No hace falta que te explique lo preocupado que está hasta el último becario en el mundo de la literatura sobre qué va a pasar con la IA y esto de escribir cuentitos.
Que si no vamos a saber qué está escrito por humanos, que si cuál va a ser el futuro de la literatura cuando una IA puede ganar un concurso, que si nos vamos a extinguir todos irremediablemente.
Y no hay nadie pensando en qué coño es lo que quiere el lector.
Entiéndeme, yo más que nadie estoy en el equipo de los carcas escribidores a mano hasta que nos lleve el apocalipsis artificial.
¡PERO!
El lector es soberano y si resulta que, en algún momento, termina prefiriendo historias escritas por IA, ya sea por volumen, calidad o personalización, pues todos los frikis del «no uso IA en mi proceso creativo» nos tendremos que joder y buscarnos otra forma de enseñarle al mundo lo guays que somos manipulando palabras.
En general sospecho que al público mainstream lo que le mueve, más que cualquier otra cosa, es consumir aquello que puede comentar con otras (muchas) personas mientras toma café de máquina en la oficina.
Así que es probable que este problema se resuelva por sí solo; o sea, que los grandes organismos entretenedores de personas decidan las opciones que tienes para engancharte a tal o cual historia, esté escrita por un humano o por el Bigfoot con chistera.
Lo que es el otro mercado, el mercado de la alta literatura, como siempre, habrá una corrección por parte de las elites académico-literarias que tratará de enseñarle al lector lo que le debe gustar. La academia es demasiado clasista como para correr ningún peligro en este panorama.
Porque si hay quien dice que lo bueno es lo que gusta, para la academia lo bueno es lo que ella dictamina que es bueno. Es un juego que no puede perder.
Y supongo que, sin alinear con unos u otros, quedarán los ronins de la literatura, los renegados, los llaneros solitarios de las letras. Lectores independientes que tuvieron tiempo de desarrollar el suficiente criterio como para tomar sus propias decisiones y elecciones artísticas, ajenas a esos dos titanes.
El futuro de la literatura estará en sus manos, las de los lectores de las tres facciones literarias: masa, élite y llaneros, en diferente proporción, pero seguro que no en las de los escritores.
Si ellos deciden que ha acabado la Edad de los escritores, bien decidido estará.
Y punto.
No hay nada más que hablar al respecto.
Hasta entonces, escribe y calla, si eres escritor, y lee, seas lo que seas, para desarrollar tu propio criterio que te ayude a sobrevivir a la muy próxima manipulación que te viene encima con todo este tema.
Si te interesa todo esto, el otro día tuve una charla con Fran Vañó, en la que, aparte de hablar mucho de mí, mí, ¡MÍ!, hablamos durante bastante tiempo del tema de la IA en la literatura y otras cositas.
Pásate, es un tiempito guay que echarle durante el fin de semana.
¡Besitos volados!

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