No todos los conflictos convierten una relación en tóxica. El psiquiatra Fernando Mora insiste en que una mala época, una discusión puntual o un desencuentro no bastan para definir a alguien de esa manera. Según explica, el problema aparece cuando ciertos comportamientos se repiten de forma constante y terminan dañando la relación con los demás.
Entre los rasgos que menciona están la manipulación, los celos, el victimismo y la necesidad de controlar lo que ocurre alrededor. Mora señala también a quienes tienden a "darle la vuelta a la tortilla", haciendo que la otra persona acabe dudando de su propia percepción o sintiéndose responsable de situaciones que no dependen únicamente de ella.
El psiquiatra recuerda, no obstante, que estas características solo resultan realmente preocupantes cuando se convierten en un patrón permanente. "Que una persona tenga una temporada mala y nos haga pasarlo un poco peor o que tengamos conflictos no significa que esa persona sea tóxica", aclara. Para Mora, la clave está en observar si ese comportamiento se mantiene y deteriora sistemáticamente los vínculos.
Además de analizar cómo actúa la otra persona, el especialista propone prestar atención a cómo nos sentimos dentro de esa relación. Una de las primeras señales de alarma aparece cuando el vínculo consume demasiada energía y deja una sensación continua de agotamiento después de cada encuentro o conversación.
Otra señal importante es sentir que no se puede actuar con naturalidad. Mora pone como ejemplo aquellas relaciones en las que una persona tiene que medir constantemente sus palabras, sus gestos o sus reacciones por miedo a provocar una respuesta negativa. También destaca el rechazo corporal o emocional, como cuando surge de forma repetida la sensación de no querer quedar o compartir tiempo con alguien.
Ante estas situaciones, el psiquiatra recomienda primero identificar el patrón y establecer límites claros. Si la dinámica continúa y sigue perjudicando el bienestar emocional, Mora considera que tomar distancia puede ser la opción más saludable. Su mensaje final es directo: no se trata de etiquetar a cualquiera tras un conflicto, sino de reconocer cuándo una relación mantiene conductas dañinas de forma continuada.
No todos los conflictos convierten una relación en tóxica. El psiquiatra Fernando Mora insiste en que una mala época, una discusión puntual o un desencuentro no bastan para definir a alguien de esa manera. Según explica, el problema aparece cuando ciertos comportamientos se repiten de forma constante y terminan dañando la relación con los demás.

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