Querida Martu, ¿cómo estás?
No sé si es la respuesta que esperabas… pero yo creo que sos poeta para siempre.
Recapitulo un poco, porque estoy escribiendo esto instantes después de leer tu última carta (de hecho empecé antes de terminar de leerla, tenía ideas que quería anotar antes de olvidarme). Me decías que a veces no sabés si sos poeta, que te presentás como ex o post-poeta, me preguntabas si a mi también me pasa.
Creo que si me lo preguntabas en otro momento te hubiera dicho que sí, que me pasa.
Pero tu carta me agarró en una mañana sensible u optimista o todavía medio dormida y entonces quise venir rápido a escribirte esto que te decía: me parece que ahora ya está, sos poeta para siempre. Hay unos (unos cuantos) poemas tuyos puestos ahí en el mundo, y ahí van a estar, sin depender de vos. Quiero decir, están en los libros, seguro que también en internet; pero no me refiero a eso (a que esté tu nombre o tu biografía) sino a que los poemas existen, alguien los lee, alguien los recuerda, entonces creo que ahí, en ellos, sos poeta para siempre, aunque en un momento nadie recuerde quién los escribió o incluso se pierdan en el tiempo y el universo.
Pero creo que lo que me movilizó tanto al leer tu carta fue que hablabas de la idea de tener una vida real. Hace mucho que me vengo preguntando eso mismo: ¿cuál es la vida falsa y cuál la vida real? Yo también suelo pensar que son dos, cuesta imaginar que sea todo la misma vida: que la persona que a veces trabaja unas cuantas horas adelante de un word que dice algo que no le interesa para nada y la que cambia repentinamente del mal humor absoluto a la ilusión porque se le ocurrió un poema o porque la invitaron a leer a un lugar y tiene que pensar cómo vestirse sean la misma persona. ¿Pero cuál es cual? A veces pienso que la vida de la poesía es sin dudas la verdadera, vos en tu carta decías que no, que te saca tiempo de la vida real. ¿Y si tenemos dos vidas reales? ¿O simplemente muchas vidas, todas falsas?
Este fin de semana terminé de ver Hacks, una serie que indirectamente me recomendaste vos (estabas hablando de ella en un auto una vez que estábamos yendo a leer poesía lejos. Porque ser poeta es un poco eso, subirse a autos donde hay más poetas yendo a leer poesía lejos y que así se pase tu fin de semana, escuchando sus recomendaciones). Supongo que vos ya habrás visto la temporada final pero quienes nos están leyendo tal vez no, así que no spoileo. Pero la cuestión de toda esa serie es que las dos protagonistas, una joven y una vieja, son humoristas. Y ambas parecen tener unas vidas un poco patéticas (no tienen buenos amigos, parece que nunca se divierten fuera de los chistes que escriben, nunca encuentran pareja). Pero están totalmente entregadas a lo que hacen (Débora es humorista y Ava guionista de humor). Y en la última temporada, aunque no se pierde el tono de comedia, eso se vuelve prácticamente una cuestión de vida o muerte. ¿Entonces cómo esa vida creativa va a ser falta, si sin ella no existe la otra?
En cuanto a dedicarle a la poesía el tiempo que nos sobra después de trabajar… Yo siempre insisto en pensarme poeta como un oficio. Eso no significa que lo piense desde la productividad. Pero cuando estamos “siendo poetas” yo creo que también estamos trabajando. A lo mejor la vida falsa es la otra, las ocho o diez o no se cuantas mil horas que le dedicamos a otra cosa. En realidad creo que pienso eso; no porque “la poesía” sea la verdad, pero sí lo que es crear, o compartir con amigxs, o no hacer nada o leer y ver películas… pintar, que últimamente anduve pintando. ¿No es toda esa la vida de verdad, poesía incluída? ¿Por ahí a veces parece vida falsa porque se parece más a un trabajo? Como lo que en tu carta llamabas la parte glamorosa: presentar libros, leer en lugares.
Por otro lado… ¿vos de qué trabajas? Creo que te lo pregunté un par de veces y me respondiste varias cosas o cosas distintas; lo mismo que yo cuando me preguntan. A lo mejor esto de andar tan confundidas acerca de si somos o no somos poetas no es más que otra forma que toma en nuestros cuerpos la precarización, la inestabilidad laboral… Si me preguntás ahora, este mes, en lo que trabajé más horas es en dar talleres de poesía y en editar poemas (ajenos). Entonces estuve realmente trabajando de poeta. Por suerte me pasa cada vez más seguido, pero sí, surge un poco el vértigo: ¿es un sueño, un privilegio, ir poco a poco convirtiendo la literatura e incluso la poesía en un trabajo, o es algo malo, casi un pecado, la estamos lastimando? Creo que es eterno e infinito todo esto, todas estas preguntas. Como nuestra condición de poetas, que no creo que nos abandone ya nunca, ni estando muertas.
Si al final viste la peli que estabas por ver cuando escribiste tu carta (Un poeta) y te dio alguna respuesta, después contame. Yo también la voy a ver pronto, pero estoy esperando el momento porque me dijeron que es muy triste.
Gracias por mandarme una carta tan movilizante; te escribí esta respuesta como poseída y sin pensar ni ver la hora, que es mi forma favorita de escribir, pero que no ocurre tan seguido últimamente.
Te leo y te abrazo,
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