RSS Amplifier

Seba's Game · Jul 22, 2025

Alienígenas Americanos

0
Sign in to vote or save

Seba Schirmer · Seba's Game

Debo reconocer que al enterarme de este libro colaboración de Salfate y Ortega no pude evitar una sonrisa malévola. Tras mi post "La post verdad lovecraftiana, Reynolds y Francisco Ortega" no había quedado con ganas de seguir indagando en las historias de Ortega y ver cuánto de verdad había en ellas, porque básicamente es una búsqueda con el único fin de desilusionarme de los misterios chilenos que alguna vez saboreé. Una cualidad que compartimos con Ortega es que tenemos los mismos gustos literarios. A ambos nos fascina Lovecraft y su círculo, nos fascina la historia, la mitología y los misterios que entrelazan a ambos, pero el problema que nos separa es que, a mi juicio, Francisco se ha dejado absorber por su propio deseo, su propia fantasía lovecraftiana que ha traspasado la membrana entre su mente y la realidad.

Cuando leí su artículo sobre Reynolds quede fascinado y años después descubrí el libro "Alienígenas Chilenos". Venía de leer el increíble libro de Sebastian von Kleist "Encuentros con Extraterrestres en Chile", por lo que tenía la vara bien alta. Si bien "Alienígenas" no está al nivel de "Encuentros", es lo suficientemente interesante para llevarme a leer "Dioses Chilenos" y comenzar a escuchar "Ruta Secreta", especialmente por ser de sus primeros invitados al notable Cristian Salazar. Pero el podcast fue bajando su calidad y enfocándose más en lo literario que en lo investigativo, hasta que un capítulo volvió a relatar el supuesto caso de Reynolds, y eso me llevo a darme cuenta que el emperador va desnudo. Me volvió a picar el bicho por el caso de Reynolds y allí comencé la investigación a fondo del tema (además que tambien lo nombra en "Dioses"). Tras la extensa investigación Francisco perdió toda la credibilidad, y con esa decepción con Ortega (y Agustín Oyarzun), no quise dedicarme a hacer "fact check" de sus obras.

Pero al saber de esta obra de Salfate y Ortega decidí darle otra vuelta. El problema de Ortega es que dentro del círculo literario chileno tiene una buena reputación y renombre, especialmente por sus obras de ficción. Entonces cuando aparece en su podcast, en entrevistas o escribiendo en artículos de la prensa sobre hechos que hace parecer verídicos, y no lo son, claramente genera un problema, porque está inventado la historia. Y, en forma más grosera aún, incluso lo afirma con bibliografía (como en el caso de Reynolds), a sabiendas que la mayoría de su público no buscará las fuentes para leerlas. Creo que en una época hiperconectada como la actual, donde leemos algo de una fuente supuestamente reputada, y que rápidamente se viraliza puede llegar a convertirse en una realidad, que salvo oscuros expertos, todos dan por cierto. Y puede ser muy dañino, como el caso de Rudolf Schenkel y los "machos alfa, beta y omega". Por ello me he autoasignado el rol de ser un "fact checker" de Ortega, al menos de sus afirmación que hace parecer ciertas basadas en registros históricos (sobre los relatos de testigos de sucesos paranormales me es imposible ir más allá de conjeturas educadas), aunque antes lo haya rehuido.

Así que, como decía al principio, una obra de Salfate y Ortega sobre alienígenas en el continente me cae muy bien para alimentar mi ocio unas semanas. Debo decir que me lleve varias sorpresas, pero mejor descubrirlas en el mismo orden que las descubrí al leer el libro. Además que me inventé un jueguito de "quién escribió este capítulo".

En las notas preliminares del libro se ponen el parche antes de la herida, cito: <<Estimados lectores, es importante aclarar que lo que tienes en tus manos no es un libro de investigación sino una antología de casuística e historias; por sobre todo teorías e hipótesis hay relatos y narrativa de (no) ficción>>. Es una suerte de "no digan que no les advertimos" respecto de la verosimilitud de lo que escriben. Pero en algo tienen razón, en que más que un libro, es una antología de investigación, ficción y varias veces una mezcla indistinguible entre ambos. De allí nace mi "juego" de adivinar el autor, dado que cada capítulo puede ser muy dispar respecto al siguiente.

La conversación con Tsoukalos es interesante, pero no deja de ser una anécdota simpática para iniciar el libro y da el paso al primer capítulo, Alienígenas Ancestrales. Claramente quien escribe es Salfate.

Este primer capítulo es un buen ejemplo de una investigación clásica en este campo. Describe, da las teorías científicas y propone hipótesis que lo conectarían con extraterrestres. Bien centrado, para ser un libro sobre alienígenas. Los datos históricos son claros, y separa bien estos de las hipótesis de von Däniken y otros chantas. Me atrevo a decir que la pluma es de Salfate.

Este capítulo es menos aterrizado que el primero, con mayor elucubración e hipótesis alternativas sin una base sólida. Es la clásica hipótesis alienígena que se basa en reinterpretaciones de mitos, por lo no deja de ser ejercicios mentales que estiran lo posible al límite. La redacción sigue siendo descriptiva y no cayéndose a la ficción, pero con más saltos lógicos que el primer capítulo. Voy de nuevo con Salfate.

Esta es una historia 100% ficción. Si bien es ficción y no merece ningún análisis, si quiero recalcar que tiene errores históricos groseros. Se supone que está ambientada en los últimos años de lo que sería Santiago antes de la llegada de los españoles, pero yerra con nombrar corderos (a menos que use el término que usaron los españoles al principio de la conquista en que llamaban "ovejas de la tierra" a las llamas), así como suponer que el gobernador inca en Santiago era pariente del Inca (así con mayúscula), cuando en general se acepta que probablemente era un natural de estas tierras nombrado por el imperio; y que los picunches trabajaban la plata antes de la llegada de los españoles. Por el toque del "Color que Cayó del Cielo", así como por los errores históricos me voy por Ortega.

Me llama la atención que se use el término soviético de cosmonauta, vs el "occidental" de astronauta. Volvemos a investigación clásica de estos temas, descriptivo. Sobre el tema, se ha escrito mucho, y los expertos se rebaten entre sí. Sobre las supuestas imágenes en los ojos de la pintura, siempre he creído que no es más que una pareidolia extrema. Me voy por Salfate.

En este capítulo entramos en tierra derecha. Partimos con una fecha y hechos históricos documentados. Cito: << ..corre en paralelo una historia secreta que suele obviarse cuando se relatan los pormenores de este enfrentamiento. Las tres noches previas al asalto de los mapuche, Jerónimo de Vivar, cronista de la campaña de Pedro de Valdivia, refiere que sobre el fuerte de Cañete aparecieron duendes que tenían forma de pequeñas esferas de luz y que los presentes no supieron interpretar… Vivar las describe como tres grandes esferas blancas y muy brillantes que, tras volar alrededor del fuerte, se detuvieron sobre las torres del mismo y comenzaron a cambiar de color. Una de las esferas creció de tamaño y liberó otras más pequeñas y de color azul, un total de cinco, las cuales empezaron a moverse sobre los conquistadores como si estuvieran bailando, <<era una maravilla aterradora>>…Estas esferas duendes, como las llamaron, volvieron a la noche siguiente e incluso se aparecieron tras la derrota de los invasores, mientras los sobrevivientes iniciaban la retirada… El propio Vivar, cuando relata el parlamento que debieron realizar con Lautaro y sus hombres para que dejaran huir a los sobrevivientes tras aceptar la derrota, relata que el caudillo mapuche … le refirió que las esferas de luz eran familiares para su pueblo…>>, y bueno continua describiendo lo que supuestamente significarían para el pueblo mapuche estas luces. Pero esto es una total mentira y ficción.

La única obra de Jerónimo de Vivar (Gerónimo de Bibar en la obra original) es la "Crónica y relación copiosa y verdadera de los Reynos de Chile" de 1558. En Memoria Chilena se puede encontrar la versión transcrita por el Prof. Irving Leonard (ojo que no es una traducción, sino una transcripción paleográfica, básicamente el copiar de las letras originales del manuscrito a unas de imprenta que en la modernidad podemos leer con facilidad). Y en esta obra no hay absolutamente ninguna mención a lo que arriba se describe, nada, y Vivar es bastante riguroso para describir todos los hechos que acontecen en esos primeros años de la conquista de nuestro país por los europeos.

Así, sobre los hechos de Tucapel, Vivar narra en su capítulo CXIV que tras la exploración al sur de la ciudad de Valdivia y el regreso a Concepción ocurre lo siguiente, cito: <<En una provincia que se dice Tocapel [sic] tenía una casa fuerte el gobernador y siete españoles en ella. Estando en La Concepción el capitán Diego Maldonado con seis soldados y llegado a Arauco, donde había doce españoles, que era otra casa fuerte que está a doce leguas de La Concepción, y de ésta a la de Tocapel hay siete leguas. Salió el capitán Diego Maldonado con cinco hombres para la casa de Tocapel y llegó a vista de ella. Vió como ardía la casa y los indios venían con él. Como vió salir los indios de guerra y quemar la casa, temió que habían muerto los españoles que en ella estaban. Dio vuelta y, como cargó tanta gente y los pasos malos, solamente se escapó con otro soldado. Los indios mataron los cuatro, y otro día antes habían dado los indios en los españoles que estaban en Tocapel. Los españoles desbarataron los indios y aquella noche dejaron la casa y se fueron a la de Puerén, entendiendo que si los indios rehacían y venían otro día sobre ellos que estaban mal heridos, de aquel día no serían parte a resistir los indios.

Ansí acordaron entre ellos de irse aquella noche a la casa de Puerén a juntarse con otros diez españoles que estaban en ella y hacerlo saber al gobernador el suceso. Venido el día y sabido los indios que habían huído los españoles, fueron a la casa y le pegaron fuego. Como estaban todos ayuntados y el capitán Diego Maldonado iba descuidado, salieron y le mataron los cuatro soldados y escapó mal herido. Llegado a la casa de Arauco, lo hicieron saber al gobernador [Pedro de Valdivia] por una carta, la cual llegó un domingo. Visto la carta el gobernador y el suceso del capitán Diego Maldonado tuvo, que habían muerto a los españoles que estaban en Tocapel, y así salió de la ciudad de La Concepción.

Capítulo CXV que trata de la salida del gobernador don Pedro de Valdivia de la ciudad de La Concepción y de la desgracia que hubo

Vista la carta el gobernador que Diego Maldonado le había enviado, salió luego el mismo domingo a vísperas con treinta y seis hombres y fue a las minas que están a cinco leguas de esta ciudad que se dice Quyllacuay donde estuvo ocho días a causa de hacer un fuerte en que quedasen seguros los españoles que andaban con los indios sacando oro, que serían cincuenta españoles y más de doce mil indios.

Estando en aquel asiento el gobernador, le llegó carta de la casa de Puerén del caudillo que estaba en Tocapel que todos siete españoles que estaban en la casa de Tocapel se habían escapado, aunque les había muerto todo el servicio, y que en aquella casa de Puerén estaban diez y ocho españoles que de la Imperial habían venido otros ocho, y que habían venido sobre la casa diez mil indios, que habían salido los españoles a ellos y los habían desbaratado.

Luego el gobernador respondió a la casa de Puerén a Juan Gómez, vecino de la Imperial, que, con la más gente que pudiese sacar para el primer día de Pascua de Navidad, entrase en Tocapel porque, para aquel día, entraría el juntarse con él y que, para ese día, estuviese apercibido, y que él se partía luego para la casa de Arauco. En esta casa estuvo dos días y se partió de ella y dejó doce españoles, y llevó cuarenta. Llegó a un pueblo que se dice Lebolebo, que es cuatro luguas de la casa de Arauco y tres de la de Tocapel donde le dijeron los indios que estaban más de cincuenta mil indios esperándole. Aquí estuvo el viernes, víspera de Pascua, y otro día sábado envió a Luis de Bobadilla, su caballerizo, con cinco soldados. Le mandó que fuese a la casa de Tocapel y que, de vista de ella, se volviese.

Llegado el caudillo a vista de la casa, salieron los indios a los españoles. Habiéndoles tomado los pasos, mataron a este caudillo y cuatro españoles y escapó uno. Fue donde estaba el gobernador y le contó el suceso como había visto muy gran cantidad de indios. Esto escribió a la casa de Arauco, avisándoles que se guardasen a los que estaban en la casa. Viendo el gobernador el suceso de aquel caudillo que había enviado, y considerando que los indios estaban desvergonzados, cierto se volviera de aquí si no fuera por la carta que había enviado a Juan Gómez a Puerén que entrase como era dicho. El gobernador estaba a tres leguas de Tocapel y que, si él se volvía a Arauco que corría peligro, los españoles que entrasen con Juan Gómez y que, entrando él por allí y Juan Gómez por la otra parte, los indios se detendrían viendo entrar por dos partes y juntos todos los españoles. No serían parte los indios porque él llevaba XXXV hombres y Juan Gómez traía XX. Como se juntasen en Tocapel, no se atreverían los indios y que, ya que los acometiese, no serían parte.

Hechas estas consideraciones con aquél ánimo que, en semejantes tiempos, no le faltaba, amaneció primero domingo de Pascua de Navidad, y primer día del año de cincuenta y cuarto caminó por el camino. Tenían los indios puestos y echados las cabezas de los españoles que el día antes les habían muerto. No poca lástima y pesar sentía el gobernador y aun juntamente conocía la desvergüenza que los indios tenían. A hora de misa mayor llegó a una loma no muy alta, la cual está a vista de la casa de Tocapel, de quebradas y malos pasos y árboles, y a la abajada de esta loma corre un pequeño río.

Llegado el gobernador a la mitad de esta loma, que es más de una legua, y viendo los indios que tenían a los españoles en parte donde ellos se podían muy bien aprovechar de ellos mejor que los españoles de ellos, salieron de donde estaban ocultos y escomenzaron a tocar sus trompetas, que es una manera de cornetas hechas de hueso, y a amasarse por todas partes. Vistos por el gobernador, acaudilló sus españoles, animándoles como acostumbraba, y dio en los indios y acometió con el ánimo que en semejantes casos solía acometer. Como la gente era mucha, cada vez que acometían, les dejaban españoles a los indios, el gobernador por bajar a lo llano, los indios por defendérselo. Pasaban trabajo los españoles como eran pocos y, como el día iba entrando, el sol calentando, los caballos se les calmaban, los caballeros se cansaban, porque en esta tierra en este tiempo es la fuerza del verano, y a mediodía le faltaba al gobernador. Algunos españoles todavía peleaban con aquella confianza de ser socorridos y, como los enemigos cada hora eran más y salían de refresco y el sitio no era como los caballos lo habían menester y la calor grande y fatigados de todas estas cosas, puesto que muchas veces los desbarataban y los hacían meter en los montes y viendo un mal indio, que se decía Lautaro que servía al gobernador, que los indios se aflojaban, se pasó a ellos, diciéndoles que se animasen y que volviesen sobre los españoles porque andaban cansados y los caballos no se podían menear. Acaudilló los indios y, tomando una pica, escomenzó a caminar hacia los españoles y los indios a seguirle.

Comenzaron a dar de nuevo sobre los españoles, siendo la causa este mal indio y, como los caballos estaban fatigados y los brazos de los españoles cansados, ya era hora de vísperas no se halló el gobernador ni tenía consigo más de nueve españoles y éstos malheridos y los caballos maltratados y todos los demás españoles muertos. Ya desconfiando del socorro que aguardaba, se determinó de volverse a Arauco. Como le tenían tomado los pasos, llegó a un pueblo que se dice Pelmayquen, que sería legua y media que había caminado. En esta legua y media le mataron los siete españoles, y aquí fue el gobernador preso por los indios que, como llevaba el caballo malherido y de aquél día fatigado, le tomaron los indios. Con un yanacona que allí se halló habló a los indios y les decía que no le matasen, que bastaba el daño que habían hecho a sus españoles. Ansí los indios estaban de diversos pareceres, que unos decían que lo matasen y otros que le diesen la vida. Como es gente de tan ruín entendimiento, no conociendo ni entendiendo lo que hacían a esa sazón, llegó un mal indio, que se decía Teopolican que era señor de la parte de aquel pueblo, y dijo a los indios que qué hacían con el apo que porqué no le mataban, "que muerto ése que manda a los españoles fácilmente mataremos a los que quedan." Diole con una lanza en las que dicho tengo y lo mató.

Ansí pereció y acabó el venturoso gobernador que hasta aquí cierto lo había sido en todo cuanto hasta este día emprendió y acometió. Llevaron la cabeza en Tucapel y la pusieron en la puerta del señor principal en un palo y otras dos cabezas con ella, y teníanlas allí por grandeza, porque aquellos tres españoles habían sido los más valientes, y contaban cosas del gobernador y de los dos españoles que habían hecho aquel día. Por no saber sus nombres no los pongo aquí, que cierto lo merecían según las hazañas que los indios decían de ellos. No anduvieron las lanzas de los españoles aquel día tan perezosas, ni las espadas anduvieron tan botas de filo, que setecientos indios mataron, y yo oí decir a algunos indios que más de esto. Me informé de yanaconas ladinos e indios que allí se hallaron y escaparon.>>

Así cuenta Vivar todo el evento de la batalla de Tucapel. En el capítulo siguiente narra de la llegada de Juan Gómez y su hueste llegaron tarde a Tucapel, se encontraron con algunos yanaconas supervivientes quienes le contaron lo que sucedió y tras intentar volver, son emboscados. Tras luchar todo el día, los españoles viéndose perdidos, deciden huir a Purén. En la huida le mataron la mitad de sus soldados (7). De Purén a su vez huyeron a La Imperial.

Como se ve claramente nunca ocurrieron los hechos que narra Ortega. Ni luces, ni parlamentos para rescatar prisioneros, ni conversaciones espirituales con Lautaro. Puras fantasías que intenta hacernos creer tienen fuente histórica, pero no son más que febriles invenciones de Francisco Ortega. Se repite lo mismo que en el caso de Reynolds.

Sobre el caso de Juan Calfucurá, Ortega no da fuentes, pero puedo adelantar la hipótesis de que al igual que el caso anterior, es ciertamente una invención. Después pasa a explicar lo que es un anchimalén y pone en boca de Rodrigo Bravo el que los conquistadores españoles describen al anchimalén como una bola de luz muy fuerte, que vuela rápido y se aparece solo de noche. ¿Qué conquistadores, en qué crónicas?

Ortega (si me inclinó por él como el autor de esta nueva sección) nos narra que en 1570 unos misioneros jesuitas en la zona del Chaco encuentran unas piedras metálicas esparcidas por el suelo y que los nativos las usaban para hacer armas. ¿Fuente? Probablemente Rodolfo Novakovic, pero con agregados de "cosecha propia". Novakovic nos cuenta que: <<Año 1570: un grupo de misioneros jesuitas llega al terreno conocido hoy como El Chaco, en la República Argentina, y descubren un conjunto de piedras metálicas esparcidas por la superficie de la Región. Estos jesuitas, y luego otros capitanes españoles, descubren que los indígenas utilizaban boleadoras cubiertas con cera de abejas, y en su interior trozos de un fierro de alta calidad. Como los indígenas no conocían el fierro ni tenían la capacidad de producirlo, los misioneros jesuitas y los soldados españoles les preguntaron de dónde obtenían este material, a lo cual los indígenas llevaron a los asombrados jesuitas ante un trozo de 22 toneladas de peso, con forma de una mesa (parecido al meteorito de Hoba, en Namibia), el cual fue estudiado por más de 200 años, hasta 1790, cuando desapareció misteriosamente sin dejar rastro hasta la fecha.>> Pero ojo que si bien Novakovic es más serio, igual aventura hipótesis y conexiones conspirativas sobre los jesuitas (y en general es, a mi juicio, la fuente de la ficción de Ortega del Cáliz Negro de Talagante).

Además Ortega agrega que para el siglo XVI los jesuitas tenían el monopolio de la fabricación de acero y fierro en Europa. Ortega nos insinúa con su <<para el siglo XVI>> que la Compañía existía de antes, ignorando completamente el hecho que la Compañía de Jesús comenzó a existir formalmente en 1540, y que Ignacio de Loyola solo 11 años antes había decidido dedicarse a la labor cristiana. En otras palabras la Compañía es del siglo XVI. Sobre el supuesto monopolio, no hay pruebas históricas que sea así, sobre todo porque los más famosos productores y exportadores de hierro y acero eran países protestantes como Inglaterra, Suecia, Suiza y algunos estados alemanes . Además la Compañía se alza como un poder económico en el siglo XVII, varios años después de este descubrimiento de hierro meteorítico. Quién históricamente hizo el hallazgo para los europeos fue el conquistador Hernán Mexía de Miraval por orden del gobernador de Tucumán en 1576. Pero su derrotero fue incierto y no fue posible encontrarlo de nuevo hasta la expedición de 1774. Todo este descubrimiento y monopolio jesuita es simplemente un truco de ficción para intentar darle un toque de intriga a la historia que Ortega nos inventa.

Después Ortega nos dice que (énfasis mío): <<… el padre Diego de Rosales encontró una gran piedra negra, llena de inscripciones y marcas en su superficie, algunos kilómetros al sureste del centro de la entonces joven ciudad de Santiago de Chile, entre lo que hoy es la Alameda y el Zanjón de la Aguda, por la línea que actualmente marca la calle Portugal. De inmediato la Compañía adquirió los terrenos y se la entregó a dos sacerdotes alemanes, los padres Joseph Arnalt y Pedro Weingarten, quienes fundaron en la ubicación la chacra de la Ollería, que a posterior sería la Casa de Formación Jesuita de la Ollería.

El padre Diego de Rosales fabricó un molde de la piedra con una copia lo más exacta posible de sus inscripciones y lo envío a lingüistas europeos convocados por el papado, quienes fueron incapaces de entender un solo signo.>>

Veamos, partiremos por la que creo es la fuente sobre la cual Ortega inventa su historia. Así Novakovic nos dice: <<Año 1663:…Como Mendoza y Córdoba eran parte del Reino de Chile, el provincial [Diego de Rosales] les ordena a la comunidad explorar como siempre la hacienda donada. Es así como descubren en dicha Hacienda de Uco una Gran Roca con inscripciones y marcas en su superficie. Como Europa se interesa en este nuevo descubrimiento, que se sumaba a las ya conocidas Piedras Metálicas de El Chaco, las de Córdoba, y de Brasil y Paraguay, el padre Diego de Rosales efectúa un molde de la misma y con la copia fiel de las inscripciones, las envía a los ávidos eruditos y lingüistas europeos, quienes al ver las inscripciones no logran entender ni un solo signo, y no se logran poner de acuerdo en su significado.>>

Es decir, descaradamente Ortega traslada el supuesto descubrimiento desde la Hacienda de Uco, en Mendoza, a Santiago de Chile, fiel a su cruzada de falsear la historia de Chile para hacerla más "interesante". Y ojo, que Rodolfo Novakovic tampoco es una fuente académicamente válida, pero aun así tiene mayor credibilidad que Francisco Ortega (Novakovic fue quien se querelló contra la ex presidente Bachelet por supuestamente haber falsificado su título de médico).

Siguiendo con lo que Ortega escribe en Alienígenas Americanos, nos dice que tras el descubrimiento (falso por lo demás) de Diego de Rosales: <<De inmediato la Compañía adquirió los terrenos y se la entregó a dos sacerdotes alemanes, los padres Joseph Arnalt y Pedro Weingarten.>> El problema de esto es que el padre Diego de Rosales murió en 1677, y los padres jesuitas Arnalt y Weingartner nacieron en el siglo XVIII (Anhart en 1729 en München, Weingartner en 1721 en Jedenhofen) y recién en los 1740s llegaron a Chile tal como se detalla en "Deutsche Jesuitenmissionäre des 17. und 18. Jahrhunderts" del padre jesuita Anton Hounder de 1899. El gran impulsor de los talleres de la Calera fue Karl von Haimhausen, y por cierto, cómo dice el padre Walter Hanisch en su obra biográfica sobre Haimhausen: <<La platería fue la oficina que llegó con mayor retardo a Calera, porque se hizo entre los años 1755 y 1758 y el patio destinado a los hermanos plateros se terminó en 1759. En 1755 dice Weingartner que los hermanos orfebres irán ahora a Calera. Los hermanos plateros fueron dos: Juan Köhler y Francisco Pöllandt. Las dos obras maestras de los hermanos son un cáliz «todo de oro, obra de realce muy pulida, con los pasos de la pasión y su patena». Para apreciar la prolijidad del trabajo es necesario ayudarse de una lupa. Es falso lo que se ha dicho sobre la ceguera del hermano que lo hizo.>>

Lo del molde de supuesto meteorito por parte del padre Diego de Rosales no se hace mención en su "Historia del Reyno de Chile" ni en las concienzudas historias de los jesuitas de los padres Francisco Enrich y Walter Hanisch, que por cierto son parte de las fuentes de Novakovic. No ahondaré en lo que escribe Rodolfo Novakovic, pero sus fuentes históricas son bien vagas respecto a algunos de los hechos que describe, cómo decía Carl Sagan <<extraordinary claims requiere extraordinary evidence>>. Y Ortega además tergiversa y derechamente inventa hechos sobre la ya dudosa historia de Novakovic.

Ortega continúa: <<De acuerdo a la versión oficial, los jesuitas de la Ollería habrían extraído un trozo del meteorito, el cual fue fundido para dar forma a un cáliz negro, recubierto de oro y plata, sobre el cual replicaron los mismos símbolos y signos que estaban, presentes en el resto de la piedra. Esta obra de arte colonial fue conocida como el Cáliz de Calera de Tango, o Grial de Calera de Tango, por el lugar donde fue grabado… La historia completa pueden encontrarla en el libro El cáliz secreto, de uno de los autores de este volumen.>> ¿Esa versión oficial, está con nosotros en esta habitación? Más me parece la versión oficial de Novakovic. Si bien es cierto que los orfebres jesuitas hicieron un cáliz de oro poco antes de ser expulsados de Chile, todo el resto no es más que una febril hipótesis de Novakovic llevada al extremo por Ortega. El atrevimiento de nombrarlo grandilocuentemente como el Grial de Calera de Tango hace reír, intentando hacer una versión cuneta del Código Da Vinci (nisiquiera Novakovic se atrevió a tanto). Y hablando de eso, se indica expresamente que en el libro "El cáliz secreto" de Ortega está la historia… pero olvida decir que ese libro es una obra de ficción sin el más mínimo proceso de investigación (y que de paso es una copia cuneta del Código Da Vinci).

Siguiendo con las fantasías de Ortega: <<El encargado de labrar tal obra, que en su época fue conocida como la más hermosa e importante pieza de arte colonial de las Américas, fue el sacerdote alemán y conde Karl von Haimhausen, un experto metalúrgico que tardó diecinueve años en acabar el trabajo, tras el cual quedó totalmente ciego. Esto porque debía trabajar de día y el destello del sol sobre la superficie negra de la piedra le pegaba directo a los ojos. Según lo que escribió el padre Diego de Rosales en varios documentos de la época, lo que Haimhausen y sus albañiles [sic] marcaron en la copa contenía el destino de la humanidad, ya que el autor del código impreso en el meteorito no sería otro que el arcángel Gabriel.>> Aquí se le escapan los enanos a Ortega y va "full in" con sus delirantes mentiras.

Ya vimos más atrás que Haimhausen no era orfebre, ni trabajo en la creación de obras de platería u oro. Su fama radica en que fue quien trajo a los maestros de Europa y creó una verdadera industria colonial de alta calidad, aunque de poca duración. Lo de quedar ciego tambien sabemos que es un mito que el propio p. Hanisch desmiente. Sobre los 19 años si consideramos que Haimhausen volvió definitivamente a Chile en 1748 y murió en 1767, Ortega simplemente hizo la resta, obviando todo lo que Haimhausen hizo en esos años, muy bien documentado (por cierto, Novakovic tiene la hipótesis que Haimhausen fue envenenado y no murió de gota), además que de la pluma del p. Wingartner sabemos que recién en 1755 los talleres estuvieron disponibles para los orfebres. Ya vimos que el p. Rosales había muerto un siglo atrás, y nunca mencionó ni códigos, ni rocas espaciales, ni destinos de la humanidad escritos por el arcángel Gabriel.

Y sobre el cáliz, hay fuentes documentales de cómo era, así en la obra de Eugenio Pereira Salas "Historia del Arte en el Reino de Chile" de 1965 (antes del robo) leemos (énfasis mío) :<<El cáliz de los jesuitas sigue todavía desempeñando sus funciones eucarísticas. El inventario de la Catedral de 1806, lo describe sumariamente como <<Un cáliz grande todo de oro muy subido con su patena y alma de lo mismo; pie con medio y copa toda de realce figurado; en pie de copa toda la Pasión del Señor, en sus respectivas láminas repartidas figuras del antiguo testamento; alto cerca de media vara; hechura de los expatriados con su caja>>.

El Pbo. Roa Urzua que durante largos años tuvo bajo su mirada de experto estos tesoros, ha descrito con apasionamiento de artista esta joya: <<Quién quiera ponderar las bellezas que anidan es este cáliz, sea de concepción, sea de ejecución, necesita mirarlo con lente de joyero, pues no son perceptibles sino mediante a los ojos. En este cáliz hay ejecutada una serie de escenas bíblicas referentes al divino Redentor. En el pie del cáliz podemos ver la agonía en el Getsemaní, allí está Jesús recibiendo consuelo del ángel, y a la distancia los discípulos tendidos durmiendo. Más allá nos encontramos con el Nazareno atado a la columna y recibiendo sobre su desnudo cuerpo los azotes que le dan los verdugos. En el nudo central del cáliz, en un espacio no mayor de dos centímetros, vemos la serpiente de bronce que elevó Moisés sobre un árbol para sanar a los judíos que la mirasen; figura ésta del Cristo Crucificado que cura las llagas de los que a él acudan. A su lado observamos al profeta Jonás arrojado por un enorme pez; figura tambien del Cristo que saldría del sepulcro al tercer día.>>

Llegando a la copa, admiremos la crucifixión y la resurrección de Jesús, rodeado de varias personas más.>>

Podemos decir que el cáliz efectivamente era una maravilla de arte colonia, una gran pérdida para nuestra historia y cultura. Llega a ser realmente curioso como Ortega nos intenta vender su historia falsificada cuando es tan fácil encontrar fuentes históricas que desmienten en su totalidad su relato. ¡De hecho hay imágenes del famoso cáliz!

Para cerrar este capítulo, debe ser el más descarado y por otro lado, el más fácil de desmentir.

En este capítulo me decanto por Salfate. La narración es más aterrizada, con hechos sobre los que tira hipótesis. La historia de Bep Kororoti es bien conocida dentro los teóricos de los antiguos astronautas, pero al igual que todos los casos similares, lo más probable es que simplemente sea una reinterpretación antojadiza de mitos y tradiciones. Cómo los "aviones" de oro colombianos o el supuesto conocimiento de Sirio de los dogones. No profundizaré dado que hay mucho de especulación, pocas fuentes directas y realmente no tiene mucho que ver con la historia de Chile.

En la siguiente entrada continuaremos con los capítulos siguientes, llenos de investigación ufologica de Salfate y las delirantes fantasías históricas de Ortega que este busca hacerlas pasar por realidad.

Sin posts

Read the original on sebaschirmer.substack.com

Comments

Nothing yet. Say the first thing.

    Sign in to join the conversation.