando tan grandes y altas olas, que dicen ser cosa increible…>>. Ovalle claramente describe una tempestad terrible, con vientos huracanados que da paso a granizo, truenos y lo muy probablemente sea una bola de rayos producto de las alteradas condiciones atmosféricas. De hecho Ovalle matiza la descripción al decir como un globo de fuego, claramente buscando alguna analogía a lo experimentado por los testigos, que insisto por el contexto es un raro pero no posible rayo en forma de bola.
Finalizando el párrafo, Ortega nos dice <<Por similares fechas, el abate Molina habla de bolas de fuego que salen de los volcanes, aun cuando estos no estaban en erupción y no ha podido recuperarse ninguna de estas para examinarla y descubrir de que están compuestas.>>
Veamos lo que realmente nos cuenta Molina sobre los terremotos, específicamente Concepción: <<…el quinto, que se sintió el dia 24 de Mayo de 1751, arruinó enteramente la misma ciudad, inundándola nuevamente el mar, y echó por tierra todas las fortalezas y aldeas situadas entre los grados 34 y 40. Su dirección fue S. N. y lo anunciaron algunos terremotos pequeños en las noches antecedentes; pero con especialidad uno que sintió como un quarto de hora antes que empezase, acompañándole un globo de fuego que se precipitó desde los Andes al mar.>>
Por otro lado, hablando de erupciones volcánicas, Molina dice: <<Chile, dada la gran cantidad de elementos capaces de excitar las fermentaciones subterráneas que contiene en su seno, sería un país inhabitable si la benévola naturaleza no hubiese abierto en sus montañas quince volcanes actualmente en actividad.
Estos, además de dicho gran beneficio, no le traen problema alguno, pues sus erupciones se limitan al territorio interior de las montañas que los albergan.
Algunas veces se desprenden de dichas montañas globos de fuego de aproximadamente tres a cuatro pulgadas de diámetro.
Sean éstos lanzados por los cráteres volcánicos, formados por la atmósfera, o pertenecientes a aquel tipo de piedras llamadas meteóricas, que se suponen caídas del aire, se precipitan con fuerza en el mar o se deshacen en el aire. Hasta ahora ninguna ha caído en tierra, por lo que no se ha podido observar la materia de que están compuestas.
Dichos globos ordinariamente no aparecen hasta mediados del otoño y preceden generalmente a los terremotos, los que empiezan a sentirse en esa época, junto con las lluvias.>>
Es decir son meteoritos o piroclastos de entre 7 y 10 [cm], bastante pequeños para ser naves interestelares, más aún si se desintegran en el aire, como la mayoría de los meteoritos.
En otras palabras, Ortega descontextualiza lo que claramente son fenómenos naturales para darle un aire misterioso, pero incluso la gran inteligencia y sapiencia del ilustre científico abate Juan Molina ya intuye claramente el origen natural de dichas bolas ígneas. Y por cierto, "por similares fechas" es una grotesca mentira, dado que Molina vivió un siglo después que Ovalle.
A continuación se nos habla de una carta que envió la Real Audiencia de Santiago al rey de España en 1647, dice así Ortega: <<…(el Rey recibió) una carta en la cual se describe un particular fenómeno aéreo avistado sobre nuestra ciudad capital el 16 de junio de ese año. <<Como a las seis de la tarde, una nube negra que cubría un girón del cielo, despidió luz como fuego… y rompiéndose en el aire de la primera región centelleo pavesas como un cohete y se volvió a la nube, donde quedo y se desvaneció poco a poco sin dejar rastro>>.>>
Otra vez vemos como se descontextualiza el relato, dado que la carta era sobre los terremotos que botaron la ciudad, y los fenómenos asociados a dicho movimiento telúrico. Así en la carta original se dice <<Y aunque despues aca se an ydo repitiendo mas de trecientos temblores pequeños, y el dia de la santisima trinidad, Domingo diez y seis de junio del año passado como a las seis dela tarde, de una nube negra que cubria un jiron del cielo se despidio una luz como fuego, con la respuesta que pudiera dar un tiro de mosquete y rompiendosse en el ayre de la primer region centelleo pavezas como un cohete y se bolvio a la nube donde quedando formado en planeta como cometa de fuego se desbanecio poco á poco sin dejar rastro: este se vio hasta la Concepcion ochenta leguas distante de esta ciudad…>> Lo que se describe es lo que se conoce como "luces de terremoto" (EQL) o quizás incluso bolas de rayos o rayos globulares, que si bien raros, se han documentado. Una vez más, el contexto da la explicación.
Para terminar el capítulo, se nos cuenta que Fray Pedro González de Agüero relata un suceso ocurrido en 1791 en el golfo de Arauco, según Ortega <<una espantosa nube de fuego, roja y amarilla, de grandes proporciones, que se aparecía tanto de noche como de día, <<corrió para el Sur hasta la bahía de la Concepción, donde se admiró a la prima noche sobre la isla de la Quiriquina>>.>>
Primero, González de Agüero en su libro "Descripción Historial de la Provincia y Archipiélago de Chiloé en el Reyno de Chile, y Obispado de la Concepción" copia lo narrado por Ovalle de lo acaecido en Carelmapu, pero eliminando el "como", ¿lo que quizás es la fuente de Ortega? <<…porque vieron sobre un monte, o cerro alto inmediato al pueblo, un globo de fuego que parecia amenazaba la última desgracia. Elevóse, y fue luego á caer el mar, alterando inmediatamente sus aguas.>>
Segundo, en el libro no hay mención alguna a los supuestos hechos ocurridos en la bahía de Concepción, mas existe un relato similar ocurrido en Chiloé, nuevamente en el contexto de un terremoto, así nos cuenta González de Agüeros: <<De otro terremoto que se experimentó en Chiloé, con ruina de las mas de sus poblaciones, oí hablar allí en repetidas ocasiones, y también lo he visto citado en impresos, y manuscritos, pero sin expresion del año. Yo guardo sobre esto algunos apuntes que formé quando me lo refiriéron, y hallo que fue el año de 1737, en los días 23 y 24 de Diciembre, y asimismo que el dia 30 viéron á media tarde una grande exhalación ó nube de fuego, que viniendo del Norte, pasó por todo el Archipiélago, llenando de terror a sus habitadores…>>
Y más adelante agrega en las notas: <<Consta esto tambien de la Nota que se halla en el Mapa que el año de 1752 remitió al Rey el Conde de Super-Unda, siendo Virrey del Perú, donde dice: las Islas del Archipiélago que estan lavadas de colorado, son las que el año de 1737 fuéron abrasadas con fuego llovido del Cielo, que atemorizó toda la Provincia, las quales Islas permanecen cubiertas de ceniza…>>
Además no pudo ocurrir en 1791, puesto que fue el año en que publicó su unica obra, "Descripción Historial de la Provincia y Archipiélago de Chiloé en el Reyno de Chile, y Obispado de la Concepción".
Haciendo una investigación profunda, la cita realmente no es de González de Agüeros, sino de Joseph Perfecto de Salas de los Ríos en su "Historia geographica e hidrographica con derrotero general correlativo al plan del reino de Chile que remite a nuestro monarca el señor Don Carlos III". Allí se dice <<La Quemada. Esta Isla tiene ese nombre porque fue la primera que se conoció abrasada de una espantosa nube inflamada o globo de fuego que en el año de 1737 corrió para el sur desde la bahía de la Concepción, donde se admiró a la prima noche sobre la isla de la Quiriquina, causando tanto horror que se abrieron los templos, y descubierto el santísimo sacramento ocurrió el pueblo con plegarias a impetrar la divina misericordia. Observóse el mismo fenómeno en Arauco, con igual asombro y tanta claridad que parecía estar inmediata alguna grande hoguera. Corrió por sobre Valdivia y sobre la ciudad de Castro, la que estuvo en gran consternación por la vecindad que sintió del dicho incendio, hasta que se abatió el dicho globo, que era a la forma de una gruesa nube sobre el archipiélago y abrasó veinte de sus islas en distancia de nueve leguas de norte sur, y otras tantas de leste oeste, las cuales van notadas con una cruz pequeña +. Quedaron tan incendiadas que hasta hoy se miran en ellas por testimonio las cenizas. La que de ellas se nomina La Quemada está en 45º52’ lat sur, 309º37’ long oeste.>>
La transcripción está sacada de "Fuentes para la historia de la Patagonia Occidental en el período colonial, segunda parte: siglo XVIII" de la gran María Ximena Urbina Carrasco, una de las mejores historiadoras de nuestra región. En el artículo de María Ximena Urbina, al pie de la cita anterior existe esta referencia: << De este fenómeno también da referencias el franciscano Pedro González de Agüeros, en 1791: “De otro terremoto que se experimentó en Chiloé, con ruina de las más de sus poblaciones, oí hablar allí en repetidas ocasiones y también lo he visto citado en impresos y manuscritos, pero sin expresión del año…".>> Puedo concluir entonces que la cita errónea de Ortega proviene de haber leído mal el paper de María Ximena.
Por la magnitud del daño, la distancia recorrida ¿estamos ante nuestro propio Tunguska? ¿Un bólido proveniente del espacio que causó estragos desde Concepción hacía el sur, quemando islas?
Mi hipótesis bajo la que adivino los autores se basa en que, para mí, Salfate es un investigador y divulgador que quiere creer. Busca historias, mitos, leyendas y saca la información que sirve para sus hipótesis de alienígenas. Al igual que muchos otros investigadores de lo paranormal y ovnis es culpable del cherry-picking, de interpretar sin contexto, de basarse en relatos o interpretaciones desactualizadas. Ortega es un escritor de ficción primero, al igual que J. J. Benítez, es de los que no permite que la realidad destruya una buena historia, así que inventa su historia paralela, completamente ficticia y después alega que es la realidad. Salfate es entretenido, hasta me despierta la curiosidad y me caigo por el túnel del conejo buscando más información. Ortega es peligroso, reescribiendo la historia a su antojo, creando conspiraciones, mitología y mentiras, y peor, tomando como fuentes a los grandes como Diego de Rosales, Oreste Plath y otros.
En el siguiente post continuaré adentrándome en la república y las fantasía de Ortega.
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